28 de noviembre de 2014
Instituto Gestar

El Estado Nacional en la gestión antártica

por Mariano Arnaldo Memolli

Director Nacional del Antártico

 

Consideraciones históricas

La Antártida se considera como una parte integral de la República Argentina, pero pocas veces se toma cabal conciencia de la bicontinentalidad nacional. El Sector Antártico Argentino está ubicado en un continente de aproximadamente 14.000.000 de kilómetros cuadrados y tiene una superficie, entre glaciares y zonas libres de hielos, de 1.400.000 kilómetros cuadrados. La importancia de la península antártica y las islas que la integran es fundamental para la región, no solo por los recursos naturales sino por la oportunidad de incrementar el conocimiento científico y poder determinar el impacto del cambio climático global sobre la zona antártica y sudamericana.

La historia argentina demuestra el genuino interés que siempre se tuvo sobre la Antártida. Desde 1818 se tiene referencia que foqueros que comerciaban desde los puertos nacionales llegaron a las islas Shetland del Sur con licencias otorgadas desde Buenos Aires. Por supuesto que las rutas no estaban muy declaradas a fin de evitar que otros pudieran conocer las zonas de caza y competir en la obtención de pieles de la foca de dos pelos.

Los puertos nacionales se utilizaron como zonas de abastecimiento para expedicionarios que partían hacia la Antártida con fines científicos o comerciales.

Lo cierto es que Otto Nordenskjöld estuvo al mando de una expedición a la Antártida que arribó a Buenos Aires en diciembre de 1901 y se contactó con el gobierno argentino para solicitar ayuda. Como el perito Francisco P. Moreno consideró de interés que un argentino tomara parte en las observaciones meteorológicas, magnéticas y oceanográficas, entre otras actividades que se efectuarían, fue designado el alférez José M. Sobral. El grupo permaneció dos años en la isla Cerro Nevado a causa del hundimiento de la nave que los debía replegar. Ante la falta de información, el gobierno argentino dispuso que la Corbeta Uruguay se alistara para rescatar a los posibles sobrevivientes del Antartic (100el buque noruego). Esta primera acción de búsqueda y rescate de la que se tenga registro en la Antártida tuvo lugar en 1903 y constituye un hecho trascendente pues la Argentina asumió la responsabilidad de rescatar a exploradores en sus aguas jurisdiccionales.

Un año más tarde, el mismo perito Francisco P. Moreno adquirió instrumental para investigaciones del científico escocés William Bruce, y el 22 de febrero de 1904 se izó el pabellón nacional de manera permanente en la base Orcadas, donde en ese momento se estudiaban los fenómenos meteorológicos y geomagnéticos de la zona. Esta primera base significó otro hito en la historia de la Antártida pues contaba con dotación permanente de personal y tenía un uso científico y pacífico, dado que dependía del Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Las políticas posteriores reafirmarán el rumbo correcto que la Argentina diseñó para su Sector Antártico al ser la ciencia la principal actividad desarrollada en él. Este aspecto fue sustentado durante los gobiernos del Gral. Juan Domingo Perón quien comenzó a denominar esos viajes como “expediciones científicas”, dejando así en claro el respeto por la paz, el derecho internacional y su valoración del conocimiento. También por estas razones se creó el Instituto Antártico Argentino, el primero a nivel mundial dedicado a la ciencia antártica. La política y las regulaciones sobre el Sector Antártico las establecía la Comisión Nacional del Antártico, base de la actual Dirección Nacional del Antártico. Allí se diagramaron las estrategias para sostener los derechos de la Argentina en la región frente a las presiones internacionales, en especial las británicas, que manifestaron sus pretendidos reclamos mediante una ocupación ilegal de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.

El Tratado Antártico

Luego del golpe de Estado de 1955 el quehacer científico prosiguió con menor intensidad, hasta que en 1959 se firmó el Tratado Antártico que entró en vigencia dos años más tarde y a partir del cual cambió el paradigma de la administración del continente para evitar que la guerra fría se extendiera hasta él.

Dicho tratado internacional establecía que la Antártida es un continente consagrado a la paz, la investigación científica y la cooperación internacional. Nótese la similitud con los principios políticos que la Argentina fijó para la fundación de la base Orcadas: el apoyo a expediciones internacionales y la no militarización de la zona.

Esta política estratégica del país ha sido relevante en cuanto representa un antecedente para el futuro. La Argentina basa sus derechos en la ocupación civil, permanente, pacífica y con fines científicos mientras que otros reclamantes basan sus pretensiones en ocupaciones militares e ilegales.

Al momento de las negociaciones del Tratado Antártico era necesario resolver algunas cuestiones de peso, como lograr un equilibrio entre los reclamantes de soberanía y los no reclamantes. Entonces se determinó en el artículo IV que ninguna de sus disposiciones se interpretaría como renuncia a los derechos de soberanía que se hubieran hecho valer con anterioridad, como también que ninguna acción que se realizara mientras el Tratado se encontraba en vigencia sería válido para hacer reclamos de soberanía o sustentar los existentes con antelación a su entrada en vigencia.

Por otra parte, en el artículo VII se expresaba que debían informarse las actividades que cada país haría en la Antártida. De este modo se implementó una gestión de “puertas abiertas” de las instalaciones nacionales, buques y aeronaves dentro del área del Tratado Antártico.

Un anexo central fue el Protocolo de Protección Ambiental, también conocido como Protocolo de Madrid, que fijó los lineamientos para la conservación del ambiente antártico para que cada tarea contara con una evaluación de impacto ambiental por parte de la autoridad competente.

La normativa y este conjunto de medidas generó una mayor complejidad en la forma en que cada parte consultiva del Tratado Antártico lleva adelante las campañas antárticas. La República Argentina tiene la mayor cantidad de bases del mundo, de las cuales seis son permanentes y siete de ocupación temporal. Se planificó para el futuro que la base Petrel pasará a ser permanente.

La intensa faena logística que supone el aprovisionamiento de todas y cada una de las bases, más la labor científica en toda el área del Tratado Antártico y de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marítimos Antárticos implican una dedicación exclusiva y profesional para garantizar el cumplimiento de todas las normas a las que el país adhirió voluntariamente.

El anexo al Tratado Antártico de Protección Ambiental, adoptado por la Ley 24.216, dicta la obligatoriedad del cumplimiento de todas las pautas de protección, como la estimación del impacto ambiental de cada emprendimiento que se programe desde la Argentina, el retiro de la basura propia de las bases antárticas y el intercambio de información de la conservación del ambiente antártico luego de cada labor.

De esta forma muy resumida se pone de manifiesto no solo la importancia del cumplimiento de esta ley sino la atención que le ha brindado el Estado nacional, pues desde la Dirección Nacional del Antártico todos los años se notifica a las partes consultivas del Tratado Antártico mediante la secretaría permanente del Tratado Antártico que tiene su sede en Buenos Aires.

Política nacional

La investigación científica continúa siendo el principal eje de una política nacional de más de cien años. El modo de trabajo en el continente antártico se rige por el sistema de medidas y regulaciones establecidas por el Tratado Antártico y sus anexos, que fueron aprobadas y adoptadas en diferentes leyes por el gobierno argentino.

El Estado nacional es el garante del cumplimiento de las leyes y normativas que aseguren el correcto desempeño de las actividades planificadas para una campaña antártica. En esto se basa el Plan Anual Antártico, que es la herramienta legal. Este comienza con la consideración de las labores científicas que desarrollará el Instituto Antártico Argentino en cooperación con otras instituciones nacionales e internacionales. Una vez estimado su contenido científico, logístico, presupuestario y político, se calcula el impacto ambiental a fin de aceptar las propuestas definitivamente. El aspecto cultural aprobado por el Ejecutivo conlleva el mismo proceso que las investigaciones científicas: selección, evaluación y análisis de factibilidad logística.

En este sistema cada institución tiene su rol específico. Así, el Instituto Antártico Argentino resuelve los lineamientos científicos, por ejemplo, la selección de proyectos para los cuales el Estado destinará los fondos se hará de acuerdo a lo pautado por la política nacional antártica. No existe restricción en la participación de otras instituciones científicas que quieran elevar propuestas para el análisis y factibilidad de cada proyecto. El análisis de factibilidad ambiental, presupuestario y técnico se realiza en la Dirección Nacional del Antártico para luego ser enviado al Comando Operacional de las Fuerzas Armadas, que presentará el Plan Operativo de apoyo al trabajo científico mediante el esfuerzo logístico de medios de transporte y personal necesario.

Este conjunto de normas y procedimientos ha significado que se cumplimenten todas las exigencias nacionales e internacionales para sostener la actividad de la Argentina en la Antártida a lo largo de su historia, adaptándose a los cambios coyunturales pero manteniendo los preceptos de una de las más longevas políticas de Estado.

El contar con una política de mayor presencia científica en el Atlántico Sur por parte el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva es un logro muy valioso para consolidar una estrategia científica de soberanía del conocimiento como herramienta básica para las decisiones que deba afrontar el Poder Ejecutivo en el futuro. La ausencia de una política científica para el Atlántico Sur significó un vacío de datos que podían obtenerse en terceros países que estudiaron las áreas de vacancia no ocupadas por las instituciones nacionales, con excepción de investigaciones costeras o campañas aisladas del Instituto Antártico Argentino y del INIDEP, entre otras instituciones.

La recuperación de esta política permitirá en el futuro entender los cambios climáticos y la influencia en los ecosistemas marinos, con el impacto que suponen en la matriz alimentaria mundial en momentos de depredación pesquera de especies marinas.

Dentro de nuestra investigación científica, la Antártida constituyó una base para la implementación de decisiones centrales en la política nacional. El aporte al conocimiento científico de los registros meteorológicos permanentes de la base Orcadas que data de 1904. Este configura el registro más antiguo para evaluar el cambio climático en la Antártida, al que luego siguieron los estudios geomagnéticos. Hoy se efectúan allí numerosos trabajos en ramas trascendentes de la ciencia que permiten acercarse más al real impacto que tiene el calentamiento en el hemisferio sur, ya que si bien varios países pretenden vincular las emisiones de las bases antárticas con el calentamiento, es real que la totalidad de emisiones de CO2 de las bases no suma el total de emisiones de una fábrica transnacional del hemisferio norte, donde se produce la mayor cantidad de emisiones que luego se distribuyen por el resto de la atmósfera.

Existen trabajos que mencionan el impacto de la huella humana causado por la logística y el quehacer científico como hecho contraproducente. Lo cierto es que los primeros cálculos del impacto de las acciones de los diferentes países a la Antártida fueron hechos entre mediados y fines del siglo XX, con un conocimiento escaso sobre políticas ambientales. En 1994 entró en vigencia el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección Ambiental que reguló de manera efectiva las actividades en la Antártida para que hoy exista una gran conciencia ambiental en los responsables de las campañas antárticas. La Argentina trabaja en esa dirección con una estimación sistemática de todo lo que se autoriza desde el Poder Ejecutivo y se publica en el Plan Anual Antártico Científico, Técnico y de Servicios, en el que el cuidado ambiental se encuentra bajo la responsabilidad de todos los actores que administran el conjunto de la actividad antártica.

El Instituto Antártico Argentino recibe investigadores de todo el sistema científico nacional a fin de trabajar respetando las normas de la política nacional antártica, la cual permitió que esos estudiosos accedieran a la Antártida luego de la aprobación de los proyectos. Este formato de producción científica es uno de los más abiertos e integradores, ya que con el presupuesto de la Dirección Nacional del Antártico se brinda apoyo a miembros de universidades, Conicet (100en todos sus institutos y centros) e instituciones científicas del país, además de instituciones no públicas que presenten proyectos relevantes y acepten las pautas de los organismos correspondientes.

La cultura no fue excluida del Programa Antártico Argentino. Se creó un área específica que considera la calidad y pertinencia de los proyectos que se financiarán con recursos del Estado. Producto de este sistema de trabajo es que las exposiciones han recorrido el país y el mundo en diferentes salas y museos. Otra política central fue la de generar trabajo solidario al incorporar en el desarrollo y mantenimiento de instalaciones antárticas a ex alumnos de colegios de educación técnica de zonas de menores recursos económicos. La excelente tarea de técnicos, sumada a la capacitación que otorgan las escuelas de la Fundación Uocra por intermedio del Ministerio de Trabajo, ha redituado un beneficio para las campañas antárticas y para familias de menores ingresos al posibilitarse capacitación, empleo formal y conocimiento del apoyo a la tarea científica. El sistema de trabajo solidario se implementó hace cuatro años y se sostiene en el tiempo. Además, se han incorporado mujeres en igualdad de condiciones que el resto de los participantes. Cuando existen más postulantes que vacantes los mismos compañeros votan para elegir quiénes participarán del proyecto. Puede encontrarse un documental que refleja la primera experiencia en la página web www.dna.gov.ar

En suma, la política nacional antártica debe integrar a varios actores y determinar la mejor forma de llevar a cabo investigaciones de alto nivel en el Sector Antártico. Ello explica la complejidad de la planificación, ejecución y evaluación de las campañas antárticas que tienen lugar ininterrumpidamente desde 1904 para sostener los legítimos derechos de la Argentina en la Antártida y en el Atlántico Sur.

 

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