9 de mayo de 2016
Instituto Gestar

ALGUNOS APORTES PARA LA POLÍTICA EXTERIOR ARGENTINA

por Gonzalo Santamarina – Integrante del área de Relaciones Internacionales de Gestar

 

Según el ex ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Celso Lafer, la política exterior es el arte de conciliar necesidades internas con posibilidades externas. Es el reino del prestigio y la confiabilidad.

 

El diseño de esa política debe partir siempre de una definición clara del interés nacional y de los valores que se pretenden defender y proyectar. Es decir, requiere estar enmarcada en un plan de acción estratégico de largo plazo que integre los objetivos centrales del Estado y a la vez contemple las posibilidades que brindan el escenario regional y el internacional. Necesita ser estructural, sustentable, y debe ser fruto del mayor consenso posible: cuantas más voluntades cooperen en su definición, mayor serán su legitimidad y su efectividad.

 

Otra arista clave es que la política exterior debe sustentarse en un proyecto productivo de desarrollo, que defina los sectores estratégicos, los articule hacia dentro y hacia fuera, y de esa manera colabore en la realización de un país más justo, equitativo y desarrollado. En definitiva, su objetivo es acrecentar la fuerza, la riqueza y el prestigio del país tomando las oportunidades que ofrece el mundo y neutralizando las amenazas.

 

Ahora bien, ¿en qué mundo se desarrolla nuestra política exterior? El mundo actual está signado por la globalización que se ha visto marcada por la difusión de las nuevas tecnologías de la información y la expansión del comercio. Esa globalización ya no es la del “fin de la historia” de la década del 90, ya que con la llamada “emergencia del resto” a principios de este siglo emerge un grupo de países desde Oriente con una renovada autoestima que inicia el proceso de reconfiguración del poder mundial. A decir de Peter Hass, es un mundo que en el tablero militar es unipolar (100Estados Unidos como único polo), en el económico es crecientemente multipolar y en el societal es anárquico. Con la aparición de internet y las redes sociales, las personas y las organizaciones no estatales se ven empoderadas. El dato sociológico clave tiene que ver con tres aspectos principales. El primero, la aparición de una nueva clase media mundial, especialmente en Asia, que transforma la dinámica política y económica del globo. El segundo, un mundo más urbano donde las ciudades empiezan a tener creciente peso geopolítico. El último, el crecimiento poblacional –mil millones de nuevas personas cada trece años–, que presiona sobre la oferta de recursos disponibles y abre las puertas a tensiones geopolíticas derivadas de la falta de algunos de ellos en ciertas zonas del planeta, como el agua, los alimentos y la energía, en un contexto de cambio climático.

 

Con esta breve descripción del mundo, quisiera adentrarme en el análisis de la política exterior de nuestro país haciendo una breve nota sobre su identidad, su posición geopolítica y los valores que ha defendido.

 

 

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¿Cuál es la identidad argentina? Grosso modo, podemos decir que fuimos parte del Imperio español. Culturalmente, dentro de los tres grandes “hermanos” de Occidente –los eslavos ortodoxos, los sajones protestantes y los latinos católicos–, somos parte de los últimos. Tenemos doscientos años de historia independiente y somos un país de inmigración que hace que podamos decir que la nuestra es una nación todavía en formación. Hay dos hechos relevantes que han marcado a fuego la historia reciente de su política exterior y que no pueden ser pasados por alto cuando se la analiza: la derrota de Malvinas en 1982 y el default de 2001. Ambos acontecimientos siguen vigentes en la agenda política debido a que continúan irresueltos.

 

¿Dónde estamos ubicados? En términos geopolíticos, nos ubicamos en el extremo sur de América del Sur. Nuestra región se caracteriza por ser una zona de paz. Tenemos proyección antártica y contamos con mayor superficie marítima que insular. El mar territorial y la zona económica exclusiva podrían ser en algún momento una fuente inimaginable de recursos, hoy no suficientemente aprovechados. No somos un país bioceánico como Canadá, Estados Unidos y México. La presencia ilegal británica en Malvinas, en las islas del Atlántico Sur y en la Antártida hace que limitemos con una potencia extrazona.

 

¿Sobre qué valores se ha venido asentando la política exterior argentina en estos treinta años de democracia? No existe una respuesta unívoca. Los cambios de alianzas promovidas por los diferentes gobiernos han hecho que la continuidad en la defensa de los valores no haya sido el punto fuerte. Se puede destacar la opción por la paz, la defensa del principio de no intervención y el de autodeterminación de los pueblos, la defensa del estado de derecho, la democracia, los derechos humanos y la integración regional.

 

Dicho esto, se podrá hacer el ejercicio de ubicar al país en el concierto de los 229 países que existen a la fecha, de acuerdo con los diferentes tableros de poder: la riqueza, la fuerza y el prestigio. 

 

 

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La Argentina viene experimentando una historia de pérdida de peso relativo. Por ejemplo, mientras que hace un siglo explicaba casi el 50% del PBI de América Latina, hoy sólo representa aproximadamente el 15%. 

 

En términos de prestigio es en el terreno donde menos casilleros retrocedió: su inversión en I+D mermó para ubicarse lejos de lo que invierten las economías desarrolladas (1000,6% versus 1,5% del PBI).

 

Pero vayamos a la actualidad. En términos de riqueza, es la tercera nación más grande de Latinoamérica detrás de Brasil y México, y conserva un rol de peso en la región. Es la economía N° 23 del mundo según PBI (100PPP) y la N° 75 en PBI per cápita. Cuenta con la octava superficie de la Tierra, con sólo 42 millones de habitantes. Ha logrado desendeudarse y bajar sustancialmente la relación deuda externa/PBI. En tiempos en que la energía es el vector decisivo de la geopolítica mundial, el descubrimiento de la segunda reserva de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional del mundo la ubican en una posición estratégica. A su vez, es el mayor productor de alimentos per cápita y cuenta con significativas reservas de agua dulce y minerales, así como con gran potencialidad en el terreno de las energías renovables. Junto con Brasil, comparte la quinta industria automotriz del globo.

 

En su tablero más débil, el militar, ocupa el N° 108 en el ranking de gasto en defensa con un 0,9% del PBI, cuando el promedio regional está en el orden del 1,5%. 

 

Respecto del prestigio, el Índice de Desarrollo Humano que elabora el PNUD lo califica como el segundo país mejor ubicado de América Latina detrás de Chile. Cuenta con la cobertura previsional más alta de la región (10095%). Es uno de los pocos países del mundo que maneja el ciclo nuclear completo, lo que le ha permitido presidir el Grupo de Países Proveedores Nucleares. Asimismo, su industria satelital continúa en permanente expansión y logra altos índices de efectividad. En el campo de la biotecnología, es líder regional y el primer país latinoamericano en clonar un animal.

 

Estos datos nos permiten afirmar que la Argentina es un país intermedio con capacidad de transformarse en una potencia intermedia. Pero para lograrlo será necesario seguir algunos lineamientos que moldeen su política exterior. Para ello, podríamos proponernos:

 

Diversificar sus alianzas de acuerdo con los diferentes tableros de poder, trabajando con todos los polos.

Promover un mundo más multipolar, reforzando todas las instancias multilaterales de decisión. Nuestro país debe privilegiar en todos los foros que en lo posible las decisiones estén orientadas por reglas y no por lógicas de poder.

 

Profundizar la integración en el espacio sudamericano, el latinoamericano y el americano. El nombre de la soberanía política y la independencia económica en el siglo XXI es la integración no sólo comercial y económica sino también física, comunicacional, educativa y cultural. Una mayor integración redundará en un mayor grado de autonomía, a la vez que brindará la escala necesaria para negociar satisfactoriamente con los grandes bloques y con un efecto disuasivo valorable en materia de defensa. 

 

Sostener los valores de la defensa de la paz, la democracia, los derechos humanos, el principio de no intervención y de autodeterminación de los pueblos.

 

Consolidar un proyecto estratégico que le permita duplicar su PBI en veinticinco años con un objetivo de crecimiento sostenido en el orden del 4,5% promedio. 

 

Transformar el país en una potencia alimentaria, energética, turística, medioambiental, minera, biotecnológica, nucear y satelital. Para ello el complejo científico tecnológico y el educativo serán claves para apuntalar este esfuerzo. Se trata de articular todos los sectores hacia adentro y hacia afuera a través del fomento de encadenamientos productivos y de la construcción de cadenas de valor que nos permitan ganar los mercados más exigentes del mundo con empresas y productos competitivos de alta calidad.

 

Potenciar la matriz industrial rediseñada a través de la definición de sectores estratégicos, privilegiando su potencial competitivo, su capacidad de generar empleos de calidad y favoreciendo una articulación inteligente.

 

Incorporar las metas de inclusión y desarrollo sustentable en todas las políticas aplicadas, garantizando un crecimiento equilibrado y justo para todas las regiones y todos los habitantes de nuestro país.

 

Defender nuestra soberanía en todos los puntos del territorio exigiendo, en el caso de Malvinas y las islas del Atlántico Sur, el cumplimiento de las resoluciones 1.514 y 2.065 de Naciones Unidas, de forma de liberar nuestro extremo sur de la presencia de un enclave colonial. Asimismo, fortalecer las agencias destinadas a combatir y neutralizar el narcotráfico y el terrorismo transnacional.

 

A modo de cierre, considero que contamos con todos los elementos necesarios para hacer realidad esta visión. Estará en las manos de una diplomacia profesionalizada e imbuida de los intereses nacionales de largo plazo que defina la política, el camino para que nuestro país ocupe el lugar de peso que tiene en la región y en el mundo

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