28 de noviembre de 2014
Instituto Gestar

América Latina sigue apostando por los gobiernos nacional populares: análisis de las elecciones en Brasil, Bolivia y Uruguay

Tres países de América Latina celebraron elecciones en este mes de octubre. En las tres se enfrentaron candidatos con propuestas de gobierno marcadamente diferentes. Brasil, Uruguay y Bolivia se jugaban la continuidad de las políticas de inclusión social, intervención del Estado en la economía e integración regional frente al cambio por políticas más ortodoxas en lo económico, apertura comercial y rediscusión de los esquemas de integración regional. En el caso de Brasil la segunda vuelta se definió muy peleada, en Uruguay el Frente Amplio no llegó a triunfar en primera vuelta, y Evo Morales sí pudo ganar cómodamente para lo que será su tercer mandato en Bolivia.

 

por Cecilia Pon* y Gonzalo Santamarina**

 

Elecciones en Brasil

El PT tiene nuevamente la responsabilidad de sacar a Brasil del estancamiento

El 51,4% de los brasileros –en la elección más reñida de la historia democrática del Brasil− apostaron por la continuidad del PT en el poder extendiendo su mandato por cuatro años más y dándole la posibilidad de gobernar el país por dieciséis años. En el medio de una coyuntura difícil, con un país que crecerá menos de un punto este año y con una inflación que asoma por arriba de la meta autoimpuesta del 6,5%, un poco más de la mitad de los votantes dieron otra oportunidad a Dilma y a su partido de sacarlos de la crisis ocurrida por diversas razones externas e internas.

En las regiones más pobres del país, en el norte y nordeste, donde el estado brasileño incrementó su presencia gracias a las políticas iniciadas por Lula y proseguidas por Dilma, la candidata del PT superó en el balotaje por más del 70% al candidato del PSDB. El programa más conocido en estas regiones es el llamado “Bolsa Familia”, que consiste en una transferencia de renta directa hacia las personas más humildes. En las ciudades del centro y sur con sociedades de clase media urbana, Aecio superó a Dilma por un porcentaje cercano al 60%.

El resultado de la elección deja al gobierno con un congreso más fragmentado que antes y con 15 estados de los 27 en manos de la oposición. En la Cámara de Diputados, el PT perdió 18 bancas y quedó así como mayor bancada con 70, mientras que su aliado PMD perdió 5 y logró retener 66. El PSDB recuperó el tercer lugar con 54 diputados y el PSB de Marina Silva tendrá 34. De los 514 diputados, Dilma y aliados suman 304; Aecio y Marina, 181; mientras que 29 no se inclinan por ninguno. Por ende, con este mapa de poder, el PT deberá trabajar junto con sus aliados para seguir llevando adelante las reformas pendientes.

Dilma escuchó el resultado reñido de las urnas: pidió por un Brasil unido, convocó al diálogo a todos los ciudadanos y a todos los sectores y se comprometió a luchar con más fuerza contra la corrupción. La victoria ajustada es, por un lado, un llamado de atención de los centros urbanos y de la nueva clase media que reclama mejores servicios sociales, especialmente educación y salud, control de la inflación y de la corrupción. Por otro lado, representa un voto de confianza de las clases más postergadas que reconocen los logros sociales y económicos de los gobiernos del PT. Para dar un ejemplo, los niveles de empleo en el Brasil son de los más altos en las últimas décadas.

Sin embargo, los desafíos económicos en el horizonte son de magnitud. La baja de los precios de los commodities viene resintiendo el dinamismo de la economía sumado a un tipo de cambio sobrevaluado que le quita competitividad a los sectores exportadores, favoreciendo la importación desde países asiáticos y una inflación que se siente cada vez más sobre todo en los sectores medios. Todos estos elementos configuran un escenario por demás complejo que pondrá a prueba la capacidad política del PT para sortear otra crisis como lo hizo satisfactoriamente en 2009.

Respecto de la relación bilateral, debido a las razones geopolíticas que nos unen y que se plasman en proyectos como el Mercosur y la Unasur,  la victoria de Dilma debería brindar un nuevo impulso para que ambas naciones puedan sortear solidariamente los desafíos que impone un mundo cada vez más competitivo, capitalizando las oportunidades que ofrece en términos de una demanda creciente de los recursos que tenemos. En el siglo XXI, el camino para lograr la independencia económica es la integración con los países de la región, en particular con nuestro socio principal, Brasil. La potenciación de acuerdos, tanto en el sector industrial como en el sector agropecuario, que generen cada vez más cadenas de valor mixtas debería ser la base para otro salto de calidad en la relación bilateral.

En definitiva, el ideario de Lula y Dilma de un Brasil más justo tiene una nueva oportunidad para afianzarse en los cuatro años venideros. No parecen ser años fáciles, pero el PT cuenta con su experiencia de gestión durante los últimos doce años para demostrar que puede seguir construyendo un futuro de inclusión para todo el pueblo brasileño.

 

Elecciones en Bolivia

Los desafíos del desarrollo en un país plurinacional

Evo Morales ha liderado a través de sus dos mandatos en el gobierno de Bolivia un rediseño del pacto social del Estado boliviano al incorporar a los sectores indígenas a la política del país, inicialmente como sustento y apoyo a su liderazgo como primer presidente indígena en un país cuya población está compuesta mayoritariamente por ciudadanos pertenecientes a pueblos originarios. Luego, institucionalizando a Bolivia como Estado plurinacional y reconociendo el estatus de las comunidades con su propia organización y valores a través de la reforma constitucional de 2009 que dio lugar a la nueva Constitución Política del Estado.

La transformación de la fisonomía del poder político ha estado acompañada de un proceso material de sostenido crecimiento económico (100promedio de crecimiento de 5% anual, aumento de reservas, aumento del consumo interno), iniciado a partir de la nacionalización de los recursos hidrocarburíferos y la renegociación de los contratos de exploración y explotación de recientes recursos mineros. La multiplicación de los ingresos del Estado permitió que estos se volcaran al aumento del bienestar de los sectores más postergados, lo cual produjo un notable descenso de los índices de pobreza y la erradicación del analfabetismo.

Estas elecciones estuvieron marcadas por características que ya venían ocurriendo desde la elección anterior en 2009: el MAS como partido hegemónico dentro del sistema político boliviano y una oposición fragmentada que no consigue aglutinarse en una propuesta de cambio que seduzca a la mayoría. Los partidos que se enfrentaron fueron cinco: el partido de gobierno MAS (100Movimiento al Socialismo), Unidad Demócrata (100UD), Partido Demócrata Cristiano (100PDC), Partido Verde de Bolivia (100PVB) y el Movimiento Sin Miedo (100MSM). El frente Unidad Demócrata (100alianza entre el candidato presidencial y empresario Samuel Doria Medina y el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas) salió en segundo lugar por amplio margen pues solo obtuvo el 24,2% de los votos, mientras que el resto de los partidos tuvo menos del 10%.

El mayor caudal de votos del MAS provino del tradicional núcleo de apoyo, los departamentos de La Paz (100que concentra casi el 30% del electorado), Cochabamba (100la tierra de Evo como dirigente cocalero), Potosí, Oruro y Chuquisaca. En el resto, la llamada Media Luna, a excepción de Beni, ganó en todos los departamentos, incluso en Santa Cruz por primera vez, aunque con un esperable porcentaje menor. En promedio, en la Media Luna sacó un 48,5% frente a un 67% del resto de los departamentos.

Dado que el triunfo estaba garantizado, para el MAS el desafío electoral principal fue el de conservar los dos tercios en la Asamblea Plurinacional. En estas elecciones fueron elegidos 166 legisladores, 130 diputados y 36 senadores, es decir, se renovó la totalidad de las bancas del cuerpo legislativo que cumplirán un mandato de cinco años, de 2015 a 2020. De los legisladores electos, 88 diputados y 25 senadores pertenecen al MAS. Unidad Demócrata se quedó con 32 diputados y 9 senadores y el Partido Demócrata Cristiano con 10 diputados y 2 senadores.

En comparación con la composición anterior, el MAS perdió un solo senador y conserva cómodamente los dos tercios, mientras que en la Cámara de Diputados el número de diputados continúa igual (10088), solo que hubo un desplazamiento de los distritos de proveniencia: en la Paz y Pando se perdieron escaños y en compensación se ganaron en Santa Cruz, Potosí, Chuquisaca, Oruro y Beni. Solo en Cochabamba y Tarija se mantuvieron los números.

Un dato llamativo es que solamente 15 de los 166 legisladores fueron reelegidos, el resto asume su banca por primera vez. Esto significa que hubo un alto recambio político. Además, es de destacar que las mujeres llegaron al 48% de representación política porque la legislación electoral de Bolivia obliga a colocar en las listas un hombre y una mujer alternadamente.

Cabe recordar que en 2008 los departamentos de la Media Luna se movilizaron en contra del gobierno central y en favor de la autonomía, uno de los conflictos más importantes que ha debido atravesar el gobierno de Evo Morales con epicentro en Santa Cruz, la zona más rica de Bolivia. El modelo económico del gobierno, el crecimiento económico y una estrategia de acercamiento y de plan de obras supo ganarse el apoyo de parte del empresariado cruceño y de su población, lo cual se vio reflejado en los resultados de la elección.

Por último, otro aspecto a destacar de estas elecciones es que Evo Morales apostó en esta campaña por las demandas de las jóvenes generaciones, dejando un poco de lado las tradicionales reivindicaciones étnico-culturales de los primeros tiempos de su gobierno. Su plan de gobierno está asentado en la defensa de la estabilidad, el desarrollo económico y el salto tecnológico, como lo muestran sus proyectos de desarrollo científico, el anunciado programa de becas a universidades y el plan de construcción de hospitales de alta tecnología. El cambio que Bolivia ha experimentado hasta el momento y los resultados de las últimas elecciones auguran otro lustro de continuidad por ese sendero.

 

 

Elecciones en Uruguay

La segunda vuelta terminará de definir el rumbo

Al igual que en Bolivia y Brasil, el Frente Amplio en Uruguay se encamina a su tercer mandato consecutivo si logra triunfar en el balotaje del 30 de noviembre de 2014. En estas elecciones, además de la fórmula presidencial, se celebraban elecciones parlamentarias en las que se renovaban por completo ambas cámaras del Congreso, 99 diputados y 30 senadores.

En la primera vuelta el candidato oficialista no pudo alcanzar el 50% necesario para ganar la presidencia por pocos puntos: obtuvo el 47%. Si bien se enfrentaron siete candidatos a la presidencia, el mayor porcentaje de votos estuvo concentrado en los dos candidatos principales: el ex presidente Tabaré Vázquez por el Frente Amplio y por el Partido Nacional Luis Lacalle Pou, hijo del ex presidente Lacalle Herrera (1001990-1995), responsable de las reformas neoliberales de los 90. En tercer lugar quedó el candidato del tradicional Partido Colorado, Pedro Bordaberry. A su vez, Pepe Mujica encabezó la lista de senadores del Frente Amplio.

Los resultados en primera vuelta le garantizaron al Frente Amplio la mayoría absoluta en las dos cámaras, con un buen desempeño electoral en la mayor parte del país: triunfó en 14 de los 19 departamentos, 3 más que en 2009. En Diputados, el Frente Amplio se queda con una representación de 50 diputados, el Partido Nacional con 32, el Partido Colorado con 13, el Partido Independiente contará con un bloque de 3 representantes y el Partido Asamblea Popular ingresará por primera vez al Parlamento con una banca. En el Senado, el bloque del Frente Amplio quedará conformado por 15 senadores, 10 para el Partido Nacional y el resto para el Partido Colorado.

Asimismo, se llevó a cabo en conjunto con la elección general un plebiscito para modificar un artículo de la Constitución Nacional y permitir la baja de la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años. Esto último constituyó uno de los temas centrales de debate en la campaña electoral y las encuestas arrojaban un resultado peleado entre el Sí y el No a la baja. Finalmente, el resultado fue negativo para la enmienda constitucional lo cual significó otro triunfo para el oficialismo.

En 2004, el Frente Amplio ganó las elecciones presidenciales por primera vez en la historia del partido (100creado en 1971) y heredó un país golpeado por las políticas neoliberales que habían dejado un gran desempleo y los índices de pobreza más altos de la historia. Los diez años de gobierno del Frente Amplio introdujeron grandes avances en materia de inclusión social, salud, aumento de la inversión extranjera y reducción del desempleo y la pobreza (100bajó de casi 40% a 11% en la actualidad).

El gobierno de Mujica sostuvo las políticas de su antecesor y llevó adelante una agenda más progresista que dio como resultado políticas como la despenalización del aborto, la legalización del cultivo y consumo de marihuana y el impulso a la ley de matrimonio igualitario; al tiempo que profundizó las políticas de inclusión y de avance de la democracia y en términos de política exterior mejoró la relación con los vecinos y le dio un marcado tono latinoamericanista.

En esta campaña gran parte del debate estuvo centrado en los programas y políticas pensados para combatir la inseguridad. El candidato Lacalle Pou articuló su discurso de campaña en términos muy similares a los discursos de los sectores de derecha liberales de la región: destacó su predisposición al diálogo y la no confrontación, hizo hincapié en el combate a la inseguridad, se describió a sí mismo como parte de la nueva política, y en sus propuestas evitó cuestionar o criticar los programas de inclusión social de los gobiernos anteriores pero a la vez, contradictoriamente, formuló la necesidad de reducir el peso del Estado y el volumen del gasto público en políticas de “asistencialismo”.

Por su parte, Tabaré Vázquez propuso seguir en el sendero de modelo de crecimiento con inclusión social, redistribución del ingreso, ampliación de derechos, salud y educación y, con respecto a la región, planteó el mantenimiento de los lazos regionales. Referido a esto último, uno de los grandes interrogantes es si Uruguay proseguirá fomentando el acercamiento a la Alianza del Pacífico (100o a otros bloques o países extrarregionales), o si seguirá apostando a resolver las dificultades que, como economía menor, se le presentan dentro del Mercosur.

Al cierre de la edición de este número de la Revista resta saber cuál de los dos modelos triunfará finalmente luego del 30 de noviembre. En el caso de que el ganador sea Tabaré Vázquez contará con un Parlamento afín que le permitirá llevar a cabo su programa de gobierno con mayor facilidad, mientras que la coalición de centro-derecha verá dificultada su gestión con un Parlamento dominado por el Frente Amplio.

* Coordinadora del Área de Relaciones Internacionales de Gestar.

** Integrante del Área de Relaciones Internacionales de Gestar.

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