16 de junio de 2012
Instituto Gestar

Ante la barbarie, democracia con memoria, verdad y justicia

Este verdadero acto de terrorismo de estado cometido por oficiales de las fuerzas armadas, fue instigado por un trípode de poder conformado por una minoría poderosa en recursos económicos agropecuarios exportables, que rechazaba el proceso de industrialización sustitutivo de importaciones y de distribución de la riqueza que desarrollaba con éxito el gobierno en beneficio de los trabajadores. También por dirigentes políticos opositores frustrados por perder siempre las elecciones, y sectores eclesiásticos enemistados con el gobierno porque había habilitado el divorcio y suprimido la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.  Este hecho nos dejó como lamentable e irreparable saldo la muerte de 308 personas y más de 800 heridos, todos ciudadanos inocentes que transitaban inermes por los lugares atacados.

El intento frustrado de asesinar a Perón fue el primer paso de un golpe de estado programado que fracasó, pero que se concretó finalmente el 16 de setiembre de ese año. Ese asalto violento al poder constitucional perpetrado hace 57 años por una minoría poderosa en recursos, profundamente resentida, exaltada y portadora de pensamientos criminales, porque no soportaba resignarse a ser la oposición constitucional en una Argentina gobernada por las mayorías populares, no fue un hecho aislado en la historia argentina.

Su antecedente fue el 6 de setiembre de 1930, cuando fue destituido el presidente radical Hipólito Irigoyen elegido por más del 60 por ciento de los votos; y su corolario el 24 de marzo de 1976 cuando fue desplazado el gobierno constitucional peronista que, después de 18 años de proscripción, había sido nuevamente consagrado el 11 de marzo de 1973 por el 50 por ciento de los votos en la figura de Héctor Cámpora, y ratificado en su legitimidad el 23 de setiembre inmediato por más del 60 por ciento en la figura de Perón.

Cabe recordar que esta última usurpación del poder constitucional perpetrada por las minorías fue acompañada por el uso sistemático del terrorismo de estado: la plasmación de un pensamiento criminal destinado a neutralizar a sangre y fuego cualquier resistencia popular a la dictadura,  lo que dejó el lamentable e irreparable saldo de 30.000 militantes desaparecidos y un modelo neoliberal de subdesarrollo instalado estructuralmente, prolongado tras el regreso a la democracia en 1983 hasta su explosión en el 2001.

Los gobiernos de los presidentes Néstor y Cristina Kirchner se enfrentan a este problema: Gobiernos consagrados por amplias mayorías populares, son acusados de “autoritarios” por esa minoría, pese a que nunca en nuestra historia nacional las instituciones constitucionales democráticas han estado tan vigentes en su división de poderes, libertad de competencia electoral transparente, de manifestación pública, de expresión y de ejercicio de los derechos humanos.

Las minorías económicas poderosas en recursos son portadoras en la Argentina de una conciencia política de matriz liberal conservadora que no cree en la democracia ni está dispuesta a sostenerla, si el funcionamiento libre de sus instituciones no le permite ganar la presidencia para imponer desde allí su modelo neoliberal de subdesarrollo.

Por ello se resienten, se exaltan, se sienten subjetivamente oprimidas y le emergen pensamientos criminales y violentos para la solución de los problemas políticos. Comprueban que las mayorías populares portadoras de una conciencia política nacional y popular asumen la presidencia y de desde allí tienen éxito en construir y estabilizar en el tiempo el modelo nacional y popular de desarrollo; que ellos rechazan por convicción ideológica, cultural y emocional, aunque en términos económicos y sociales también los incluya y beneficie, porque a esas minorías con cualquiera de los dos modelos les va bien económicamente.

Por ello, al momento de recordar y condenar la barbarie del 16 de junio de 1955, redoblemos el esfuerzo de construir y sostener en el tiempo un modelo nacional y popular de desarrollo, en el marco del funcionamiento pleno de las instituciones de una democracia que viene ejercitando la memoria, buscando la verdad, practicando la justicia y garantizando el goce de los derechos humanos en beneficio de todos los argentinos.

Mario Bertellotti

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