22 de diciembre de 2016
Instituto Gestar

Campaña triguera: ¿el primer test de la política agropecuaria macrista?

Según datos del Ministerio de Agroindustria se estima que la siembra de trigo para la campaña 2016/17 ha cubierto unas 5,26 millones de hectáreas, esto es un 20% más que la campaña anterior (1002015/16) con un rinde esperado promedio de 3 toneladas por hectárea, de acuerdo con las estimaciones privadas (100dado que el MINAGRO recién está comenzando con el operativo de estimación de trigo que culminará bien entrado el año 2017) y un volumen de producción probable en torno a las 14,5 millones de toneladas (100+25% respecto de la campaña anterior cuya producción fue estimada por el mismo Ministerio en 11,6 millones de toneladas). La evolución del cultivo permite prever que en términos generales se llegará a cosecha con buenos rindes en la zona núcleo, a pesar de las lluvias que complicaron a implantación, el ataque particularmente intenso de enfermedades fúngicas y una sorpresiva helada tardía en la segunda quincena de noviembre que obligó a enrollar algunos lotes que quedaron muy dañados. Sobre el final de la campaña una sequía particularmente intensa en la etapa de llenado de granos puede requerir un ajuste a la baja en las estimaciones de cosecha debido a un peso hectolítrico menor al esperado, pero al mismo tiempo, como dato positivo, garantizará un buen contenido proteico redundando en una mejor calidad de los granos.

Si bien a primera vista estos datos aparecen como uno de los primeros logros de la administración macrista y su política de reprimarización de las exportaciones de origen agropecuario, no debe escaparse del análisis que la campaña pasada transcurrió en pleno proceso electoral y una corrida contra el peso que pretendía forzar al gobierno a una devaluación de la moneda cercana al 50%, situación que desalentaba la inversión en un rubro hiper regulado como era en ese momento el mercado de trigo, pero que a la vez dejaba al arbitrio de la demanda, ya sea industria o exportación, la suerte de los productores pequeños y medianos, sobre quienes recaían todo el recorte del precio.

Finalmente la devaluación llegó de manos del nuevo gobierno, las retenciones ya son pasado, pero la superficie implantada con trigo apenas alcanza el mismo valor obtenido para la campaña 2014/15 siendo la producción proyectada muy cercana a la de esa temporada. En todo caso una cifra bastante lejana a las casi 16 millones de toneladas de 2010/11.

Reflejando la gran oferta mundial de trigo los precios internacionales presentan para esta cosecha los niveles más bajos de la última década, a pesar de un crecimiento importante del consumo mundial, estimado por el Consejo Internacional de Cereales (100CIC) en 736 millones de toneladas (100+2% respecto de la cosecha 2015/16 y +5% versus la campaña 2013/14).

La realidad es que las reservas mundiales de cereales superarán por primera vez en la historia las 500 millones de toneladas de las cuales casi la mitad (100235 millones de toneladas corresponderán al trigo). Esto significa que las reservas del trigo aumentarán cerca de un 6% respecto de la temporada pasada y representarán un 23% de incremento con relación a la campaña 2013/14). De acuerdo con las previsiones internacionales, no se esperan grandes cambios en superficie y producción de trigo para 2017/18, por lo que los precios internacionales se mantendrían en caída o por lo menos estables en niveles bajos.

Así, el subíndice de precios de trigo del CIC se ubica en noviembre de 2016 en 157 (100un 8,8% menos que hace un año), un atraso del 18% con respecto al Indice[1] General de Precios de Granos y Oleaginosas de la misma institución (100191 para el mismo mes).

Similar comportamiento encontramos analizando los mercados de referencia para el cultivo en Argentina: el precio del trigo FOB Golfo cayó desde 213 u$s/t a comienzos de diciembre de 2015 hasta los 183 u$s/t el 5 de diciembre de 2016, es decir un 14% menos; el mercado de Kansas muestra una caída similar desde 170 u$s/t hace un año a 143 u$s/t en diciembre 2016; el precio FOB puertos argentinos informado por el ministerio de Agroindustria expresa la misma situación con una caída del 12% en el año (100176 u$s/t para diciembre 2016).

Cuando analizamos los precios internos del trigo pan destino a exportación observamos una suba en pesos producto obviamente de la devaluación pero que se encuentra lejos de compensar la pérdida de poder adquisitivo producto de la gigantesca inflación registrada a lo largo de este año. En este caso, del precio interno, se modifica el análisis de acuerdo al momento de la comparación, por la fuerte influencia de las medidas económicas anunciadas por la fuerza política triunfante en el balotaje de noviembre de 2015. Así, antes del 22 de noviembre teníamos precios cercanos a los 1.150 $/t; entre las elecciones y el cambio de gobierno el precio del trigo se ubica en torno a los 1.500 $/t y con la nueva administración observamos valores superiores a 1.800 $/t.

La realidad es que, al comparar los magros 2.200 $/t ofrecidos en estos días por la exportación con los 1.800 $/t de la segunda quincena del diciembre anterior, cuando los pasamos el tamiz de un 45% de inflación registrada este 2016, representa en moneda constante una merma del 14%, reflejando la caída registrada en el precio internacional. 

Expresado en dólares el ingreso neto por tonelada, libre de gastos, resulta cercano a 120 u$s/t. Con costos de implantación estimados en 340 u$s/ha y gastos de estructura de 140 u$s/ha tenemos un rinde de indiferencia (100sin ganancia) de 40 qq/ha. Esta ecuación limitaría el negocio del trigo a los mejores campos de la zona núcleo y explicaría en parte la tibia reacción de los productores en lo que respecta al trigo a pesar de las medidas “pro campo” implementadas por la Alianza Cambiemos.

Ahora bien, podemos pensar que una economía regida por el mercado asigna los recursos satisfactoriamente, es decir, “si no hay lugar para el trigo, pues que no lo haya y se acabó”; esto es así en la República Argentina? ¿qué pasa cuando incluimos los valores ambientales en nuestro análisis?. Recurriendo a trabajos realizados por el INTA encontramos que el trigo es uno de los cultivos que más protege el recurso suelo. Un trabajo del Ing. Ghida Daza del año 2014 valoriza la pérdida de nutrientes en distintos cultivos, encontrando que el valor monetario de los nutrientes consumidos por una hectárea de maíz quintuplica el valor perdido por una hectárea de trigo; llegando a ser ocho veces mayor cuando comparamos soja versus trigo.

Algo similar ocurre con el balance de carbono, que demuestra que el trigo incluido en una rotación de doble cultivo (100trigo/soja) es más eficiente que el maíz o la soja de primera. Lo mismo sucede con el consumo de agua. En nuestro caso buscamos un mayor consumo de agua para evitar anegamientos en los campos productivos, muchos de los cuales se encuentran afectados por años de monocultivo de soja que han provocado una saturación de las napas freáticas.

Ante esta realidad cabe preguntarse: ¿estamos condenados a seguir los vaivenes del mercado internacional de commodities? ¿o podremos experimentar por otro camino? Sin plantear un retorno a políticas de intervención que demostraron ser erróneas y a la vez contraproducentes se puede soñar con un sendero virtuoso de crecimiento sectorial; entendiendo que los pequeños y medianos chacareros, sin duda alguna, actores del campo popular a quienes debemos sumar a nuestro proyecto de desarrollo nacional e incorporando al empresariado nacional que se encuentra en la punta del desarrollo tecnológico en lo que se refiere a industria alimenticia en general y a molinería,  pastas y panificados en particular.

En primer lugar se debe trabajar con la industria semillera y de la genética para desarrollar trigos de calidad con mayores rendimientos; orientar la investigación biotecnológica para incorporar resistencia a la sequía;  tolerancia a enfermedades fúngicas; resistencia a herbicidas; incluso lograr trigos libres de gluten (100ya desarrollados en Europa). Fomentar el agregado de valor en torno a la provisión de semillas, por ejemplo: pelletización con incorporación de protecciones y nutrientes que optimicen el uso de la semilla por parte del agricultor, servicios esenciales para poder desarrollar un mercado próspero en especies autógamas.

Luego incorporar la obligatoriedad el análisis de calidad en el grano, iniciativa que intentó llevar adelante la Secretaría de Agricultura en 2015, mediante una serie de resoluciones que no pudieron terminar de implementarse y que hoy felizmente es levantada por la Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (100que en su momento apoyó fervientemente esta política). En la presente campaña (1002016/17) la Cámara Arbitral ofrece un análisis básico gratuito para los productores bonaerenses de trigo con la esperanza de brindarles una herramienta que les permita defender el precio cuando las partidas así lo ameriten, buscando asimismo despertar el interés en análisis más completos para los lotes diferenciales.

Esta política debería completarse con el desarrollo de un mercado de trigo segregado por calidad con reconocimiento en el precio al productor y la búsqueda de nichos de mercados de trigo de calidad en el ámbito internacional.

Finalmente, el círculo se cierra con la industrialización, el desarrollo de una poderosa industria molinera que podría generar 200 mil puestos de trabajo y un valor agregado por 120 mil millones de pesos adicionales y se continua aguas abajo con la panificados, galletitas y pastas sobre, con un efecto multiplicador de 3 en valor agregado y de 2,5 en generación de empleo, de acuerdo con expresiones recientes del presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera (100FAIM). Un capítulo aparte merece el trigo candeal y la industria fideera, rubro en el que ineludiblemente estamos llamados a abastecer a la región, por condiciones naturales de clima y suelos, por nuestras características culturales (100con más de 55% de la población descendiente de italianos) y por la capacidad de nuestra industria alimenticia. 

El crecimiento y consolidación de las industrias molinera y alimenticia como sectores de exportación será los que nos permitan desviar la atención de las cotizaciones de commodities ya que, tal como sostenía el genial Arturo Jauretche en “El mediopelo de la sociedad argentina”, detrás de esa información de mercado, supuestamente tan imparcial, “sólo hay un chico con una bicleta (100hoy tal vez también con celular y tablet) que va hasta lo de Bunge y Born o a lo de Dreyfus es decir que la aparente información para el vendedor la proporciona el comprador. ¡Y hace tanto tiempo que vamos al almacén con el "Manual del Comprador" escrito por el almacenero!

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