10 de abril de 2014
Instituto Gestar

China-Argentina: simpatía política y atracción económica

por Sergio Cesarin*

Perspectiva general

A pesar de la distancia geográfica, la República Argentina y la República Popular China han estado cerca a lo largo de varios períodos del siglo XX. Si bien los dos países establecieron relaciones diplomáticas en 1972, como resultado de simpatías políticas, mutua identificación entre partidos gobernantes, atracción entre líderes y una misma apreciación estratégica sobre el entorno mundial, en los pocos años de historia vincular han desarrollado una rica relación en los planos político, cultural, social y económico.

Desde el mismo momento de la fundación de la República Popular en 1949, el sendero hacia el reconocimiento diplomático por parte de la Argentina destaca la irrelevancia de la variable ideológica en la decisión política de establecer lazos con la “segunda potencia comunista” del mundo (100después de la URSS). Cabe recordar que, en aquel entonces, en el contexto de la Guerra Fría, la China maoísta aún era considerada una activa “potencia revolucionaria” con evidente influencia en procesos socio-políticos en América Latina, África y el Sudeste de Asia, así como en su interior, en tanto el país atravesaba un período de alta movilización social bajo la denominada Gran Revolución Cultural Proletaria. No obstante, un rígido orden bipolar y las imposiciones estadounidenses sobre la región respecto a no establecer vínculos con Pekín condicionaron la cooperación política y, en menor medida, los contactos económicos.

Posteriormente, cambios en las relaciones Estados Unidos-URSS y entre esta y China provocaron modificaciones centrales en los equilibrios globales. Como resultado, para la Argentina el camino hacia el mutuo reconocimiento quedó abierto considerando a) el previo reconocimiento diplomático otorgado a la República Popular China por parte de los Estados Unidos, hecho coronado por la visita del ex presidente Nixon en 1972, b) una positiva estimación interna sobre la futura proyección de los intereses económicos nacionales hacia el Pacífico Asiático y, c) el apoyo a la causa sobre descolonización de las islas Malvinas que la República Popular China brindaría como Miembro Permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (100en reemplazo del expulsado Taiwán) frente a la permanente presión colonialista del Reino Unido. 

Gracias a esta decisión, la Argentina y China han expandido sus lazos comunes, ampliado el radio de cooperación e incorporado diversas temáticas de mutuo interés en ámbitos económicos, sociales, culturales, deportivos y científicos- tecnológicos. La validez de la aproximación política a comienzos de los 70, fundada en proyecciones económicas beneficiosas para nuestro país, ha quedado en evidencia ante el encumbramiento de China como potencia emergente.

La China de hoy, distante de aquella plena de “romanticismo revolucionario”, muestra indicadores notables. Con un PBI nominal de U$S 9 billones y un ingreso per cápita de U$S 6076, se ubica como la segunda economía del mundo luego de Estados Unidos; gracias a su dinamismo económico (1007,7% de crecimiento en 2013) relegó al Japón al tercer lugar en 2010. La modernización económica elevó la participación del sector servicios al actual 46% del PBI superando el pasado año al sector industrial manufacturero (10044%) por primera vez en la historia. El dinámico proceso de urbanización ha hecho trepar el indicador desde un 17% de población urbana en 1978 hasta el actual 55% sobre un total de 1380 millones de habitantes. Fenómeno íntimamente asociado al empoderamiento de las clases medias urbanas y a un mayor consumo interno, hoy equivalente al 36% del PBI.

Un dinámico sector externo (100ver gráfico anexo), que representa un 45% del PBI, ubica a China entre las principales potencias comerciales del mundo. Con U$S 3,44 billones ocupa el primer lugar del mundo en tenencia de reservas, seguida de Japón, Arabia Saudita, Rusia y Suiza; es también el mayor acreedor de deuda pública estadounidense después de la Reserva Federal. Al dejar de lado la “revolución comunista” para dar paso a la “revolución consumista”, China representa el 8% del consumo privado mundial, equivalente a U$S 3,3 billones anuales en 2013; como rasgo de modernización social, activos y sofisticados consumidores chinos captan el 29% del comercio mundial de artículos de lujo y se estima que 200 millones de turistas chinos viajarán por el mundo en 2020 triplicando el actual consumo de bienes en el exterior.

Durante los últimos siete años la Inversión Extranjera Directa (100IED) china creció más de veinte veces y se espera alcance U$S 550.000 millones durante el período 2011-2015, llegando a ocupar el tercer puesto mundial después de EE.UU. y Japón. Los datos muestran que casi un 90% de la IED china se dirige a sectores como servicios comerciales, ventas minoristas y mayoristas, construcción, sector manufacturero, energía, logística, siderurgia, minería y, crecientemente, hacia sectores tecnológicamente intensivos como electrónica, telefonía celular, industria automotriz y el segmento financiero. En este sentido, la presencia de empresas chinas en economías en desarrollo de África, América Latina, Asia, e incluso en países industrializados como Japón, Corea del Sur, Estados Unidos y Europa, crece vertiginosamente. Los principales actores de este proceso son las grandes firmas transnacionales chinas (100ETN´s) en su mayoría estatales que, en sectores como el financiero, computación, minería o telefonía móvil, entre otros, lideran segmentos del mercado global y marcan el rumbo a competidoras europeas y asiáticas. Reconocidas firmas como Lenovo, Huawei, Sinopec, Baosteel, ZTE, TCL, Minmetals, COSCO o el banco ICBC forman parte del ranking de las principales firmas mundiales, acontecimiento no verificable veinte años atrás.

En la actualidad, China consume más de la mitad del cemento en todo el mundo y alrededor del 40% del cobre, hierro y aluminio producidos globalmente. En el campo agroalimentario, sus compras son determinantes para economías productoras de soja, maíz, aceites y cereales como las sudamericanas. El pasaje desde una economía rural y una sociedad agrícola hacia una economía moderna, técnicamente avanzada y una sociedad urbano-industrial queda reflejado en los 600 millones de internautas que utilizan a diario la red. Este hecho ha posicionado a China como uno de los países que más han invertido en conectividad y generado un boom del e-commerse con ventas en línea por U$S 540.000 millones durante el año 2013.  

Todos estos datos refrendan la pertinencia de la “opción China” por parte de la Argentina que desde los 70 reconoce a China como actor fundamental para fortalecer su proceso de inserción internacional. Su determinante rol político en los asuntos mundiales del siglo XX extendido hacia el siglo XXI y la importancia económica que adquiere para los intereses nacionales como factor propulsor para el crecimiento exportador nacional, confirman el lugar que las constructivas relaciones con China tienen dentro del menú de “políticas de Estado”. 

 

Simpatía política, factores a considerar

A lo largo de décadas, diversos factores nutren el ideario y las acciones de mutuo acercamiento, entre otros:

La raíz histórica

La mutua simpatía entre líderes políticos ha tenido una gran significación. Es evidente la coincidencia de ideas sobre el orden mundial entre Perón y Mao. Estos líderes supieron interpretar la dinámica mundial de cambio posterior a la Segunda Guerra Mundial y emprendieron sendos procesos de transformación social y política en sus respectivos países; mientras el primero afianzaba la transformación productiva y social nacional mediante activas políticas sociales, Mao llevaba adelante un proceso revolucionario que culminaría en 1949: la tan ansiada estabilización y pacificación de un convulsionado país, sumido en luchas internas y externas por casi un siglo. Los dos procesos, desde el punto de vista simbólico, se autoasumen así como una restauración del orgullo y autoestima nacional y respondían a la interpretación que estos líderes tuvieron sobre el papel que le correspondía desempeñar a cada país en el sistema de poder mundial y regional.

El ideario compartido sobre el mundo atiende a la importancia de la resolución pacífica de las controversias, la recuperación del estatus de dignidad de los trabajadores y campesinos, en particular para China; también admiten coincidencias en la necesidad de asumir equidistancia de los grandes poderes globales, Estados Unidos y la URSS, asumiendo que una “tercera posición” es la más acorde para alcanzar objetivos sobre soberanía política e independencia económica.

La mutua admiración y simpatía es verificable en algunas citas de Perón sobre Mao. José Pablo Feinmann expresa en un fragmento de su obra Peronismo- Filosofía política de una obstinación argentina, que “…Perón gusta citar a Mao Tsé Tung y no ve en el líder chino a un burócrata soviético, sino a un compañero de los países que deben hacer su liberación nacional. La opción de Perón por China en lugar de la URSS es clarísima, textualmente Perón expresa: ‘…dice Mao Tsé Tung que el que lucha contra un compañero es que se ha pasado al bando contrario’”. De aquí, concluye el autor, el significado para ver cómo Perón concibe la unidad del Movimiento Peronista.

La simbología de ambos partidos aporta datos a la empatía. El determinante rol político que tiene la mujer en las dos estructuras partidarias. Los dos partidos (100peronista y comunista chino) son concebidos como partidos de masas e integración nacional, asentados en profundas alianzas sociales, con claros liderazgos, un cuerpo doctrinario definido y estructuras formales de conducción. Todas estas simetrías han generado puntos de contacto muy fuertes. La apertura que Perón fomentó en los años 50 para el inicio de contactos económicos entre la Argentina industrializada y China abrió un canal político de diálogo que, sin dudas, sirve hoy aún como antecedente histórico para fortalecer vínculos.

Actores no estatales

Diversas organizaciones no estatales han contribuido a fortalecer los contactos formales de naturaleza política entre ambas naciones. Tal es el caso de la activa relación entre partidos políticos argentinos y el Partido Comunista Chino (100PCCh). En tal sentido, el Partido Justicialista (100PJ) mantiene relaciones con el PCCh en sus tres ramas: juventud, femenina y sindical. Las visitas han sido el medio utilizado para aumentar el conocimiento mutuo y fomentar coincidencias políticas. Por ejemplo, en 1994, el miembro más joven del Buró Político del PCCh, Hu Jintao (100ex presidente de China), visitó por primera vez la Argentina y, a su vez, dirigentes políticos con funciones ejecutivas y/o legislativas han visitado China. Las escuelas partidarias de formación política mantienen regulares contactos con la Escuela de Formación del Partido Comunista Chino (100PCCh) y cuadros de ambos partidos se forman en aspectos doctrinarios y de conducción. Los dos partidos participan, además, de foros e instancias regionales (100en América Latina y Asia) de diálogo y cooperación entre partidos políticos fortaleciendo así el contacto entre jóvenes generaciones en pos de construir tempranos consensos entre quienes han de ocupar determinantes funciones de conducción de los asuntos públicos.

Las asociaciones de amistad son otro ejemplo. Como una rama de enlace internacional del PCCh, las asociaciones de amistad con el extranjero sirven para el despliegue de contactos por parte de China. La Asociación de Amistad el Pueblo Chino con extranjeros es la más representativa y organiza periódicas visitas de dirigentes políticos, sociales y empresarios argentinos con el fin de aumentar los intercambios económicos. Complementan este cuadro, en primer lugar, las asociaciones empresarias que aportan dinamismo a los intercambios comerciales y abren contactos en ambas partes para el desarrollo de proyectos de mutuo interés; en segundo lugar, la cooperación interuniversitaria ha generado dinámicas de intercambio estudiantil y docente que sirven al esclarecimiento de posiciones y a la transmisión de información útil para unir voluntades en lo público y privado.

 

El importante papel desempeñado por la comunidad china en la Argentina

 Como actores económicos claves en el intercambio bilateral, el perfil de negocios desarrollado por residentes chinos comprende operaciones de exportación, importación, servicios turísticos (100con posterioridad a ser declarada la Argentina “país de destino turístico” en 2004, se incrementó un 29% la recepción de visitantes de origen chino) y servicios educativos. Pero el comercio minorista, especialmente supermercados, es el sector económico y social más representativo. Durante los últimos años, el surgimiento de entidades empresarias chinas ha consolidado la imagen de los inmigrantes chinos como actores sociales relevantes al considerar el impacto positivo que sus actividades comerciales ejercen en sectores de medios y bajos ingresos, incluso asumiendo un definido rol como parte de una política social de inclusión de sectores postergados.

 

Evolución de las relaciones bilaterales

Distintas etapas distinguen la evolución de los vínculos entre ambos países. Una primera etapa fundacional comprende desde comienzos de la década del 70 del siglo XX hasta comienzos de los 80, período durante el cual firmaron importantes acuerdos comerciales y políticos que –hasta hoy– enmarcan la relación bilateral. La China de ese entonces comenzaba su apertura al mundo, y para la Argentina este nuevo escenario podría ofrecer nuevas oportunidades económicas teniendo en cuenta la creciente demanda agroalimentaria del gigante asiático.

La etapa democrática inaugurada en 1983 amplió así la agenda bilateral en los planos político, económico y científico-tecnológico. Sobre la base de similares intereses China fue un factor considerable en el proceso de reinserción internacional de la Argentina en la etapa pos Malvinas, distanciada de Europa (100por la ruptura de relaciones con el Reino Unido) y distante en sus vinculaciones con Washington. El entonces presidente Alfonsín viajó a China en 1985 y fue recibido por Deng Xiaoping como el presidente de un país “…no alineado y en vías de desarrollo”, afirmación consecuente con el enfoque aplicado por la Argentina en su estrategia externa de vinculación. De esta forma, China encontraría un socio latinoamericano valioso para sostener su proyecto de transformación económica y la Argentina un aliado político que moderara su aislamiento internacional así como un mercado posible para satisfacer los intereses del sector agrario industrial.

Los 90 constituyen una etapa de profundización en las relaciones bilaterales. La recuperación del poder por el peronismo y el comienzo de un proceso de reestructuración económica coincidente con el afianzamiento del sendero chino de reformas económicas, favorecieron la expansión de vínculos políticos mediante visitas presidenciales, el aumento en los flujos bilaterales de comercio, los intercambios culturales, y la incorporación de actores subnacionales (100provincias y municipios) a una dinámica de intercambios que amplió la agenda bilateral.

Como resultado, en 1990, China fue el primer país asiático con el que Argentina firmó un Protocolo sobre Consultas Políticas. A comienzos de la década, el apoyo político brindado por la Argentina moderó el aislamiento internacional de China en la etapa pos Tiananmen.1 La visita del ex presidente Carlos Menem (100noviembre de 1990) abrió un nuevo rumbo en las relaciones bilaterales, de alto contenido simbólico, siendo caracterizada por la dirigencia china como “…la primera visita de un Jefe de Estado Occidental luego de Tiananmen”. Los planos de interrelación se multiplicaron; al diálogo bilateral se sumaron las negociaciones multilaterales para el acceso de China a la Organización Mundial de Comercio (100OMC); fueron cardinales los ejes de cooperación establecidos para afianzar vínculos entre China y el MERCOSUR, por lo que ambas partes formalizaron sus contactos en 1997 mediante la creación de un Mecanismo de Diálogo (100Mercosur-China) que incluso abría la puerta a la posible firma de un Tratado de Libre Comercio (100TLC).

Es una etapa donde el poder político en los dos países facilita la participación de los respectivos sectores empresariales interesados en expandir oportunidades económicas no solo comerciales sino en particular sobre radicación de inversiones (100IE). Para ello, firman un acuerdo sobre promoción y protección recíproca de inversiones (1001992) y otro atinente a la formación de empresas binacionales (1001990). La combinación de esfuerzos gubernamentales y empresarios permitió aumentar el intercambio comercial sobre la base de tres factores determinantes: a) la alta complementariedad económica entre una Argentina agroindustrial frente a la China industrial, b) una sobrevaluada moneda nacional bajo la ley de convertibilidad y, c) los competitivos precios de manufacturas y equipos importados de China. Revolución tecnológica agrícola mediante, la Argentina –considerada por China un eficiente productor de cereales y alimentos– incrementó sus exportaciones de cereales, materias primas agrícolas, cueros, pieles, lanas sucias y menudencias cárnicas alentada por la mayor demanda interna china. Como contrapartida, la Argentina protagonizó un auge importador de bienes de capital, insumos industriales, equipos de transporte y productos electrónicos incorporados al proceso de reconversión tecnológica asumido por empresas nacionales y extranjeras.

Pero China abrió también sus puertas a firmas argentinas productoras de manufacturas de alto valor agregado, como grúas pórtico, equipos para centrales hidroeléctricas y tubos de acero sin costura para la industria petrolera.2 La cooperación científico-tecnológica pasó a ocupar un lugar destacado en la agenda económica bilateral. Para cumplir el compromiso asumido en el Convenio de Cooperación Científico-Técnico (100firmado en 1980 por el gobierno de la República Popular China y el gobierno militar argentino) fue creada la Comisión Mixta en Ciencia y Tecnología, cuyas principales líneas de acción apuntaron hacia la cooperación antártica3, el campo agrícola4, y usos pacíficos de la energía nuclear. También la cooperación en materia judicial (100Convenio de Cooperación en Materia Jurídica entre los Ministerios de Justicia, firmado en 1997) posibilitó el intercambio de experiencias cuando China se aplicaba a la construcción legal del experimento reformista mediante la promulgación de nuevas leyes en materia económico-comercial, el diseño de normas sobre política impositiva y la formación de abogados.

Un sensible tema en la agenda bilateral fue el migratorio. El aumento de la inmigración china, en su mayoría proveniente de la provincia este costera de Fujian, generó tensiones entre los dos gobiernos al estar involucradas tríadas chinas y organizaciones argentinas en el tráfico ilegal de inmigrantes; gracias a la exención de visado otorgada a nuestro país por los Estados Unidos, los emigrados chinos utilizaban a la Argentina como país de tránsito para su definitiva radicación en dicho país.

El lapso entre fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI encuentra a la Argentina sumida en una profunda crisis política y económica al mismo tiempo que el mundo asiste al definitivo encumbramiento de China como potencia económica. La Argentina, gobernada por una coalición de partidos no es una opción atractiva para China en función de: a) la inestabilidad política interna, b) la difusa situación de los posibles interlocutores políticos y c) las probabilidades de crisis económica con el consiguiente abrupto cambio en las reglas del juego económico. No obstante, se registran avances puntuales en la relación bilateral, tales como la apertura del consulado argentino y Centro de Promoción en Shanghai (1002000) y la firma del Protocolo Bilateral para el acceso de China a la OMC (100marzo de 2000).

 

Nuevo escenario político y económico

La estabilización económica y la llegada al poder de un gobierno peronista a partir de 2003 atraen la atención de China que observa un nuevo escenario latinoamericano y el surgimiento de liderazgos críticos sobre lo actuado en la etapa anterior. Desde comienzos del siglo XXI, China se convierte paulatinamente en un socio estratégico para la Argentina gracias al aumento anual de su demanda importadora de cereales y oleaginosas. Su poderío económico en franco crecimiento convalida expectativas sobre el sostenido aumento en las exportaciones argentinas, junto a la posible recepción de inversiones chinas canalizadas principalmente por empresas transnacionales (100ETN´s) en la búsqueda de mercados y confiables proveedores alimentarios, mineros y energéticos, patrón de acercamiento que registra a lo largo de una década una evidente profundización.

A partir de 2003, la nueva generación gobernante concibe a China como un país ligado al ideario revolucionario setentista y, en ocasiones, idealizado como un paradigma de cambio social. China es un “milagro económico que no pudo concretarse sin Estado”, por lo tanto, los negativos efectos producidos por el decenio neoliberal de los 90 requieren de la recuperación del Estado como instrumento de promoción económica y adopción de políticas activas. Las críticas vertidas por la dirigencia latinoamericana (100Brasil, Bolivia, Venezuela) sobre la posición de los Estados Unidos en la región y su responsabilidad por el Consenso de Washington reafirman percepciones críticas sobre su accionar intervencionista en América Latina y favorecen la imagen de una China que coopera y con la cual es imprescindible establecer alianzas estratégicas.

En este marco, las visitas efectuadas por el ex presidente Néstor Kirchner a China en 2004 y del ex presidente Hu Jintao a la Argentina el mismo año reafirmaron estos objetivos. El discurso político traduciría esta percepción sobre la importancia que para la Argentina adquiría un nuevo actor regional como China; según el ex presidente Kirchner, la necesidad de afianzar una relación estratégica tenía como objetivo “…a través de China, buscar en Asia una palanca para la reindustrialización de la Argentina”, palabras que reflejaban la intención de contar con un socio extrarregional poderoso que compensara la ausencia de compromiso estadounidense en la recuperación económica latinoamericana y la dureza asumida por las instituciones de Bretton Woods (100FMI, Banco Mundial) ante la crisis financiera argentina. Un claro indicador del nivel de confianza mutua logrado fue el reconocimiento otorgado por la Argentina a China como “economía de mercado” y la firma del “Memorándum de Entendimiento entre la República Argentina y la República Popular China sobre Cooperación en materia de Comercio e Inversiones”, en el que se expresaba la mutua voluntad de aumentar las exportaciones argentinas hacia el mercado chino y promover la radicación de capitales chinos de inversión (100IE).

De esta forma, China pasó a ser un factor clave en la reactivación económica argentina en la complicada coyuntura pos default; las compras chinas de soja sostuvieron la rentabilidad del sector agrícola generando –vía retenciones sobre exportaciones– ingresos fiscales necesarios para afrontar compromisos financieros externos e implementar activas políticas de bienestar social. Estas iniciativas coincidieron con las apetencias chinas por diversificar fuentes de abastecimiento de materias primas y energía, así como reciclar capitales hacia América Latina y el Caribe (100ALC).

 

Actual situación

En la actualidad, China se ha convertido en un socio estratégico para la Argentina en materia de comercio exterior, lo que se verifica tanto para las exportaciones como para las importaciones. China es hoy el cuarto destino de las exportaciones argentinas, en un 61% compuestas por productos primarios por valor de U$S 6358 millones (1007,7% sobre el total) en 2013, después de Brasil, la Unión Europea y el NAFTA; asimismo, representa el tercer origen de productos importados con un 15,4% del total (100U$S 11.391) para el mismo año.

El intercambio comercial con dicho país ha registrado un incremento significativo en los últimos años, pasando de U$S 1222,61 en 2000 a U$S 17.749 millones en 2013. Sin embargo, esta cifra no debe encubrir el fuerte déficit de balanza registrado el pasado año que, con U$S 5033 millones, ubica a China en primer lugar entre las economías con intercambio deficitario para el país. Pero, China es hoy un activo inversor en el sector energético (100hidrocarburífero), minero (100explotación de carbón en Río Turbio), financiero (100establecimiento del Industrial and Commercial Bank of China, ICBC), y tecnológico mediante la formación de empresas binacionales en el área de biotecnologías.

En materia de derechos humanos, la Argentina y China forman parte del Consejo de Derechos Humanos (100CDH) de las Naciones Unidas siendo los dos activos participantes aunque con marcadas diferencias en algunos temas. La Argentina sostiene la universalidad de los DD. HH. más allá de diferencias nacionales en su implementación o aplicación de garantías. China, por el contrario, sostiene que más allá de la universalidad, cada país debe aproximarse al tema en función de sus propias condiciones, cultura y contexto histórico político.

Los dos países interactúan en distintos organismos de Naciones Unidas responsables de cuestiones sobre seguridad internacional. En tal sentido, cooperan en el diseño, implementación y formación de contingentes militares que bajo el mandato de Naciones Unidas cumplen misiones de paz (100peacemaking) en distintas áreas de conflicto y comparten así operaciones bajo el amparo de la Organización de Estados Americanos (100OEA) en Haití (100MINUSTAH). China y la Argentina son Estados firmantes del Tratado de No Proliferación (100TNP). Como países con dominio de la tecnología nuclear, coordinan posiciones en el seno de la Agencia Internacional de Energía Atómica (100OIEA) y mantienen compromisos sobre utilización pacífica del poderío nuclear. Junto con la Argentina, desde el año 2005 China es miembro del Club de Proveedores Nucleares (100NPG), uno de los cinco regímenes sobre control de exportaciones y no proliferación.

 

La Argentina y China cooperan en el seno del Grupo de los 20 (100G-20)

Los dos países están de acuerdo en criticar el proteccionismo comercial en países desarrollados, la escasa representatividad de las economías en desarrollo en organizaciones financieras multilaterales, la imposición de barreras al comercio agrícola y la escasa regulación de mercados financieros que han llevado a la última crisis económica en 2008. En el plano regional y hemisférico, cabe destacar el juego desplegado por China con apoyo de la Argentina. La Argentina votó a favor de la incorporación de China como “país observador” en la Asociación Latinoamericana de Integración (100ALADI); apoyó también el ingreso de China a la Organización de Estados Americanos (100OEA) en calidad de Observador, lo cual se concretó en 2005. También nuestro país prestó su voto favorable para el ingreso de China al Banco Interamericano de Desarrollo (100BID) como miembro extrarregional, siguiendo la línea de Japón y Corea del Sur.

 

Conclusiones

Para la Argentina la evolución de las relaciones con China ha sido constante y se han visto enriquecidas por modificaciones en las percepciones de gobiernos y líderes, un cambiante entorno internacional que permite asumir mayores grados de libertad externa de acción y la coincidencia de intereses en temas de agenda global, regional y de índole económico-comercial.

China es y seguirá siendo un actor relevante para la Argentina en sus reivindicaciones soberanas: apoya el reclamo argentino sobre las islas Malvinas e islas del Atlántico Sur en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas5, así como la Argentina reconoce a Taiwán como parte indivisible de China. También coinciden en reconocer principios de acción internacional como no interferencia, integridad territorial, soberanía e igualdad de los Estados.

La demanda agroalimentaria china persiste y tracciona el crecimiento de la economía nacional, incrementa el valor agregado agroindustrial, genera rentas dirigidas al consumo interno y produce ingresos fiscales aptos para la implementación de políticas activas a fin de cumplir el compromiso justicialista ante los que menos tienen.

No obstante, presenta también interrogantes a considerar. La creciente brecha de poder entre ambos países aumenta las asimetrías de negociación, la persistencia de una canasta primario-exportadora argentina ante el ingreso de manufacturas chinas revive un esquema centro-periferia y aumenta el desequilibrio comercial en disfavor de la Argentina; asimismo, si bien la IE china fluye, está concentrada en sectores extractivos.

Resta entonces sumar a la histórica simpatía política dosis de realismo en la planificación de relaciones con la emergente China, llamada a ser una potencia rectora del orden mundial durante el siglo XXI.

 

Notas

1.  El 4 de junio de 1989 el Ejército Popular de Liberación (100EPL) reprimió a los manifestantes –en su mayoría estudiantes– congregados en la histórica plaza de la ciudad capital Beijing. Dicha medida significó la aplicación de sanciones económicas a China por parte de países como Estados Unidos, Japón y la Comunidad Europea.

2. Las empresas argentinas más importantes involucradas en estos rubros fueron Industrias Metalúrgicas Pescarmona (100IMPSA) y Siderca del grupo Techint, con exportaciones de tubos de acero sin costura para la industria petrolera. 

3. China y la Argentina firman dos convenios: a) Cooperación en Materia Antártica (1001988) y b) Convenio de Cooperación Geológica en Materia Antártica (1001992).

4. El resultado más importante fue el Programa de Cooperación entre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (100INTA) y la Academia de Ciencias Agrícolas de China (1001990).

5. Por ejemplo, China se abstuvo en la votación de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el retiro de tropas argentinas de Malvinas en abril de 1982.

 

*Licenciado en Relaciones Internacionales. M. A. Departamento de Economía, Universidad de Pekin, República Popular China. Investigador, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (100CONICET), Área Estudios del Pacífico. Coordinador Académico de la especialización en Economía y Negocios con Asia del Pacífico e India, Universidad Nacional de Tres de Febrero. Director del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico e India (100CEAPI), Universidad Nacional de Tres de Febrero. Profesor del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (100ISEN), Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto (1001996 – 2012).

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