15 de noviembre de 2016
Instituto Gestar

Debate presidencial, día nacional de la mentira

Cuando comenzó a agitarse, a través de los medios hegemónicos de comunicación, la propuesta de llevar adelante un debate entre los dos candidatos que irían al ballotage, argumentaron que era de un sano republicanismo hacerlo, que ayudaba a la transparencia, a reforzar la vida institucional, que nada mejor que confrontar las ideas de cada candidato sobre los temas centrales de gobierno, todo ello, a fin que la ciudadanía estuviera bien informada y tomara conocimiento de primera mano, de lo que cada uno de ellos pensaba hacer si llegaba al gobierno.

En abstracto, nadie puede estar en desacuerdo con tan nobles fines. Pero el tiempo tiene la ventaja de darnos una perspectiva más objetiva y completa de los hechos.

Comencemos por una cuestión muy importante. El mentado debate consistió en tratar determinados temas como por ejemplo educación y salud, con los tiempos y formas televisivos, con lo cual cada candidato tenía dos minutos para expresar sus planes de gobierno en estas áreas. Cuando menos podemos decir que es de una falta de seriedad notoria pretender que en tan exiguo tiempo alguien pueda coherentemente desarrollar sus planes en temas de tal complejidad. El sistema ideado permitía repreguntas entre los candidatos, que en muchos casos se emplearon para chicanear al contrincante más que para indagar profundamente que era lo que el adversario quería hacer. Por ello, finalmente esos tiempos cortos no permitieron argumentar y desarrollar ideas sino tan solo exponer eslogan de campaña.

Otro aspecto destacado consistió en que los temas elegidos para que los candidatos hablaran fue definida por los editores de los medios de comunicación, en su mayoría opositores al anterior gobierno, con lo cual el debate terminó girando alrededor de la agenda de los grandes medios comunicacionales.

Por lo tanto, es imprescindible fijar nuevas reglas y contenidos para este tipo de debates, si finalmente es aprobada la ley que los hará obligatorios.

Otro aspecto interesante para analizar se vincula a quienes organizan estos debates. Mirando el sitio web de la sociedad civil Argentina Debate surge que la propuesta de que los dos candidatos confrontaran ideas surge de un grupo de empresarios jóvenes que comparten un compromiso en pos del bien común y el Cipec, una organización independiente y apartidaria que trabaja para mejorar la calidad del debate público. Agrega que la iniciativa busca crear un espacio plural, multisectorial y no partidario.

Es válido suponer que cada uno tenga una posición política pues es una fantasía creer que son apartidarios. Pero es cuando menos raro que todos ellos adhirieran al partido triunfante en el ballotage. Veamos de qué se trata. Hernán Charosky fue el coordinador de la ONG Argentina Debate. Este sociólogo se especializó en cuestiones de transparencia gubernamental y control de corrupción y según sus propios dichos su interés principal ha sido el valor de la participación ciudadana como herramienta de control democrático. Bueno, este hombre fue designado en enero de este año como funcionario del gobierno del PRO en la ciudad de Buenos Aires por Rodríguez Larreta a cargo de subsecretaría de la Reforma Política. Fernando Straface, quien era director ejecutivo de Cipec, hoy es secretario general del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Octavio Bordón, integrante del comité estratégico de Argentina Debate, fue designado por Macri como embajador argentino en Chile. Alberto Abad, integrante del mencionado comité, fue nombrado por el gobierno nacional como administrador de la Afip. Gabriel Castelli, también integrante de dicho comité es hoy es viceministro de desarrollo social de la Nación. Y la lista sigue. Es cuando menos una desfachatez de su parte hacerse pasar como personas objetivas, interesadas exclusivamente en la salud republicana.

Consultado sobre el tema el diputado del Pro Pablo Tonelli afirmó sin sonrojarse que no veía ningún problema en que hayan conseguido trabajo en el nuevo gobierno. En el colmo del cinismo sostuvo que los debates funcionan como una agencia de empleo, soslayando que ya tenían posición política de antemano.

A la luz de los acontecimientos sobra decir que los próximos debates debieran ser organizados por el propio Estado, eventualmente con la participación de ONG con mayor solvencia moral que la mentada hasta aquí.

Adentrándonos ahora en el debate, repasaremos las principales definiciones de Macri para luego confrontarlas con sus acciones concretas de gobierno.

Macri dijo que no realizaría ningún ajuste económico, que creía en la expansión y el crecimiento de la economía, y que de esa manera volverían a crecer la inversión y el empleo.

Veamos como hizo Macri el ajuste que no iba a hacer: se llevó adelante un tarifazo generalizado a los servicios públicos de energía, agua y transporte. Cayó el consumo y la actividad económica en general y la inflación se fue por las nubes. Liberó el cepo cambiario y dejó que el valor del dólar lo fijara el mercado con lo cual terminó llevando a cabo una devaluación monstruosa de 60% que arrasó con el poder adquisitivo de la población, sobre todo de los asalariados. El Estado ejerció todo su poder para que las paritarias arreglaran aumentos que en todos los casos estuvieron un 10% promedio por debajo de la inflación, asestándole otro golpe mortal al nivel salarial. El gobierno además prometió una lluvia de inversiones que nadie vio, de hecho, en lo que va del año las consultoras más prestigiosas, como el Estudio Ferreres, indican que la inversión bajó un 5,1% respecto de igual periodo de 2015.

Sostuvo Macri que su objetivo económico principal era lograr una Argentina con pobreza cero.

 Pocos meses después afirmó que ese no era un objetivo concreto sino un horizonte de largo plazo. Más explícita aún fue la vicepresidenta cuando afirmó que la pobreza cero no existe en ningún lugar del mundo. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA la pobreza se incrementó en los tres primeros meses de 2016 de un 29% que había estimado en 2015 a un 32,6% en marzo, de manera que se incorporaron a los niveles de pobreza 1.400.000 nuevos argentinos; el nivel de indigencia también se incrementó en igual periodo alcanzando en marzo el 4,1% de los hogares y el 6,2% de la población. Y estas estimaciones son a marzo, antes de los tarifazos, de la creciente inflación y del ritmo sostenido de pérdida de empleos. Alguien se anima a estimar cual es hoy dicho porcentaje.

Hablando de trabajo, dijo Macri en el debate que hay que crear trabajo, cuidando los que existen y apoyando a las Pymes, porque cuando se volviera a crecer serían las que más trabajo iban a crear.

Las estimaciones más moderadas sostienen que la desocupación aumentó un 2,7% interanual y un 3,4% desde la asunción del nuevo gobierno, el nivel más alto desde el 2005. Al día de hoy se calcula que 450.000 personas perdieron su empleo. Con relación a las Pymes, tras la devaluación del 60% del valor de nuestra moneda, el tarifazo con alzas del 500% y la baja del consumo interno por pérdida de poder adquisitivo, sus ventas cayeron un 9% interanual. Una obra maestra de terror.

Cuando habló del Estado propuso que éste debía estar al servicio de la gente y que no debía ser un aguantadero político, afirmó que había que respetar al empleado público, y que el sector privado y el público debían trabajar mancomunadamente.

Las organizaciones gremiales contabilizaron 70.000 despidos en el sector público en todo el país. Desmantelaron programas enteros que el Estado llevaba a cabo; en muchas dependencias los trabajadores denunciaron persecución política y en otras se ha comprobado que los puestos dejados vacantes por los que echaron fueron rápidamente ocupados con familiares de funcionarios y militantes de Cambiemos. Pero además colocó en los más altos niveles de gobierno a quienes eran gerentes de las empresas más importantes del país, en un experimento inédito en el mundo, que cuando menos genera enormes dudas sobre la posibilidad de un choque de los intereses de los privados con los intereses de lo público, de la sociedad.

Sostuvo que el gobierno debía decir la verdad, fijar reglas de juego claras, que defendieran el valor de nuestra moneda y que el país debía exportar el doble de alimentos.

Veamos la cruel realidad: devaluó la moneda en un 60% pero esta no impactó como anunció, generando un incremento de las exportaciones, por el contrario se estima que las mismas bajaron el 1,8% mientras que las importaciones de bienes de consumo subieron el 20%. Se liberaron las importaciones de manera tal que la producción nacional y las economías regionales están en una crisis mucho más grande que la que sufrían en 2015.

Sobre la ciencia y tecnología sostuvo que estaba a favor de la misma y que la apoyaría.

Que hizo? Recortó el presupuesto de manera que representará en 2017 el 0,59% de PBI cuando fue de 0,7% en 2014 y 0,8% en 2015. En el Conicet, por ejemplo, intentaron eliminar áreas y programas de investigación y frenaron la designación de investigadores que habían ya concursado sus cargos y solo restaba el trámite administrativo de su nombramiento.

También afirmó que creía que había que respetar la división de poderes, no llevándose por delante la justicia, por ejemplo.

A dos semanas apenas de haber asumido el gobierno, Macri designó dos jueces de Corte Suprema de Justicia de la Nación, mediante un decreto, evitando así pasar, como lo establece la Constitución Argentina, por el Congreso de la Nación. Tal fue la resistencia que generó su actitud que hasta sus propios aliados la cuestionaron obligándolo a desistir del irregular nombramiento.

Dijo que armaría el mejor equipo de gobierno de los últimos cincuenta años convocando a los mejores del país para que éste creciera, se crearan oportunidades de progreso y todos podamos vivir mejor.

Pocas veces en la Argentina se han visto tanta ineptitud en la gestión de un gobierno. Pero el gobierno, justo es reconocerlo, siempre tiene a mano su manual de excusas. Así nos enteramos que trabajaban en la innovadora y exclusiva noción de ensayo y error, que incomprendida, provocó el exabrupto de un dirigente gremial, quien le recomendó que mejor practicaran con su familia y no con el pueblo argentino. Es el mismo que con el tarifazo anunciado y en la calle comentaba pedagógicamente que la factura de luz y gas eran el equivalente al precio de dos pizzas. También fue este capacitado ministro el que pronosticó una inflación de 20% y luego amenazó a los trabajadores al afirmar que “cada gremio sabrá hasta donde arriesgar empleos a cambio de salarios”, lo que se dice un genio de la diplomacia. Eso sí, capaz no será tanto pero a honesto no le gana nadie, a fines de junio reconoció que la inflación ya estaba en el 42%. El ministro de energía, que comenzó con un mega aumento de los combustibles, cuando el precio del petróleo en el mundo se derrumbaba, calculó y explicó las tarifas unas tres veces, o fueron cuatro? Como sea, tenemos el simpático ejemplo del rabino Berman, quien al asumir como ministro de Medio Ambiente, reconoció que no sabía un comino del tema y que últimamente recomendó para combatir los incendios forestales que recemos. Prometemos para otra nota seguir con la lista de notables pero no queremos olvidarnos de mencionar al ministro de Cultura Pablo Avelluto, mediocre intelectual, famoso por su tuits, entre ellos, uno en que propone rajar a todos los docentes, bueno, a todos no, solo a los que creen que hacer paros sirve de algo, o el que afirma que a esta altura de las cosas la dictadura le parece irrelevante, o el que afirma que Perón y el peronismo son una droga, o aquél otro en que afirma que en 1955 estaría del lado de la Revolución Libertadora, en fin un ejemplo de concordia y convivencia entre todos los argentinos.

Finalmente y para no aburrir a nuestros sufridos lectores recordaremos que terminando el debate el actual presidente aprovechó para lanzar lo que llamó un plan de reparación histórica para el norte argentino al que denominó Plan Belgrano, consistente en obras de infraestructura con un asignación inicial de 16.000 millones de pesos con el objetivo de conectar el norte con el resto del país.

El propio Macri, a través de un decreto, reasignó partidas que iban al plan Belgrano para obras en la Capital Federal. Algunos gobernadores, como Juan Manuel Urtubey, denunciaron que no comenzó ninguna obra del mentado plan. La unidad que dirige José Cano tiene asignado apenas 86 millones de pesos para este año.

Este repaso de lo dicho en el debate realizado el 15 de noviembre de 2015 tiene por finalidad contribuir con algunas propuestas a que en el futuro estos encuentros mejoren sustancialmente la calidad de su contenido y también proponer al gobierno nacional que esta fecha sea incorporada como un nuevo feriado nacional, en que conmemoremos el día de la mentira.

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