10 de mayo de 2016
Instituto Gestar

DEFENDER LO LOGRADO Y PROFUNDIZAR LA TRANSFORMACIÓN

por Diego Bossio Director General de Gestar

 

 

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Este año se realizan las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (100PASO) y las elecciones generales que definen el futuro de la patria. Resulta natural, entonces, realizar un balance de lo que se logró en estos doce años con el modelo nacional, popular y democrático encabezado por Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

El proyecto de país basado en el crecimiento económico con inclusión que Néstor, quien hubiese cumplido 65 años el pasado 25 de febrero, tenía en mente aquel 25 de mayo de 2003 en el que prometió no dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada, está hoy mucho más cerca de realizarse. La recuperación de la dignidad que genera tener empleos y salarios dignos, la independencia que nos proporciona el enorme desendeudamiento externo logrado y la recuperación de empresas claves y estratégicas para el desarrollo como Aerolíneas Argentina e YPF, la ampliación de derechos que abarca políticas tan amplias con la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Matrimonio Igualitario o las moratorias previsionales, la recuperación del sistema previsional con administración estatal que nos permitió devolver a nuestros queridos mayores una gran parte de la dignidad perdida, la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o el Fútbol para Todos, el enorme crecimiento industrial que nos llevó a, por citar sólo un ejemplo, quintuplicar la producción nacional de autos en apenas diez años, son sólo algunos de los principales logros alcanzados en este período.

Esos logros son pura y exclusivamente fruto del enorme esfuerzo realizado por millones de argentinos y argentinas que encontraron, por primera vez en casi cuatro décadas, un Estado presente, activo, que no sólo valora y retribuye ese esfuerzo sino que intenta siempre potenciarlo con políticas públicas expansivas que impulsen el consumo interno –motor de la industria nacional– y ésta, a su vez, la mejor fuente generadora de empleos y salarios de calidad.

Sin embargo, considero que sería un error quedarnos contemplando lo mucho que se ha logrado. Obviamente, como mencioné anteriormente, hay que valorarlo, pero ese es apenas el paso inicial. El segundo paso, y a mi entender aun más importante, que debemos dar es cuidar estos logros. Protegerlos. Estoy convencido de que falta mucho por hacer, pero estoy aun más convencido de que éste es el camino correcto. Sin dudas éste es un año de definiciones. Un año en el cual se pondrán en juego dos modelos bien diversos: el proyecto de la inclusión social en el que se piensa un país de adentro para afuera y en el que las cifras importantes de la macroeconomía deben cerrar con la gente adentro, o un proyecto de país de la exclusión social, del liberalismo económico, que se piensa de afuera para adentro, basado en bajos salarios y alto desempleo. Ambas películas ya las vimos. 

La primera la aplauden los de adentro, la segunda la aplauden los de afuera. La presidenta, como si fuera necesario después de sobradas muestras que ha dado, fue contundente en su último discurso: “Prefiero que me aplaudan los de adentro a que me alaben los de afuera, porque si me alaban los de afuera seguro que sonaron los de adentro”.

Llegan momentos en que debemos cuidar, quizá más que nunca, entre todos, los logros alcanzados. Las presiones externas e internas serán muchas. Un país que obtiene mejoras inéditas en su economía basándose en el desendeudamiento y en no ceder a la usura de timberos financieros puede servir de ejemplo para que muchas otras economías, en la región y en el mundo, sigan el camino. Sabemos que a los grandes poderes internacionales eso no les permitiría seguir con sus negocios, por ello pondrán la mayor cantidad de palos en la rueda.

Por el lado interno, las enormes corporaciones locales, que en muchas ocasiones responden a intereses de los buitres externos a los que se ha enfrentado el gobierno durante estos años, presentarán sus candidatos, buscarán desinformar y confundir seguramente mucho más incluso de lo que lo hicieron en estos años (100estos dos primeros meses del año fueron sobrada muestra de ello). Tenemos que estar atentos; si no sabemos proteger lo alcanzado podemos más temprano que tarde terminar perdiéndolo. Los lobos disfrazados de corderos tienen cada vez mejores trajes, pero una vez en el poder sin dudas querrán dar vuelta la página y comenzar a escribir otra vez el libro que tantas veces leímos y no queremos volver a repetir. El libro del desempleo, de los clubes de trueque, de las cuasimonedas, de los blindajes, megacanjes y estafas al pueblo al por mayor, de las jubilaciones congeladas, de los turbios negociados de las AFJP, de la quita del 13% a los empleados públicos, del corralito, de la industria devastada, de la carpa blanca docente, de los salarios de miseria. 

De hecho, más de un candidato, con sus discursos carentes de contenido y doctrina y armados íntegramente por sus decenas de asesores mediáticos, pudo sonar convincente para algún que otro distraído. Pero, al sacarlos un segundo afuera de sus libretos, se les cayó el disfraz y se le terminó viendo la piel al cordero: privatizar Aerolíneas Argentinas, eliminar el Fútbol para Todos, volver a las AFJP y pagar la totalidad de lo reclamado a los fondos buitres serían algunas de sus principales medidas. Y eso es lo que se animan a decir. ¡No quiero imaginar lo que no dicen!

Contrariamente a lo que algunos piensan, perder los logros alcanzados, si no se los cuida debidamente, es muy fácil. Analicemos sino cuanto tiempo le llevó a la mal llamada “revolución libertadora” deshacer el enorme trabajo que al gobierno de Juan Domingo Perón le demandó más de nueve años conseguir. Mantener las conquistas es tan importante como haberlas alcanzado. Nos costó mucho. Quien sea el encargado de dirigir el destino de la Argentina a partir de 2016 encontrará un país infinitamente mejor que el que recibió Néstor hace casi doce años. Procuremos que sea alguien idóneo, y con el deseo y la voluntad de continuar profundizando los cambios logrados y que no los borre a la primera de cambio. De nosotros depende. 

 

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