30 de julio de 2014
Instituto Gestar

Desarrollo productivo como eje del Proyecto Justicialista: el caso de Buenos Aires

 

La actividad productiva constituye una de las dimensiones fundamentales de la vida social. En tanto involucra la generación de riqueza y el acceso al empleo, es el gran estructurador de la vida familiar y comunitaria. Para el Justicialismo, el desarrollo productivo ha sido siempre un eje central de su proyecto político. El ciclo inaugurado en 2003 por Néstor Kirchner resulta un claro ejemplo de ello: durante estos años, el Peronismo ha realizado un aporte decisivo a la industrialización, el desarrollo tecnológico, la expansión del empleo y el consumo popular.


En este terreno, y de cara al futuro, la provincia de Buenos Aires muestra grandes logros y algunos importantes desafíos. Buenos Aires es el motor productivo de la Argentina: aporta 37,2% del PBI nacional. Ese rol se ha consolidado durante el período de crecimiento que comenzó en 2003: entre ese año y 2012 la economía bonaerense creció al 8.2% promedio, por encima de la tasa nacional de 7.1%.

La provincia cuenta con la estructura productiva más compleja y diversificada del país. Algunas cifras son ilustrativas al respecto: Buenos Aires es el corazón industrial de la economía argentina, que explica 42% del empleo industrial registrado y 56% del valor agregado industrial; es también el mayor productor de alimentos del país, concentrando 36% de la producción de soja, 30% de la producción de maíz y 35% del stock ganadero nacional. Es, asimismo, uno de los grandes centros de la actividad turística, concentrando 33 % del turismo receptivo a nivel nacional. A ello debe agregarse el rol de la provincia como generadora de divisas, con 30,9% de las exportaciones argentinas, y su posición en materia de conocimiento, con 17 universidades nacionales, 3 provinciales y 10 privadas en su territorio.

El fuerte crecimiento registrado a partir del 2003 coloca a la provincia frente a nuevos desafíos en materia de desarrollo productivo. Podemos mencionar algunos de ellos: la expansión de la infraestructura energética y de transporte, a fin de atender la mayor demanda generada por dicho crecimiento; un más amplio acceso al crédito, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, sin el cual la inversión se vuelve difícil para esos sectores; el incremento en los niveles de educación de la población, indispensable para que la provincia pueda competir en los sectores más intensivos en conocimiento y de mayor valor agregado; la innovación tecnológica y organizacional, a fin de lograr mejoras en la productividad, y la apertura de nuevos mercados externos que permitan a la provincia desplegar toda su potencia exportador. A nivel territorial, otro desafío lo constituye el agregar valor en origen a nuestros recursos naturales, fortaleciendo las comunidades del interior bonaerense.

Estas cuestiones sólo pueden ser abordadas adecuadamente a partir de una activa cooperación entre el sector público y el sector privado. En cuanto al sector público, ello requiere un Estado cada vez más moderno y más ágil que cree un marco favorable para la inversión privada, al tiempo que invierta en aquellas áreas de mayor rentabilidad social como la educación pública, la infraestructura básica y la investigación científica. Un Estado que se afirme en su rol de guía del proceso de desarrollo y que trabaje en conjunto con entidades empresarias, sindicatos, universidades y con el conjunto de los sectores productivos en la generación de un entorno favorable para la creación de nuevas empresas y la expansión de las existentes.

Ese es nuestro desafío. Buenos Aires cuenta con enormes oportunidades en materia de desarrollo productivo. Como peronistas, nuestra responsabilidad es la de continuar trabajando por una provincia cada vez más próspera e integrada.

 

Tomas Múgica

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