25 de julio de 2012
Instituto Gestar

“Donde hay una necesidad, hay un derecho”

La enorme acción política y social de Evita surgió de un sentimiento de injusticia y no de un plan previamente establecido para acumular poder. Darle ese carácter espiritual al peronismo, en los momentos en que se creaba, fue lo que le dio su carácter transformador. Su actuación abarca todos los aspectos de la vida, como ningún otro movimiento político argentino (100y pocos en el mundo). El justicialismo tiene su doctrina política, social y económica, pero también tiene una visión del hombre, una cultura e inclusive una iconografía de la cual la figura de la propia Evita es central. La justicia social y la solidaridad como pilares de este conjunto de valores fueron un aporte central de Evita ya que fue justamente el sentimiento de injusticia lo que la movió a abrazar la causa del pueblo argentino conducido por el General Perón.

Sus primeras iniciativas políticas, ya contraído el matrimonio y asumida la Presidencia por parte del General Perón, estuvieron vinculadas con asegurar los derechos políticos a las mujeres, los cuales estaban vedados no sólo en nuestro país sino también en muchos otros lugares del mundo. Rápidamente se dio cuenta, como lo afirmara luego, que:

“De nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social”

De este modo comenzó la batalla de su vida, a la que aplicó una energía inconmensurable, que no surgía de su débil cuerpo sino de su enorme corazón:

“He hallado en mi corazón, un sentimiento fundamental que domina desde allí, en forma total, mi espíritu y mi vida: ese sentimiento es mi indignación frente a la injusticia.”

Este fuerte sentimiento respecto a las injusticias sociales, la cual surge de su procedencia popular pero también de un carácter muy especial, le permiten configurar un concepto totalmente novedoso para el momento pero que es parte central del ideario peronista. La “ayuda social”, como lo llamaba ella misma, era todo lo contrario a la filantropía, caridad o beneficencia. La ayuda social es un acto de justicia social que viene a reparar situaciones de desamparo que nunca debían haber existido, mientras que la caridad o beneficencia no dejan de implicar una ostentación de riqueza, sin satisfacer las necesidades básicas. Inclusive llegabA la beneficencia a la perversión de utilizar como excusa la pobreza, para realizar reuniones sociales o divertirse.

Evita afirma:

“Yo no hago otra cosa que devolver a los pobres lo que todos los demás les debemos, porque se lo habíamos quitado injustamente.”

“Llegan hasta mí [los descamisados] sin sentirse humillados y muchos se alegran en mi presencia.”

“Yo he deseado que fuese así. Y aun más, yo he tratado de que así sucediese. Que se presenten ante mí como si pidiesen justicia, como se exige un derecho.”

La actualidad de este pensamiento es absoluta. Las Sociedades de Beneficencia están en desuso, pero existen muchos políticos que piensan que la pobreza es parte natural de una sociedad capitalista, que el propio “derrame” desde arriba hacia abajo en algún momento lo resolverá. Por otro lado, están los que se “divierten” con la excusa de la pobreza: realizan estudios, propuestas de políticas públicas, reuniones sociales, ¡hasta tenemos organismos internacionales dedicados al “fin de la pobreza”, con ostentosas oficinas en todo el mundo!  Estos organismos son los mismos que siempre proponen “programas focalizados” para eliminar la pobreza, como si las causas de las injusticias sociales cayeran en el terreno de las decisiones individuales.

El Proyecto Nacional iniciado el 25 de mayo del 2003, liderado primero por Néstor Kirchner y hoy por nuestra Presidenta Cristina Fernández de Kirchner recuperó para la política y para nuestro movimiento justicialista una visión muy diferente sobre los temas sociales, visión que tiene su origen en el ideario del General Perón y por el cual Evita dio su vida. Una visión en la cual la injusticia social es indigna. Donde el Estado debe avanzar en el reconocimiento de derechos civiles y políticos, pero también en los derechos sociales. Esta concepción es la que guía las medidas más revolucionarias de esta época, como la Asignación Universal por Hijo, el Plan de Inclusión Previsional, la eliminación de las AFJP y creación del Sistema Integrado Previsional Argentino, el programa PROCREAR para financiar la construcción de viviendas, el programa Conectar Igualdad, el programa Argentina Trabaja, la inversión en niveles históricos en la educación pública, entre otros.

Así, al igual que hace 60 años, hoy hay algunos que usan la pobreza como excusa y hay otros que les produce indignación y trabajan incansablemente para que en la Patria “de los que vendrán después” la justicia social y la igualdad sean realidades efectivas. Falta camino por recorrer, porque como afirmó nuestra Presidenta cuando asumió su primer mandato:

“No habrá victoria definitiva mientas haya un pobre en la Patria”.

Roberto Arias

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