8 de mayo de 2017
Instituto Gestar

EL CAMBIO DEL CAMBIO

Posiblemente haya sido el discurso de Macri en la apertura de las sesiones ordinarias del parlamento, el 1 de marzo, lo que haya inaugurado el giro estilístico en el discurso y en las prácticas que se perciben por estos días en Cambiemos. Muy atrás quedaron la “simpatía”, la buena onda y los globos de colores, el presente nos muestra la otra cara de la moneda: falta de diálogo, confrontación agresiva y represión.

Quizás ese mismo discurso inaugural fue la anticipación obligada de dos meses caóticos, con múltiples marchas multitudinarias, un conflicto docente aún sin resolución y varios paros nacionales de sectores diversos – destacándose el primer paro general de la CGT unificada el pasado 6 de abril-. En el medio, una bocanada de aire para el macrismo fue la marcha del 1A, que animó al presidente a disparar un sincero tuit: “Sin colectivos ni choripán”, del cual se desdijo – casi esquizofrénicamente – minutos después: “El choripán es lo más rico que tenemos”. Pero por supuesto que esto no alcanzó para ocultar su evidente desprecio clasista, ni mucho menos para inclinar la percepción social sobre un diagnóstico muy claro: la actual política económica no funciona – o visto desde otra óptica, sí funciona pero para unos pocos sectores del poder concentrado -. De estos meses nos quedan las peores muestras de lo que el PRO es capaz si se encuentra en un estado de desesperación: la represión a los docentes en la Plaza Congreso es una fotografía que se nos aparece como una imagen anacrónica, como el indicio de una violencia innecesaria y triste. Pero quizás lo más sorprendente sea la opinión generalizada de analistas y consultores, quienes coinciden en que este giro agresivo responde a una estrategia preelectoral de pragmatismo tecnócrata, que no por banal deja de ser peligrosa para la sociedad. Esta se complementa, además, con una apelación intermitente -es decir, cuando le conviene al gobierno- a una teoría conspirativa y desestabilizadora de algún difuso o no identificado enemigo.

Muy atrás quedaron la simpatía, la buena onda y los globos de colores, el presente nos muestra la otra cara de la moneda: falta de diálogo, confrontación agresiva y represión.

Los principales dirigentes de Cambiemos se fueron adaptando camaleonicamente al nuevo tono político, por ejemplo el jefe de Gabinete, Marcos Peña, quien cambió papeles por gritos en su última presentación ante los diputados nacionales. Otro caso ejemplar es el de María Eugenia Vidal, quien por órdenes del mismo presidente y de Durán Barba, encabeza una intransigente lucha contra los docentes de su provincia. La favorita del  establishment pasó de ser una “encantadora” conurbanense en campaña a una envalentonada rompe-huelgas. En el origen de estas nuevas actitudes se encuentra la realidad social de muchos argentinos que abofetea a los CEOs del PRO y una serie de encuestas del gurú que comenzaron a mostrar que la cosa no viene como pensaba; ergo, hay que cambiar el rumbo: firmeza, agresividad y proactividad del gobierno (100y del Estado) para intervenir en cuestiones claves de la política. En este sentido, la atrevida cruzada incluye al poder judicial, con avanzadas inéditas que presionan jueces y fiscales que fallan a favor de la oposición, de los gremios o de cualquiera que se quiera expresar en contra de los embates del gobierno. Recordemos sólo breves casos para ejemplificar: el de Jorge Triaca pidiendo el juicio político a los jueces que avalaron la paritaria bancaria, Esteban Bullrich recusando a la jueza Dora Temis por ordenar que el gobierno bonaerense devuelva lo descontado por los días de paro del año pasado, María Eugenia Vidal exigiendo la suspensión de la personería gremial del Suteba, entre muchos otros casos.

En el origen de estas nuevas actitudes se encuentra la realidad social de muchos argentinos que abofetea a los CEOs del PRO y una serie de encuestas del gurú que comenzaron a mostrar que la cosa no viene como pensaba.

Tan preocupante como estos hechos son los distintos sucesos irregulares en los que aparecen involucradas las fuerzas de seguridad, por ejemplo, la aparición de la policía bonaerense en distintos establecimientos escolares de La Matanza y Benito Juárez para tomar nombres, apellidos y datos de afiliación gremial de quienes se encontraban de paro, trayendo hacia el presente acciones propias de un Estado de excepción del pasado que pretende cercenar derechos y crear miedo en la población. Pero quizás el caso más bochornoso sea el sucedido en la provincia de Jujuy, donde las fuerzas policiales ingresaron -violando la Ley de Educación Superior- a la universidad sin orden de allanamiento autorizada por la Justicia, golpearon a estudiantes y detuvieron a dos militantes del Centro de Estudiantes. Estas imágenes se multiplican y proliferan en medios alternativos y redes sociales: oficiales armados en el Colegio Mariano Acosta, gendarmes interrogando a artistas callejeros, policías atacando ciudadanos, etc.

Este giro agresivo responde a una estrategia preelectoral de pragmatismo tecnócrata, que no por banal deja de ser peligrosa para la sociedad.

Desde otro punto de vista, el cambio del cambio tiene que ver con una lenta pero constante sangría en las filas PRO: un antecedente significativo fue el movimiento de piezas que sacó del tablero a Carlos Melconian, un “blando” si lo comparamos con su reemplazo, Javier González Fraga, un elitista provocador del cual ya hemos escuchado los peores exabruptos. Otra salida relevante fue la de Daniel Chain, nada menos que el Secretario de Obras Públicas, un área clave para disciplinar voluntades en el año electoral. Y entre muchos otros, mencionemos tres casos peculiares: el primero el de Martín Lousteau, nada lento para advertir que la polarización que pretende el macrismo no le es conveniente -y ahora pide jugar en la interna de Cambiemos-; el segundo, el del director del INCAA Alejandro Cacetta, con una renuncia sospechosa e “inducida” que generó una sucesión de protestas en el sector audiovisual; y por último, un caso con tintes epistolarios, el portazo vía carta pública de José Sureda, segundo de Aranguren que cerraba su misiva de manera categórica: "Jamás podrá Usted gestionar con éxito sin un equipo. Y sin confianza ni respeto no hay equipo". Un ataque discursivo a varias de las palabras claves del PRO.

Sea como sea, el macrismo asume por fin una realidad contundente: gobernar no es tan fácil como prometer.

Por estos días ya no se habla de “segundo semestre”, de la “lluvia de inversiones”, ni de “unir a los argentinos”, por el contrario, se actúa en la coyuntura, no se promete de forma absoluta la famosa reactivación y se fomenta  de manera permanente la grieta social. Sea como sea, el macrismo asume por fin una realidad contundente: gobernar no es tan fácil como prometer. Por ello, el estilo de liderazgo zen de Macri se fue al cuerno, para decirlo en términos criollos, y la “esperanza de un futuro mejor” se enreda en las ramas contradictorias de la precampaña: es necesario profundizar el ajuste pero se acercan las elecciones, hay que mostrarse duros con los docentes pero ya entramos a mayo y la gente no ve bien que las clases no se regularicen -después de todo el costo político no lo pagarán solo los docentes-, aquellos maestros que ayer, en la plataforma de Cambiemos, eran héroes y hoy son villanos. De igual manera, todos los sindicalistas, antes responsables, ahora son mafiosos; los trabajadores, protagonistas en la Argentina del cambio, hoy son vagos que le complican la vida a las empresas; y el mismo presidente, antes buen representante de la oligarquía nacional, hoy ¡“es peronista”! – a juzgar por el acto organizado por el Momo Venegas en Ferro, donde Mauricio disparó varias de las máximas elaboradas por la filosofía justicialista. Un nuevo relato, algo posmoderno, bastante posverdadero, que deberá enfrentarse en los próximos meses al pais real, de carne y hueso, el que adolece de problemas serios y se expresa en las calles, el país de los ciudadanos que en poco tiempo deberán decidir, en todo caso, cual es el cambio que realmente quieren.

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