28 de marzo de 2014
Instituto Gestar

El Club de París y el Desarrollo Nacional

Los países miembros del Club de Paris invitaron a Argentina a comenzar formalmente las negociaciones para resolver la disputa en torno a la deuda, a fines del mes de mayo.

Esto implica cerrar el proceso de normalización que inició Néstor Kirchner en el año 2003 de la deuda declarada en default, durante la crisis del 2001. Hoy, la única porción remanente (100no regularizada) es la deuda con el Club de Paris y la deuda que no entró al canje, una parte de la cual está en disputa judicial en la Corte Federal de Nueva York.


El Club de Paris reúne a un conjunto de organismos oficiales de crédito de los países desarrollados, y una regularización de la misma implica una mejora considerable en la relación con esos países.

Además, tener esta situación resuelta implica tener más opciones tecnológicas a la hora de decidir inversiones (100YPF, trenes, centrales eléctricas, telefonía, etc.) y de financiar las mismas a largo plazo y bajo costo.

Por otra parte, los organismos oficiales que conforman el Club de Paris son agencias de crédito que garantizan operaciones privadas. Todas las operaciones entre privados (100comerciales o financieras) que superen ciertos plazos requieren de garantías que no se cubren en los mercados reaseguradores. Las entidades públicas de los países miembros del Club de Paris cubren los riesgos políticos y los plazos largos. Estas garantías bajan los costos y hacen viables las operaciones. Por este motivo, las empresas argentinas se verán beneficiadas con la reapertura de créditos internacionales, ya que de esta forma podrán acceder también a líneas de crédito de largo plazo y bajo costo.

Estas son las ventajas evidentes de la resolución definitiva de esta controversia. Sin embargo, también debemos señalar los riesgos que conlleva o mejor dicho los efectos negativos no deseados de los cuales el país debe estar preparado. Los países industrializados hoy compiten a nivel mundial no sólo mediante menores costos de producción o economías más competitivas, sino también a los esquemas de financiamiento que ofrecen sus economías, muy líquidas y con pocas opciones de inversión rentables.

Esto es, los productos y servicios alemanes, españoles o italianos no siempre son los que tienen la mejor relación calidad/precio, pero los productores y proveedores de estos productos y servicios tienen la enorme ventaja de poder acceder a determinados mercados gracias a un financiamiento de largo plazo y a tasas muy bajas, mientras que empresas de otros países no tienen el mismo tratamiento. Este “dumping financiero” no está reglamentado por la Organización Mundial de Comercio, pero es claramente una herramienta de transferencias de recursos efectiva, de la periferia al centro, como en otra época eran las economías coloniales, o los términos de intercambio desigual.

Hoy, al igual que los últimos 200 años de historia, el capitalismo internacional no es neutro, juega siempre a favor de los grandes bancos, las grandes empresas y los Estados de los países industrializados, y la herramienta principal que utiliza hoy es el capital financiero.

El desafío es entonces encontrar los mecanismos para, una vez resuelta la controversia respecto al Club de Paris, el país y las empresas argentinas puedan beneficiarse de este nuevo contexto, y no se vean perjudicadas por una competencia desleal por parte de empresas de los países desarrollados con un capitalismo financiero excesivamente desarrollado.

Roberto Arias

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