16 de febrero de 2011
Instituto Gestar

El Harakiri del FMI

Un informe demoledor presentado este mes por la Oficina de Evaluación Independiente del FMI sobre el desempeño del organismo financiero antes y durante la crisis de 2008 detalla equivocaciones tan elementales y situaciones tan abiertamente fraudulentas que llama la atención que la comunidad internacional no se haya eco.

Empecemos por las fallas básicas que cuestionan la utilidad del FMI. El documento afirma contundentemente que el organismo no anticipó la crisis ni su magnitud y que la creencia en la solidez de los mercados e instituciones financieras relajó cualquier urgencia de preocupación. También indica que las actividades de vigilancia no estuvieron atentas a los riesgos de contagio entre las economías avanzadas y, de hecho, durante gran parte del periodo 2004-2007 el FMI casi no consideró que el deterioro del sector financiero y las cuestiones regulatorias estuvieran relacionadas con la política monetaria, los desequilibrios mundiales, el auge crediticio y las burbujas emergentes.

Es más, en abril de 2007 el mensaje principal del FMI era de “continuo optimismo dentro de un prevalecientes ambiente global benigno”. Según el informe, a esta creencia la reforzó el prolongado periodo de crecimiento global y baja volatilidad financiera que generó la idea que podía evitarse cualquier recesión seria, y que la economía mundial había entrado a un periodo de “Gran Moderación”. El FMI llegó a alabar y recomendar la escasa regulación y supervisión de Estados Unidos y Reino Unido que permitió la rápida innovación financiera que, paradójicamente, finalmente contribuyó a la crisis.

Pero si la mera inutilidad ya de por sí resulta preocupante, los sesgos del FMI que obedecen a la sumisión al poder ponen en tela de juicio su credibilidad. Por ejemplo, el informe señala que dado el éxito del Ejercicio de Vulnerabilidad para identificar a los países propensos a crisis, llama la atención que éste se haya enfocada solamente a países emergentes. “El FMI pareció ignorar el hecho de que un número de economías avanzadas también había sufrido serias crisis financieras en el pasado no muy lejano”, reza el informe. Si en 2003-2004 algunos directores ejecutivos del FMI sugirieron incluir las economías avanzadas, ¿por qué fueron excluidos? El documento, citando personal de algo rango, indica que “sería incómodo informar a las autoridades correspondientes la inclusión de su país”.

Por si fuera poco, el documento explica que los equipos de trabajo parecen sentirse más cómodos presentando análisis crudos a las autoridades de economías menos avanzadas o de mercados emergentes, confirmando la creencia de falta de igualdad en la supervisión. Además, muchos trabajadores del FMI creen que “no se puede decir la verdad a las autoridades” porque “… perteneces a esos gobiernos”.

El descrédito mayor se refiere a que al cuestionar el posible papel de las limitaciones políticas en la falla del FMI, la auditoria reconoce abiertamente que la respuesta es multifacética porque éstas “tienen muchas dimensiones, incluyendo solicitudes para alterar el mensaje de los informes … percepciones de presión de las autoridades que llevan a la autocensura y solicitudes para seguir ciertas iniciativas de política”.

De hecho, al abundar sobre el caso de los mercados emergentes, particularmente los países exportadores de productos primarios como la Argentina que habían sufrido severos golpes en crisis previas pero que registraban superávits de cuenta corriente antes de la crisis, el informe admite que algunas autoridades sentían que el FMI los presionaba para reducir el ritmo de acumulación de reservas “excesivas” (100lo que finalmente los ayudó a superar lo peor de la crisis), reflejando “presiones políticas de los miembros de economías avanzadas para encarar los desequilibrios globales en el mejor beneficio de sus intereses nacionales”.

La realidad está a la vista, con todo y sus crudas implicaciones. Resultará interesante seguir con atención sus repercusiones. Seguramente, la hegemonía dominante encontrará la forma de matizar el contenido y suavizar los bordes. Siempre lo ha hecho y cuenta con toda una estructura de respaldo. Pero más allá de todo, hoy por hoy los argentinos podemos estar orgullosos de un gobierno nacional que envuelto en una aparente cruzada quijotesca se atrevió a desafiar premisas, a pensar libremente, a ser el arquitecto de su propio destino. Ahora más que nunca toman sentido las palabras de Cristina Fernández de Kirchner: “La Argentina tiene un modelo de país y de acumulación que podemos mostrar con mucho orgullo en los grandes centros del mundo y frente a los países más desarrollados”.

Roberto Arias
Economista
GESTAR

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