25 de octubre de 2012
Instituto Gestar

El Legado de Néstor Kirchner

Dentro de pocos días, el 20 de noviembre, conmemoramos el Día de la Soberanía Nacional, recordando la Batalla de la Vuelta de Obligado que implicó el enfrentamiento, en inferioridad de condiciones materiales pero con la fortaleza que dan las convicciones profundas, de las fuerzas nacionales comandadas por Juan Manuel de Rosas contra la escuadra anglo-francesa. Lo que hoy sucede con nuestra Fragata Libertad es la expresión palmaria de que nuestro país sigue siendo rehén de decisiones tomadas en períodos recientes, cuando el valor de un bono público era más importante que inmunidades y derechos internacionales que nunca deberían haberse renunciado, porque hacen a la esencia de un país soberano.

Otros personajes históricos tuvieron un derrotero más directo. El General Perón, así como Evita, irrumpieron a la escena nacional con un objetivo muy claro: la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación. Los más humildes, los descamisados expresaron enorme gratitud hacia sus líderes y acompañaron siempre en escenarios de dicha y también en los adversos.

El legado de Néstor Kirchner forma parte de estas historias de vida que irrumpen en la escena nacional y en pocos años dejan una marca que, estamos convencidos, será indeleble a los trajines de la historia. Fugaces cronológicamente, pero que dejan profundas marcas en la historia. Es difícil imaginar que Néstor Kirchner fue presidente sólo cuatro años, un mandato. Que desde que irrumpió en la política nacional, haciéndose cargo de un país en llamas, quebrado, desmoralizado y más pobre que nunca, hasta su fallecimiento, pasaron poco más de seis años.

Parece poco porque vemos su obra: el país creció, mejoraron todos los indicadores sociales y económicos, se reconstruyó un Estado cuya razón de ser es la defensa de los más desprotegidos, recuperamos la memoria, la verdad y la justicia, se distribuyó mejor la riqueza, comenzamos un proceso de desendeudamiento que nos asegura hacia el futuro la independencia económica y fuimos protagonistas de muchas otras acciones que por sí solas justificarían la importancia histórica de nuestro querido líder.

Pero con los años vemos dos legados aún más importantes que la gestión de gobierno de Néstor Kirchner.

En primer lugar, Néstor recuperó la política como única herramienta realmente válida para transformar la realidad. Los jóvenes hoy participan en política, saben que es la forma de eliminar las injusticias, de construir un país mejor a través de la militancia que dio contenido a la democracia y a la soberanía popular y hoy, estos términos no significan sólo elecciones cada dos años, sino que son valores que nos costó recuperar y que en el día a día deben revalorizarse. Aquí es donde nuestro propio Instituto, como espacio de Formación Política del Partido Justicialista, cumple un rol estratégico en la formación de los cuadros del peronismo y en la construcción de espacios permanentes de debate sobre los ejes estratégicos del proyecto nacional y popular.

El segundo gran legado de Néstor Kirchner es el fuerte liderazgo construido a la par de Cristina en sus años de militancia juvenil y que hoy se expresa en la conducción de la compañera Presidenta. A pesar del profundo dolor que nos provocó y nos sigue provocando la desaparición de nuestro líder, el Proyecto Nacional no quedó huérfano porque Cristina, al igual que Néstor, logró unidad de concepción y acción para afirmar como destino único la razón de ser profunda del peronismo: la justicia social.

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