10 de mayo de 2016
Instituto Gestar

EL PRIMER DEPORTISTA ES JUSTICIALISTA

por Rodrigo García Lacombe

 

…por esta razón, señores, el plan consiste en una cosa muy sencilla:

vamos a dedicarnos a que todos los instrumentos de enseñanza y de

educación en el país tengan un aspecto deportivo…

Juan Domingo Perón

 

Estas palabras del general Juan Domingo Perón en el acto de clausura del II Encuentro de Delegados Deportivos en 1955 muestran en esencia su modo de actuar, la simple y llana actitud del “hacer”, del planear una formación clara y precisa de las aplicaciones de sus políticas en actos, en hechos concretos, en este caso, de sus aspiraciones en cuanto a políticas deportivas.

 

 

 

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Una breve reseña histórica de la vida del general Perón lo muestra como un eximio deportista. Durante sus años como cadete militar se desempeñó en diversas actividades deportivas. Se destacó principalmente en esgrima, básquet y boxeo. El general mismo comentó en entrevistas radiales sobre estas experiencias y vivencias, así como del desconocimiento que existía por aquel entonces del deporte mismo y de las pocas herramientas con las que se contaba para su capacitación. Incluso su incursión en el boxeo fue interrumpida por un mal vendaje hecho por él mismo, que lesionó sus manos; esto lo obligó a volcar su interés en otro deporte: el esgrima. Llegó a ser campeón nacional y representar a la Argentina en las Olimpíadas de París de 1924.

 

La visión de este gran dirigente político sobre el deporte era muy amplia. Básicamente, distinguía al deporte como parte esencial del desarrollo de una persona, consideraba que “la inteligencia debe despertar en un cuerpo sano y vigoroso…”. Hacía referencia a la cultura griega y a su idea de equilibrio entre cuerpo y alma o, como él prefería decir, “espíritu y naturaleza”, según escribe en La comunidad organizada. Allí también menciona el yoga como ejemplo. Ya en el poder, Perón comprende que el deporte no sólo es un instrumento formador y un complemento esencial en el desarrollo del individuo, sino que también es una herramienta estratégica y fundamental de integración.

 

Perón, entre otras cosas, es el primero en traducir los reglamentos del atletismo enviados desde Alemania. Coloca el deporte en los medios y en el habla popular, recibe a campeones de distintas disciplinas en la Casa Rosada, otorga menciones y premios, y hasta establece amistad con los deportistas más resonantes de la época: Juan Manuel Fangio, José María Gatica, Delfo Cabrera, Pascual Pérez, entre otros. Construye centros de entrenamientos de alto rendimiento deportivo, como el hoy reconocido Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (100CENARD), cuyas instalaciones actuales se asientan donde por aquel entonces funcionaba el Club de Correo y Telecomunicaciones. Por el decreto 15.859 el 23 de agosto de 1953 ese predio pasa a manos del Ministerio de Educación, con el objetivo de transformarlo en un recinto de formación de los jóvenes deportistas, dentro de la gran reforma cultural planteada por el justicialismo.

 

El aporte del justicialismo en sus dos primeros gobiernos marcó un antes y un después en el deporte como en todos los aspectos de la comunidad, con una enorme inversión edilicia en clubes, piscinas y gimnasios de las grandes ciudades, comunas, pueblos y capitales de todas las provincias de la Argentina. El propio Perón explica la importancia de los clubes de barrio para la capacitación, integración y sobre todo contención de los jóvenes en ellos: “El Estado va a hacerse cargo de lo que hasta ahora cayó en las cansadas, esmeradas y notables espaldas de nuestros clubes y deportistas”. Sólo en la provincia de Buenos Aires nacieron más de noventa clubes de barrios construidos por el Estado y administrados luego por los vecinos. El Estado peronista tenía por fin que de esta manera los jóvenes se formaran socialmente dentro de un círculo virtuoso, así repartían su tiempo entre su casa, la escuela y los clubes. En la misma dirección debemos enmarcar la política desarrollada por la Fundación Evita, por ejemplo, inaugurando en 1949 la Ciudad Infantil Amanda Allen en el barrio porteño de Belgrano, donde se realizarían los Campeonatos Evita, hecho que generó una de las herramientas deportivas más importantes de integración en la historia de nuestro país. Estos campeonatos dieron comienzo en 1948, patrocinados por la Fundación Eva Perón. En sus inicios sólo había torneos de fútbol y años después se fueron incorporando otras disciplinas como básquet, atletismo, esgrima, natación y tantas otras actividades, que se hicieron extensivas a todo el país. La importancia de estos juegos para Eva no se encontraba sólo en la actividad lúdica misma, sino también y primeramente en la integración, la participación y el sentido de pertenencia de las clases sociales más bajas en los eventos deportivos. Fue entonces cuando por primera vez muchos de los niños de nuestro país recibieron una revisación médica integral para formar parte de las competencias. Ya en el segundo año de los juegos participaron más de cien mil niños, entre quienes se descubrieron muchos talentos de aquella época, como José San Filippo, Silvio Marzolini, José Yudica e incluso, ya más cerca en el tiempo, en la edición de 1974 el mismo Diego Armando Maradona. Los juegos Evita fueron, como la mayoría de las políticas, proyectos y acciones del justicialismo desarmados después del derrocamiento del general Perón en 1955 y que se restablecieron con el mismo líder en 1973.

 

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Podemos decir que durante el período peronista las políticas deportivas emanaban de un Estado presente y responsable cuyo objetivo era la formación e incentivación de los deportistas, el uso del deporte como método indispensable para la integración de niños, jóvenes adultos y tercera edad, especialmente de los sectores trabajadores y populares. Después del golpe militar perpetrado por la revolución “fusiladora”, el deporte pasó a tener como meta el disciplinamiento social y apeló para ello a métodos propios de la disciplina militar implementada desde los colegios, profesorados, fundaciones y clubes, utilizando también al deporte para enmascarar las atrocidades cometidas por regímenes militares genocidas. Un buen ejemplo es el controvertido mundial realizado en 1978, pagado íntegramente con la generación de deuda externa y con el único y oscuro propósito de ocultar una realidad de represión ilimitada y salvaje transferencia de ingresos a favor de los grupos concentrados de la economía. Con la vuelta de la democracia se activaron algunos aspectos deportivos básicos en cuanto a los clubes, pero dejando de lado en casi su totalidad los objetivos de integración y formación del deporte, mientras que en la tediosa y destructiva década del 90 éste se vio afectado radicalmente, pues se lo convirtió en una cuestión meramente farandulera, donde la figura del deportista exitoso ocupó el centro de la escena, donde se lo destacó por su individualismo, alejado del contexto social y de la realidad del país.

 

Recién en 2003 el deporte vuelve a ser objeto de políticas nacionales a través de un Estado nuevamente presente. Inmediatamente después de la asunción de Néstor Kirchner se activan políticas deportivas de formación e integración social, vuelven los Campeonatos Evita, expandiendo en esta nueva etapa los juegos a todo el país y agregando paulatinamente más disciplinas, como tenis de mesa, tiro y judo, entre otras. Además, se suma también un factor de gran importancia para la inclusión: ampliar el rango etario de los juegos, para jóvenes, adolescentes y tercera edad, al igual que integrar los juegos adaptados para las personas con capacidades diferentes.

 

Se retomó la capacitación de los deportistas y en el alto rendimiento fue donde se generaron grandes avances. El CENARD fue restaurado y modificado, agrandando sus gimnasios, piscinas e incluso haciéndolo más funcional y ampliando las horas de uso. En 2009 la presidenta Cristina Fernández a través del Congreso de la Nación sancionó con la ley 26.573 la creación del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (100ENARD), desde donde se posibilita a través de fondos mixtos, públicos y privados, con el apoyo de la Secretaría de Deportes del Ministerio de Desarrollo de Nación, el otorgamiento de becas a los deportistas. Esto les permitió contar con la libertad económica para el entrenamiento y con las herramientas necesarias dentro de los predios deportivos nacionales y privados. A la fecha, hay más de 1.800 deportistas becados en todas las disciplinas que se practican.

 

“El ENARD me dio el plus para alcanzar el máximo rendimiento por la inversión que hizo, el acompañamiento y el seguimiento. Debido a todo eso, los atletas estamos muy agradecidos”, afirma Sebastian Crismanich, atleta de la Selección Argentina de Taekwondo y campeón olímpico. 

 

Dedicado a las políticas de inclusión, el kirchnerismo ha sabido interpretar y entender a la perfección las pautas del justicialismo y de los gobiernos del general Perón y su compañera Eva. Esto es tan real que en la presentación del programa “Políticas Públicas del Bicentenario”, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, como primer paso hace referencia a la actividad física como base del desarrollo saludable y la integración de todos los ciudadanos, a través de políticas deportivas integradoras. Estas políticas y planes han obtenido que en esta etapa más cuatrocientas mil personas participaran de actividades físicas y recreativas en familia. Además, 5.533 clubes de barrio de todo el país recibieron apoyo financiero y capacitación.

 

El peronismo ha concebido el deporte como un todo en la formación de las personas, asignándole una importancia central como motor de la integración social, saltando las barreras etarias, las capacidades diferentes y hasta las diferencias económicas y de clase. Asimismo, ha sido para los gobiernos justicialistas un elemento de gran importancia para proteger la salud, para propender al desarrollo espiritual, para generar una conciencia de desarrollo de la construcción colectiva y de su interacción con la comunidad. En los últimos doce años no se ha hecho más que agrandar este legado aplicando los nuevos medios tecnológicos en pos de mejorar cada uno de los aspectos ya planteados, desarrollando políticas de integración adecuadas a la época y a las nuevas problemáticas de la sociedad actual. 

 

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