11 de marzo de 2020
Instituto Gestar

El rol de Argentina en la región

Concluida la
primera gira presidencial por Israel y Europa, Alberto Fernández dejó una clara
imagen de cuál será el rol de Argentina en el mundo en los próximos años de su
presidencia. Entendiendo, principalmente, que la geopolítica no se mide en
términos de amistades o de fotos, sino en términos de relaciones entre Estados y
compromisos entre pares, en un mundo donde los intereses económicos se ponen
sobre la mesa a la hora de negociar. Un contexto global marcado por relaciones
de poder con claros patrones de intercambio desigual, como también por
potencias que tanto desde Occidente como de Oriente, buscan el mayor control
sobre los términos de intercambio.

En este mundo,
que el Presidente definió como multidimensional en su discurso de apertura de
las 138° sesiones ordinarias,la estrategia del dinamismo
pragmático permitirá una nueva reinserción del país al esquema mundial. Fue así
como Alberto Fernández llevó adelante reuniones con mandatarios de Israel,
Alemania, Francia, España, Italia y la Santa Sede. De todas las reuniones
oficiales que sostuvo podemos marcar un factor común que se repitió entre los
distintos líderes que visitó: el rol que cumple Argentina en la región como
estabilizador y el consecuente liderazgo de Alberto Fernández como Presidente, en
una región marcada por desequilibrios tanto democráticos como económicos; y en donde
la fortaleza institucional del país se transformó en una política de estado,
que trasciende los límites de nuestra política local, y se replica como ejemplo
tanto para los países de América Latina, como para el resto de los países del
mundo.

La estrategia
argentina de fortalecimiento institucional en instancias de organismos
multilaterales posicionó al país en un rol de genuino liderazgo. En muchas
oportunidades, esta estrategia nos transformó en un porta voz de la región. No
es casual que, en cada reunión que sostuvo el presidente durante su gira, los
diferentes mandatarios le expresaran su interés en que Argentina sea la puerta
de ingreso de los países que ellos representan para con la región.

En un presente
que nos da muestras de los efectos negativos de la desarticulación de
instancias regionales de gran importancia como UNASUR y MERCOSUR, es menester y
es, sin dudas uno de los principales desafíos de las relaciones internacionales,
reconstruir estos espacios, para facilitar el dialogo entre los diferentes
países. Pero también para mostrar una solidez regional que nos de autonomía
frente al resto del mundo a partir de la consolidación de nuestra identidad
latinoamericana. Tanto los intercambios comerciales como los intercambios
culturales son de vital importancia para el desarrollo económico inclusivo
entre los diferentes países, y permiten destacar nuestra pertenencia a una
región la cual no cederá ante ningún interés hegemónico. Es por ello que,
revitalizar UNASUR como instancia de dialogo de los diferentes posicionamientos
ideológicos, es una prioridad en pos del entendimiento mutuo.

Si Argentina
puede leer esta coyuntura regional podrá recuperar su lugar de liderazgo. Más
allá de los intereses propios del país en vista de potenciar nuestras
exportaciones, los intercambios con el mundo en materia de ciencia, tecnología
y desarrollo productivo impulsarán una estrategia regional, que le permitirá al
país equiparar condiciones de negociación con grandes potencias comerciales
como China y Estados Unidos. De esta forma, se hará partícipes de instancias
institucionalizadas a los países de la región, presentándose como un bloque. Esto
generará necesariamente una presión a las potencias a la hora de negociar, ya
que las mismas ven con buenos ojos los mercados locales, y son conscientes del
gran capital humano y de la gran riqueza natural de América Latina.

Uno de los
logros de la década ganada, fue la consistencia de una política de Estado que
reposicionó nuestro país a nivel mundial, alejándolo de la lógica de países
desarrollados y subdesarrollados – lógica en la cual la región se vería
obligada a reprimarizar su economía y aceptar patrones de intercambio desigual,
convirtiéndonos en mercados donde colocar la producción de las grandes
potencias-. Hoy Alberto Fernández tiene la posibilidad de recuperar este cause,
dando importancia al respeto del derecho internacional, donde los derechos
humanos sean un horizonte de ampliación de derechos para el pueblo, y sin
perder de vista el cuidado del medioambiente, defendiendo la soberanía
nacional.

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