14 de marzo de 2013
Instituto Gestar

Ellas hacen

Dos ideas centrales se destacan del discurso que diera ayer la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner en Tecnópolis al anunciar la implementación de «Ellas hacen», una nueva etapa en el Programa Ingreso Social con Trabajo, «Argentina Trabaja», destinada a mujeres madres de los sectores sociales más vulnerables.

«Ellas hacen» es un programa destinado a cien mil mujeres y tiene como objetivo la conformación de cooperativas de trabajo para que lleven a cabo tareas en sus barrios a la vez que se capacitan y terminan sus estudios primarios y/o secundarios. El ingreso al Programa garantiza a las mujeres cobertura de seguridad social a través del Monotributo social y un ingreso justo que cobran en forma directa a través de una tarjeta bancaria.

Frente a las ya conocidas frases como «los planes sociales fomentan la vagancia» o la célebre «la asignación universal se va por la canaleta del juego y la droga» del senador radical Ernesto Sanz, Cristina reafirma la identidad del proyecto nacional y popular con la doctrina peronista, poniendo nuevamente en valor el trabajo como organizador social. Como peronista de toda la vida que persigue la Justicia Social como bien supremo, la Presidenta explicitó una idea: el trabajo es el único eje de inclusión social para los sectores más vulnerables. Además, destacó la necesidad de articular trabajo y educación para integrar en todas sus dimensiones a esas mujeres que sufren esta segunda idea implícita en las palabras que ayer pronunciara Cristina: la feminización de la pobreza.

Como sabemos, la pobreza es una definición que no se agota en medir los ingresos económicos de un hogar o determinar el acceso a bienes y servicios. Si bien, cada país establece un piso de dignidad y derechos, la idea de pobreza es multidimensional, es subjetiva y se define en un tiempo y espacio: las necesidades de un niño patagónico, con una familia constituida y con uno de sus padres con trabajo, difieren de las de una niña de nuestro Noroeste que vive sola con su mamá, jefa de hogar y desempleada. Así también, una mujer pobre, con hijos a cargo, que vive en un asentamiento, una villa o barrio emergente tiene o siente necesidades diferentes a las de un hombre en esas mismas situaciones. ¿Cuál es el factor que hace la diferencia? El género.

La redistribución del ingreso puesta en marcha desde 2003 por Néstor Kirchner y continuada por la actual Presidenta ha disminuido drásticamente los niveles de pobreza en nuestro país. De un 54% de personas bajo la línea de pobreza (100uno de los modos de medir este fenómeno), en el primer semestre de 2003, pasamos a un 6,5% para el mismo período en 2012. Sin embargo, este dato duro no permite ver la distribución por género de las personas que se encuentran en situación de pobreza. Las mujeres, en comparación con los hombres, se hallan en condiciones de mayor vulnerabilidad: porque quedan solas con hijos a cargo, porque no concluyeron sus estudios por haber sido madres jóvenes, porque si consiguen trabajo es de menor calidad que el que pueda alcanzar un hombre y si es de igual calidad, generalmente se le paga menor salario. Si agregamos a todos estos factores la situación de pobreza de las mujeres, la situación se agrava. Así lo expresó ayer la Presidenta, dando cuenta de que el crecimiento económico sostenido de nuestro país tiene una deuda que es llegar a los núcleos duros de la pobreza: allí, en las villas, donde están ellas.

Por eso allí llega el poder transformador del proyecto nacional y popular que trabaja por la inclusión social de todos los argentinos y argentinas, con el objetivo de generar ciudadanía urbana y, en consecuencia, la conciencia de que eso implica derechos y obligaciones. Por eso allí, donde el mercado excluye y abandona, este Estado dice una vez más ¡presente!

Maira Bernis

@mairabernis

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