26 de septiembre de 2014
Instituto Gestar

Escuela Superior Peronista

por Pablo Salinas
Coordinador del Área de Formación Política de Gestar

En el artículo dedicado a la revista Mundo Peronista de este número hacemos referencia al hecho de que la formación de cua-dros peronistas no tuvo lugar en la primera etapa de acceso al poder del general Perón. El perfeccionamiento formal de los diri-gentes peronistas comenzó cuando se creó, mediante decreto, la Escuela Superior Peronista (100en adelante, ESP) el 4 de diciembre de 1950. Fue el propio Perón quien explica en la clase inaugural de la ESP el 1º de marzo de 1951 el porqué de esta demora en la formación de cuadros:

La Escuela Peronista pudo haber empezado a funcionar en 1946. Esto que hemos hecho ahora lo podíamos hacer entonces, pero ¿quiénes hubieran venido a la Escuela Peronista? ¿Hubiéramos podido saber quiénes eran y hubiéramos podido seleccionar a los hombres que debían obtener por lo menos la iniciación de esta marcha en la preparación para la conducción?
Eso me hizo pensar muchas veces, y nunca me apuré. Algunas veces sentía la necesidad, pero prefería que siguiésemos desenvolviéndonos más o menos como íbamos.
Ahora que nos conocemos, ahora que entre nosotros mismos nos seleccionamos de acuerdo con nuestros valores morales, ahora un hombre sin condiciones morales que viniese a esta escuela, él solo se iría; no se encontraría cómodo.
Y en el futuro, con los cuadros auxiliares de la conducción haremos lo mismo.
El hombre que no esté a tono con las virtudes que deben tener los que conducen, o los que dirigen, no se sentirá cómodo entre nosotros.

La historia del general Perón es la historia de un cuadro formado. Desde joven fue perfeccionando sus conocimientos en el campo militar (100dada su preparación en el Colegio Militar) y también en la docencia. Esto le dio instrumentos para comprender globalmente los procesos, en un primer momento en el arte de la guerra, pero luego en el arte de la conducción política, como él mismo lo de-nominaba. Incluso estudiaba otros campos de la ciencia, como la botánica, a la cual le dedicaba mucho de su tiempo libre y de la que extrajo conceptos aplicables a la política.
Poseedor entonces de tal preparación intelectual y profesional, Perón era consciente de la importancia de ir formando al pueblo políticamente. Él lo llamaba la “elevación cultural de la masa”. En sus clases en la ESP lo expuso con claridad:
De ahí que yo crea que el peronismo tiene una función esencial que realizar dentro del pueblo argentino: ir elevando la cultura polí-tica, la cultura cívica del pueblo.
Sin eso estaremos siempre expuestos a que nos saquen la masa, engañándola; pero si le enseñamos a la masa a discernir por sí, a apreciar por sí, a comprender por sí, entonces estamos seguros de que no la volverán a engañar nunca más.
Y no engañada, no podrá irse con los que tienen la mala intención, sino que irá con los que tienen la buena intención.

En conclusión, puede afirmarse sin dudas que su educación militar lo formó completamente y le proporcionó un bagaje filosófico y práctico que luego aplicó a su accionar político y volcó como columna vertebral en la doctrina justicialista. El objetivo de este artículo no es describir los aspectos que Perón asimiló de sus aprendizajes en el campo militar para emplear en el político, sino simplemente brindar al lector las herramientas necesarias para comprender la génesis de la formación de cuadros peronistas.
Es esencial entender cómo fue el proceso de formación dentro del peronismo. Desde que Perón irrumpe en la vida política de nuestro país, millones de argentinos fueron sujetos de derecho hasta ese momento negados. Una gran parte de la población se manifestó contraria a este proceso de movilidad social ascendente e intentó (100lamentablemente a veces con éxito) detener el pro-ceso y no modificar el statu quo imperante. Es en este contexto en el que Perón comienza a elaborar su doctrina, la cual necesita-ba de cierto grado de madurez política y, al mismo tiempo, de un pueblo capaz de interpretarla y practicarla.
Los procesos históricos nunca son sencillos, suelen ser contradictorios y plagados de marchas y contramarchas. Solo a comien-zos de la década del cincuenta Perón institucionaliza el proceso de formación de cuadros en la Escuela Superior Peronista. Y esto se debió en gran parte a la necesidad de desarticular lo que en la época se conocía como “caciquismo” y “caudillismo”, propios de otro momento histórico argentino e inherentes a un modo de hacer política que excluía a las mayorías populares.

Organización de la escuela
El único director que tuvo la ESP desde su creación hasta el golpe de Estado de 1955 fue Raúl Mendé, entonces ministro de Asuntos Técnicos de la Nación, área que se encargó de diseñar el Segundo Plan Quinquenal. Era un reconocido médico e intelec-tual peronista que ocupó varios cargos en el gobierno y en el Partido Justicialista. Estuvo algunos años exiliado en Paraguay, luego retornó al país y falleció en 1963.
Desde el punto de vista académico, es ilustrativo repasar brevemente como estaba estructurada la formación de los cuadros pe-ronistas. Primero se asistía a un Curso Básico, luego de aprobar este se pasaba a un Curso Superior y se podía optar también por Cursos Especiales de Perfeccionamiento. Tales actividades duraban entre tres y seis meses. Los contenidos sobre los cuales se adoctrinaba eran los siguientes2:

Curso Básico:
Principios básicos del peronismo
Organización del peronismo
Realizaciones del peronismo

Curso Superior:
Justicialismo
Política social peronista
Política económica peronista
Ética justicialista
La constitución justicialista

Cursos especiales de perfeccionamiento:
Historia del Peronismo (100charlas magistrales de Eva Perón)
Conducción política (100charlas magistrales de Juan Domingo Perón)

En el examen que se tomaba al finalizar los cursos se aplicaba el "método del caso", que consistía en resolver situaciones hipoté-ticas que requerían el diseño de un "plan de acción" basado en el principio de la conducción política: "Ver, base para apreciar. Apreciar, base para resolver. Resolver, base para actuar".
Los destinatarios de los cursos eran, siguiendo a Camusso3, “varón o mujer en cantidades iguales en cada curso, que debían cum-plir con el requisito de ser afiliados al Partido Peronista con un año de antigüedad”. Además, era necesario que tres compañeros con responsabilidad sindical, política o de gobierno dieran referencias sobre cada candidato.
Las charlas magistrales de Perón y Evita estuvieron orientadas a la plana mayor del gobierno nacional y de las provincias, a la conducción del Partido Peronista Masculino, del Partido Peronista Femenino, de la Confederación General del Trabajo (100CGT) y de la Fundación Eva Perón.
La tarea de formación de cuadros de la ESP se articulaba para su complementación con las escuelas peronistas de cada provincia y las escuelas sindicales.
Evita en la ESP
Las nueve charlas magistrales que ofreció Evita en la ESP, luego fueron reunidas en el libro Historia del peronismo, editado por la escuela como material de difusión. La primera de las charlas fue el 15 de marzo de 1951.  Eva, de solo 32 años de edad, expre-só:

Es para mí un placer y un honor muy grande poder hablar a los peronistas desde esta tribuna y, sobre todo, poder hacerles llegar mi modesta voz en una de las materias más queridas para los peronistas: "La historia del peronismo". Cuando el director de la Escuela Superior Peronista me pidió que yo dictase un curso extraordinario en ella, advertí su gran importancia y quise medir la responsabilidad que significaba para mí el narrar, en cierto modo, el extraordinario capítulo de nuestra historia que estamos vi-viendo y que las generaciones venideras sabrán apreciar, porque en él estamos construyendo la grandeza de la Nación.

Sus clases hacían un recorrido histórico por personajes como Licurgo o Napoleón, pero siempre haciendo eje en la figura del conductor del movimiento:
 
La historia del peronismo, como la definiré más adelante, se reduce a dos personajes: el genio y el pueblo, Perón y los descami-sados. Para tomarla, hay que tomarla profundamente, y yo quiero llevar esto un poco por la historia universal, para después si-tuarnos en la historia que nosotros los argentinos estamos escribiendo a diario con nuestro apoyo, con nuestra fe y con nuestro trabajo silencioso y a veces de renunciamiento, para colaborar con la obra ciclópea y patriótica del general Perón.
Pero no nos conformamos con eso los peronistas, porque el general Perón es hombre de creaciones y de realizaciones. Es por eso que se ha creado esta Escuela Superior Peronista, para esclarecer mentes, para que conozcan, sientan y comprendan aún más, si es posible, esta doctrina, de la cual algunos de ustedes serán los realizadores y otros, como dijo nuestro querido Presi-dente y Líder, los predicadores, que irán por todos los caminos polvorientos de la Patria desparramando las verdades de esta Nueva Argentina y de un genio al que debemos aprovechar: no se olviden que –según dijo Napoleón– los genios son un meteoro que se queman para iluminar un siglo.

Una de las ideas desarrolladas por Evita es que no podía comprenderse la historia del peronismo sin comprender la historia na-cional, afirmación que, a lo largo de las clases, iba profundizando con ejemplos y con una particular convicción:
La doctrina peronista, como todas las grandes doctrinas, ha sido combatida, ha sido difamada.
Y podrían terminar con Perón, pero no podrán terminar con la Doctrina Peronista.
La historia del peronismo no se comprende sino como una coronación definitiva de toda la historia nacional.
La historia nacional es, en síntesis, la historia de todas las luchas de nuestro pueblo por alcanzar su felicidad y grandeza, y esa felicidad y esa grandeza solamente puede poseerlas un pueblo cuando es socialmente justo, económicamente libre y políticamen-te soberano.

Perón en la ESP
En la clase inaugural, Perón definió las cuatro misiones de la escuela: 1) desarrollar y mantener al día la doctrina; 2) inculcarla y unificarla en la masa; 3) formar los cuadros justicialistas; y 4) capacitar a la conducción.
Sus alocuciones en la escuela, que integran el libro Conducción política, son la base de la doctrina justicialista junto con las 20 verdades peronistas. Es indispensable destacar, una vez más, la visión de largo plazo que tenía Perón sobre los procesos históri-cos, políticos y sociales. Dentro de ese marco, afirmaba que la doctrina no era eterna, salvo en sus principios generales, y que debía adaptarse “a los tiempos, al progreso y a las nuevas necesidades”.

Esa doctrina debe ser también elástica. Las doctrinas políticas no pueden ser eternas, aunque sean eternos los principios que las sustentan.
Pero, dentro de la doctrina, además de los grandes principios están contenidas muchas cuestiones de forma que obedecen a las condiciones de tiempo y espacio. La doctrina debe ser actualizada.
Quizá dentro de diez o veinte años, lo que hoy decimos del peronismo, y que vemos tan maravilloso, ya sea anticuado. Vale decir que a la doctrina hay que mantenerla al día, y hay que hacerla evolucionar, presentando siempre nuevas formas activas de esa doctrina. Por eso es difícil conformar una doctrina. Hay que estudiar muy perfectamente el momento en que se la realiza, y hay que establecer también los organismos que vayan actualizando esa doctrina.

Siempre en torno a este tema, se detiene en un aspecto muy importante para los peronistas: sentir y actuar de acuerdo a su doc-trina.

Las doctrinas, básicamente, no son cosa susceptible sólo de enseñar, porque el saber una doctrina no representa gran avance sobre el no saberla. Lo importante en las doctrinas es inculcarlas, vale decir, que no es suficiente conocer la doctrina: lo funda-mental es sentirla, y lo más importante es amarla. Es decir, no solamente tener el conocimiento. Tampoco es suficiente tener el sentimiento, sino que es menester tener una mística, que es la verdadera fuerza motriz que impulsa a la realización y al sacrificio para esa realización. Las doctrinas, sin esas condiciones en quienes las practican, no tienen absolutamente ningún valor.
Acerca del tercer objetivo de la escuela (100formación de cuadros), Perón alude a la función de los predicadores considerando que es un elemento central, ya que reúne el sentimiento hacia el peronismo citado en el párrafo anterior con la necesidad de persuadir a cada vez más argentinos sobre las bondades del Justicialismo:

Los cuadros peronistas deben ser cubiertos no solamente con hombres que trabajen para nuestro movimiento, sino que también deben ser predicadores de nuestra doctrina. Todos los movimientos de acción colectiva, si necesitan de realizadores, necesitan también de predicadores. El realizador es un hombre que hace sin mirar al lado y sin mirar atrás. El predicador es el hombre que persuade para que todos hagamos, simultáneamente, lo que tenemos que hacer.

Más adelante de esta clase inaugural, hace referencia a la “conducción exitosa”:

En el arte de la conducción hay sólo una cosa cierta: las empresas se juzgan por los éxitos, por sus resultados. Podríamos decir nosotros: ¡qué maravillosa conducción!, pero si fracasó, ¿de qué sirve?
La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde. Y no hay otra cosa que hacer. La suprema elocuencia de la conducción está en que si es buena resulta, y si es mala, no resulta. Y es mala porque no resulta y es buena porque resulta.
Juzgamos todo empíricamente por sus resultados. Todas las demás consideraciones son inútiles.

Aquí cabe subrayar que las transcripciones precedentes son extractos muy sucintos de aquellas charlas magistrales de Perón que son parte, no solo de una de sus obras capitales (100se recomienda la lectura completa de Conducción política), sino asimismo del pensamiento político argentino.
Por último, pueden destacarse cinco elementos trascendentales que menciona el General en sus conferencias en la ESP.
Sobre una de las deformaciones de la conducción política, el sectarismo:

Con sectarismo no hay conducción. El sectarismo es el primer enemigo de la conducción, porque la conducción es de sentido universalista, es amplia, y donde hay sectarismo se muere porque la conducción no tiene suficiente oxígeno para poder vivir.

Acerca de la formación política de la juventud y su voto:

Nuestro trabajo sobre la juventud y la niñez va formando las futuras generaciones que han de engrosar el peronismo. No tengo la menor duda.
Si con el voto de los hombres hemos ganado enormemente, con el voto de las mujeres ganaremos mucho más aún; pero esto no es ni sombra de lo que será el día que voten los pibes de hoy.

El predicar con el ejemplo:

Nuestra doctrina peronista es eficaz. ¿Por qué? Porque la gente sabe que nosotros no hablamos, que nosotros hacemos y des-pués presentamos el hecho y decimos: esto es lo que hay que hacer. Es decir, predicamos con el ejemplo, que es la mejor de to-das las prédicas.
La necesidad de la autocrítica:

Entre nosotros, compañeros de una visión común, con una doctrina común, no nos podemos ocultar la verdad, la verdadera cola-boración está en decirle al amigo: “Esto está mal”. Esa autocrítica es la que nosotros debemos propugnar. Nos reunimos y en círculo reservado decimos todo lo que pensamos. Entre nosotros no puede haber reservas mentales. La reserva mental es una forma de traición al compañero y al amigo.

Una clave para la permanencia del partido político:

Un partido político cuyos dirigentes no estén dotados de una profunda moral, que no esté persuadido de que ésta es una función de sacrificio y no una ganga, que no esté armado de la suficiente abnegación, que no sea un hombre humilde y trabajador, que no se crea nunca más de lo es ni menos de lo que debe ser en su función, ese partido está destinado a morir, a corto o largo plazo, tan pronto trascienda que los hombres que lo conducen y dirigen no tienen condiciones morales suficientes para hacerlo.

55 años después…
Ocurrido el golpe de Estado de “La Fusiladora”, los movimientos políticos, empresariales y sociales contrarios al peronismo inten-taron borrar sus huellas de nuestra historia. Pero ya se sabe que es imposible apagar tanto fuego y más aún cuando es acompa-ñado de un cuerpo de doctrina y un sentimiento tan fuerte como el Justicialismo.
En las décadas siguientes, la formación de cuadros del Partido Justicialista se vio interrumpida por golpes de Estado y procesos internos que desviaron la atención hacia otras urgencias. En distintos artículos de esta revista se hace mención a estos hechos, los cuales no son ajenos a la polémica y a la revisión.
El Partido Justicialista Nacional orgánicamente solo asumió la formación de cuadros hace tan solo tres años, con el lanzamiento de la Escuela de Dirigentes de Gestar. Por supuesto que sería injusto negar los esfuerzos de miles de compañeros a lo largo del país que en cada uno de sus territorios han llevado y llevan a cabo acciones de formación política. Lo que aquí puntualizamos es que hubo 55 años de ausencia de una política partidaria nacional para la formación política.
En el lanzamiento de Gestar el 7 de junio de 2010, fue su presidente José Luís Gioja quien mencionó como su antecedente a la ESP:

En primer lugar, quisiera agradecer al Presidente y a los miembros del Consejo Nacional del Partido Justicialista por la posibilidad de participar en esto, y poder poner en marcha y dar a conocer hoy esta herramienta, este maravilloso instrumento partidario, in-dispensable para los tiempos que vivimos.
Quisiera rescatar aquí el principal antecedente de esta iniciativa: la Escuela Superior Peronista, creada el 4 de diciembre de 1950, y que comienza a funcionar el 1º de marzo de 1951. Esta Escuela fue inaugurada con una clase magistral de Perón, en la cual enfatizaba: “Debemos encarar la formación y preparación de los dirigentes en las tareas de Gobierno, y la capacitación de los mismos para la conducción política, buscando desterrar de la política argentina el sistema de falsedad y engaño, para instaurar el de la sinceridad y la lealtad…”. Y agregaba el General en esa misma ocasión: “Pretendemos organizar una fuerza que, intelectual, espiritual y materialmente, sea una garantía para el pueblo argentino…”.

Es palpable que las palabras del General tienen una gran vigencia en nuestros días, porque si nos preguntamos ¿qué es lo primero que necesita conocer un peronista?, debemos responder: el pensamiento de Perón. ¿Y qué es lo segundo? Cómo aplicarlo.
El Justicialismo, como ya se dijo, necesita de predicadores y de militantes dispuestos a formarse para poder hacerse cargo de los desafíos que vienen. Algunos de los elementos indispensables para la comprensión de nuestra realidad y su perspectiva son abordados en la Escuela de Dirigentes y otros tantos a través de los cursos presenciales y virtuales de Gestar.
Por supuesto que 55 años después de la última clase de la ESP vivimos en otro mundo. No obstante ello, conceptos como el del Continentalismo del general Perón siguen vigentes y han cobrado forma. Además, parece que nuestros pueblos finalmente han tomado conciencia de la necesidad de la unidad regional. Dentro de este marco, no hay otro camino que prepararse permanente-mente para estar a la altura de las circunstancias y seguir militando por la grandeza de la Patria y la felicidad del Pueblo.

1. Agradecemos la colaboración de Mario Bertellotti, compañero del área de Formación Política de Gestar por sus valiosos apor-tes a este artículo.
2. Cf. Camusso, Marcelo: “De la esfera militar al plano político: La Escuela Superior Peronista”. Recuperado de: http://redesperonismo.com.ar/archivos/CD1/PP/camusso.pdf
3. Camusso, M. Op. cit.

 

EPÍGRAFES
Ilustración de la década del 50.

Perón imparte una clase magistral de la Escuela Superior Peronista en la sede de la Confederación General del Trabajo.

Página de la revista Mundo Peronista N?92/93 del 1? de septiembre de 1955.

Página de la revista Mundo Peronista N?90/91 del 1? de agosto de 1955.

Página de la revista Mundo Peronista N?90/91 del 1? de agosto de 1955.

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