20 de septiembre de 2011
Instituto Gestar

“Grecia debe declarar el default y abandonar el Euro”

 

La nota publicada presenta en forma cruda una realidad que hace meses se viene perfilando con claridad. Ya el 26 de enero, haciendo referencia a una nota Paul Krugman, afirmábamos la posibilidad de este destino para la economía griega. En tal ocasión se planteaba la opción entre solamente un default o una “argentinización plena”, como lo llamaba Krugman a la opción de defaul y abandonar el Euro, lo que propone el artículo del día de hoy en Financial Times.

Roubini plantea que Grecia se encuentra trabada en un “círculo vicioso de insolvencia, baja competitividad y depresión en aumento”. Las políticas de austeridad, para mejorar el frente fiscal, mejorar la confianza de los inversores y generar excedentes para afrontar los pagos de la deuda, en realidad han llevado a mayor recesión y su deuda se está encaminando al 200% del PBI. Esta consecuencia era conocida, ya sabíamos que la austeridad expansiva es una política que pertenece al reino de las hadas y los duendes. Se impone un default.

Asumiendo que Grecia resuelva el problema de la deuda gracias a un muy favorable trato por parte de Alemania y Francia (100respecto al cual no hay absolutamente ningún indicio, sino más bien lo contrario), aun tendría como problema la baja competitividad provocada por una moneda fuerte (100Euro) regida por un país de altísima productividad, como es Alemania. Grecia no podrá lograr un rápido crecimiento (100un despegue) sin devaluar su moneda. Se impone la salida del Euro.

Ambos problemas se retroalimentan, ya que el problema de deuda se comenzó a ver como grave cuando la economía dejó de crecer. Y el propio peso de la deuda le impide al país generar estímulos fiscales para propulsar una estrategia de crecimiento solventada en el mercado interno.

Hay algunas opciones intermedias, que el mismo Roubini plantea antes de descartar. Por ejemplo, en lugar de devaluar propiciar mejoras en la competitividad mediante reformas estructurales que aumenten la productividad laboral en exceso a los salarios, que es lo que viene haciendo Alemania desde hace décadas. La segunda opción sería propiciar una “deflación”, mediante caídas en los salarios nominales y en el precio interno de las mercancías. Ambas alternativas parecen muy poco factibles, y con efecto en el largo plazo, pero Grecia el problema lo tiene hoy.

La salida del Euro que propone Roubini es muy similar a la “pesificación” de Argentina, incluso propone un nombre “dracmatización”. Los problemas que causará esta salida del Euro son importantes, ya que los bancos e inversores europeos sufrirán grandes pérdidas, pero son problemas manejables. Según Roubini las posibilidades de contagio son claras y difíciles de evitar, especialmente respecto a Portugal e Irlanda, que podrían ir por el mismo camino. El caso de Italia y España son diferentes: son economías solventes, con problemas de liquidez, y si bien sufrirían pérdidas importantes, podrían salvarse de la caída si reciben ayuda de las instituciones financieras europeas.

Según Roubini la única forma de recuperar competitividad, crecimiento y una deuda sustentable, es mediante una agresiva reestructuración realidad luego de un default. Además, si bien la salida del Euro implicará una transición dolorosa, pero es ver la implosión lenta y desordenada de la economía.

Cuando se analizan estos temas, las referencias a Argentina son inevitables. Incluso el conservador The Wall Street Journal, por ejemplo, a principios de año rescató a Argentina como el ejemplo típico de una “reestructuración agresiva de deuda” (100por no decir default) que fue a todas luces positiva. Sin embargo, el elemento central de nuestra experiencia ha sido el liderazgo político, primero de Néstor Kirchner y hoy de nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Néstor tuvo el coraje de realizar una reestructuración de deuda que hoy es ejemplo a nivel mundial.

Y Cristina se ha convertido en una líder de talla mundial que en todos los foros internacionales reclama por reformas económicas que reconozcan la distribución del ingreso, la creación de empleo y el crecimiento económico como sus objetivos centrales, y no la protección de intereses sectoriales por más importantes que sean. Ese es el camino que tomó Argentina en 2003, y que fue revalidado en 2007 y, todo indica, recibirá un nuevo apoyo popular incuestionable en octubre de año 2011.

Roberto Arias

@RobertoJArias

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