27 de noviembre de 2014
Instituto Gestar

Hace 71 años Perón creó la Secretaria de Trabajo y Previsión

El general Juan Domingo Perón, se desempeñaba como secretario del Departamento del Trabajo por medio de su intervención y debido al rol central que tomó esta dependencia, el poder ejecutivo, decidió sancionar el decreto Nº 15.074, creando así la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.


La normativa, sancionada el 27 de noviembre de 1943 daba al inicio a una nueva etapa en la relación entre el Estado y un movimiento obrero que comienza a tener una presencia cada vez más central en la sociedad argentina.

Con el acompañamiento del movimiento obrero organizado y con la nueva jerarquía que poseía el organismo se logró dar a los trabajadores de los distintos gremios, importantes beneficios los cuales venían reclamando desde hacía ya décadas. Entre las principales medidas se destacan:

Su primer discurso como secretario fue el 2 de diciembre de 1943 y en él, dejó perfectamente en claro el camino y la intencionalidad policía que llevaría adelante en los años venideros:

“El Estado se mantenía alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber. Solo tomaba contacto en forma aislada, cuando el temor de ver turbado el orden aparente de la calle, le obligaba a descender de la torre de marfil de su abstencionismo suicida. No advertían los gobernantes que la indiferencia adoptada antes las contiendas sociales facilitaba la propagación de la rebeldía, porque era precisamente el olvido de los deberes patronales que, libres de la tutela estatal, sometían a los trabajadores a la única ley de su conveniencia (100…). Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de la política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y del desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patrones y trabajadores. De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades, tendrán la garantía de que, si las retribuciones y el trato que otorgan a su personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana, no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y por consiguiente del engrandecimiento del país. Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan, enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidas por las autoridades del trabajo con el mayor celo, y sancionando con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni bajo la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones".

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