3 de julio de 2013
Instituto Gestar

Independencia económica

El éxito de la Argentina no pasó desapercibido en el resto del mundo y, de hecho, invariablemente nos ponen de ejemplo como caso exitoso de vida después del default. Para sorpresa de propios y extraños, en 2008 Nueva Zelanda emuló nuestros pasos y fue el único país desarrollado que salió de su crisis gracias a que rechazó abiertamente las medidas de austeridad, llevando a cabo medidas similares a las que tomó nuestro país como respuesta a las crisis.


Esta política de desendeudamiento permitió liberar inmediatamente recursos públicos que de otra forma se hubieran destinado por completo al servicio de la deuda y que, en cambio, se aplicaron a apuntalar la economía para propiciar su rebote. Contrariamente a lo que esperaban (100y siguen esperando) los agoreros de la derrota, la Argentina empezó a vivir literalmente una explosión económica acompañada de una mejora significativa en todos sus indicadores sociales. Luego de que en 2002 el PBI del país cayera 11%, durante esta década el crecimiento económico promedió 7,4%, con lo que el PBI per cápita creció 70% en términos reales.
El nivel de empleo y salarios también aumentó marcadamente durante toda esta década, en tanto que el sector industrial ha estado funcionando con el pedal a fondo pese al adverso clima internacional de los últimos años. Los trabajadores registrados pasaron de 4.800.000 en 2003 a 9.200.000 en 2013, con lo que la tasa de desempleo se desplomó de 17,3% a 7,1%. Ahora producimos más autos que nunca (100169.364 en 2003 contra 764.495 en 2012). Por primera vez en la historia el Gobierno Nacional se ha propuesto aprovechar sensatamente las riquezas minerales del país, respetando el medio ambiente y los derechos de las comunidades locales.
El aumento en el poder adquisitivo de los trabajadores, derivado de las políticas de redistribución del ingreso aplicadas por Néstor y Cristina, permitió que el grueso de la población pudiera destinar parte de sus recursos a un sano esparcimiento familiar vacacional. De esta forma, las zonas turísticas del país han registrado en estos años un tremendo auge, con un desarrollo económico que ha beneficiado a numerosos negocios y empleos directos e indirectos del sector, estimulando el bienestar local.
El caos de 2003 impidió el relevamiento de datos en ese año, pero de 2004 a 2012 el número de establecimientos hoteleros en Mar del Plata aumentó 25,6%, en promedio, durante el período vacacional fuerte (100enero-febrero), mientras que la cantidad de habitaciones ocupadas se elevó 32,1% (100lo mismo que en la ciudad de Córdoba). En lo que respecta a viajes al exterior, 357.453 argentinos vacacionaron en otros países en 2004, pero para 2011 la cifra se había elevado a 1.220.739, lo que significó un incremento de 241,5%. Durante los primeros nueve meses de 2012 el conteo ya ascendía a 1.082.389 de vacacionistas, o sea, un incremento de 202,8% respecto de todo 2004. Es importante decir que en 2011 el 74,6% de todos los argentinos que salieron del país lo hicieron para vacacionar o visitar a familiares o amigos, en comparación con el 53,4% de 2004.
En lo que a la industria se refiere, pese a que los efectos de la crisis de 2003 dejaron al país con un nivel general de Utilización de Capacidad Instalada (100UCI) de apenas 55,7%, para 2012 ya había saltado a 74,5%, lo que significó un enorme cambio en la producción en tan solo diez años. Por caso, en 2003 la industria metalmecánica apenas utilizaba 36% de su potencialidad, y en 2012 ya había alcanzado 65,7%. Para los vehículos automotores, el nivel pasó de 20,9 a 67,4% (100¡creció más de tres veces!). Un indicador clave que acompañó este proceso fue la generación de energía eléctrica, que en el mismo lapso pasó de 83.027 a 125.705 GWh (10051,4%).
Sin embargo, más allá de los logros alcanzados en materia de desarrollo industrial, que pueden verse tanto en la generación de empleos como en el aumento del crecimiento de la participación de las exportaciones de manufacturas de origen industrial en el total de exportaciones (10026,9% en 2003 versus 34,1% en 2012), lo que debe destacarse es el compromiso del Gobierno Nacional con este desarrollo.
La creación de un ministerio específico que se ocupe de instrumentar las medidas de políticas públicas necesarias para alcanzar los objetivos de un mayor desarrollo industrial da cuenta no sólo de este compromiso, sino también del cambio de paradigma. Tras décadas de destrucción indiscriminada del aparato productivo nacional, desde 2003 se ha transitado un camino de recomposición del mismo que no se ha limitado a la reconstrucción de la industria y también ha alcanzado a la creación de todo un entramado educativo y científico vinculado al desarrollo tecnológico aplicado. Conceptos como industrialización de la ruralidad, sustitución de importaciones, generación de mayor valor agregado, han dejado de ser consignas teóricas para transformarse en realidades.
Este nuevo escenario nos permite hacer frente a las dificultades de la economía mundial de pie frente al mundo, haciendo flamear en alto una de las banderas tan preciadas para nuestro movimiento como es la de la independencia económica.
Al mismo tiempo, el sector agropecuario ha experimentado un auge histórico; el nivel de producción de los principales cultivos aumentó sin cesar, llegando al record en los tres principales cultivos (100maíz, trigo y soja) de casi 90 millones de toneladas en la campaña de 2010-2011, que dicho sea de paso se espera superar con la cosecha de este año (1002012-2013). Llegar a esos valores o superarlos implicaría un crecimiento de más del 40% respecto de la cosecha de esos cultivos en la temporada 2002-2003 (100de 62 millones de tn). Estas fenomenales cosechas y los altos precios que acompañan permitieron al Gobierno Nacional, a través de las retenciones, redistribuir la riqueza con políticas de transferencia destinadas a los sectores más vulnerables, propiciando a la vez un estímulo a la demanda agregada y, sobre todo, rompiendo el círculo vicioso de la transferencia intergeneracional de la pobreza con programas para la igualdad de oportunidades.
En definitiva, luego de diez años de la peor crisis económica que tuvo nuestro país en sus doscientos años de historia, la economía argentina genera mucho más valor agregado que en aquella época. Además, es un crecimiento equilibrado, en el cual el sector agropecuario aumentó año a año los volúmenes de cosecha, la industria tuvo un impulso notable, comienza a desarrollarse la minería, y los servicios y la infraestructura facilitan e impulsan este proceso de crecimiento económico. Pero además de tener hoy una economía mucho más grande que hace diez años, lo importante es que éste ha sido un crecimiento inclusivo: el aumento de los salarios reales, los haberes de los jubilados y las transferencias a las familias de menores ingresos han permitido que el mercado interno sea el principal motor del crecimiento, y que la distribución del ingreso constituya hoy la mejor de la historia del país.

 

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