9 de agosto de 2017
Instituto Gestar

La Argentina es una fábrica de pobres (100Segunda parte)

“El mundo prometido a Juanito Laguna”, 1962, Óleo, acrílico y collage sobre madera.
Durante un viaje que Antonio Berni hizo por Santiago del Estero se encontró con la cruda realidad de la pobreza. Así comenzó a realizar una serie de collages sobre el tema y surgió el personaje de Juanito Laguna, un pibe que vive en una villa miseria y sueña con un futuro mejor. La serie muestra episodios de su vida, como postales de la pobreza. Utilizó los materiales que la ciudad descarta y la villa utiliza: latas, papeles, chapitas, cartones
 
Esta obra en particular tiene el tono de denuncia y la imagen denota en clave irónica la tristeza de ese tipo de vida. Juanito y sus amigos son inmersos por Berni en un espacio descolorido, desgastado y agujereado, mientras afuera asoma una realidad colorida. Como fondo de la composición una nube de papelitos asemeja un hongo atómico que representa en la visión del autor el holocausto que implica vivir sin futuro.

 

Cuando los ricos piensan en los pobres, tienen ideas pobres.

Evita

La mentira tiene patas cortas

Una de las principales banderas de campaña que agitó Macri irresponsablemente fue la de “pobreza cero”. Instalado en el gobierno y con el paso del tiempo fue mutando hasta que la inefable interpretadora de los pensamientos presidenciales, Gabriela Michetti, con la sarasa a la que nos tiene acostumbrados, un día informó al gran pueblo argentino que se trataba más bien de una expresión de deseos relativizando la promesa de campaña. Sostuvo que se trataba de un objetivo “aspiracional” pero que no existe en ningún lugar del mundo. Luego el propio Macri nos explicó que era un objetivo a largo plazo, desconociendo que como dijera John Maynard Keynes, en una fundada crítica a la economía neoclásica: en el largo plazo estaremos todos muertos.

El cambio era volver al pasado

Explicado este detalle el gobierno puso manos a la obra y lo más silenciosamente que pudo se dedicó de lleno a lo que vino a hacer: transformar radicalmente los fundamentos de la economía del país aplicando un programa neoliberal. Como era esperable todos los indicadores sociales se deterioraron rápidamenteen los últimos dieciocho meses (100destrucción de empleos, caída del poder adquisitivo de los salarios, las jubilaciones y los ingresos populares). Las consecuencias no se hicieron esperar y recrudeció la pobreza.

Organizaciones sociales, gobernadores de casi todas las provincias y distintos municipios del conurbano bonaerense coinciden en que se produjo un aumento descontrolado de las personas en situación de vulnerabilidad y explican que la demanda social ha crecido en los últimos meses. Enfatizan que aumentan los pedidos de asistencia para los comedores y para conseguir trabajo, ropa y medicamentos. Esta situación se replica en todos los conglomerados urbanos de la Argentina como Rosario, Santa Fe, Córdoba, Bahía Blanca, Mendoza, entre otros. En el conurbano bonaerense, como también en el rosarino, se estima que la pobreza trepo al 40%.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina dependiente de la Universidad Católica Argentina ha difundido cifras verdaderamente alarmantes sobre el crecimiento de la pobreza estructural. Sus datos fueron tomados como referencia por el macrismo durante el gobierno anterior. Por lo tanto, a fin de realizar un análisis homogéneo de la realidad social, los tomaremos como base.

Los indicadores del Observatorio se construyen en base a siete indicadores: seguridad alimentaria, cobertura de salud, servicios básicos como conexión a la red de agua corriente, vivienda digna, recursos educativos, afiliación al sistema de seguridad social y acceso a las comunicaciones y a la información.

De acuerdo a ellos hay en la Argentina 8 millones de personas que no tienen acceso a por lo menos tres de los siete indicadores, por lo cual difícilmente salgan de esa situación por más programas sociales que se implementen, que no serán otra cosa que una curita.

En la actualidad se exterioriza con toda crudeza una de las peores consecuencias de la pobreza: el hambre. Según el mismo Observatorio 6 millones de personas padecen hambre, es decir, uno de cada diez hogares no tiene los recursos necesarios para alimentar a toda su familia. Retrocedemos a etapas anteriores en que largas filas de argentinos se congregan frente a los comedores de los municipios, de las congregaciones religiosas, y con pesar comenzamos a ver nuevamente que mucha gente comienza a revolver la basura en busca de alimentos.

Tras un año y medio de gobierno de la Alianza Cambiemos podemos concluir que todo cambió para mal de la mayoría de la población. La implementación de estas medidas económicas ha dejado en el camino a demasiada gente. No sabemos aún como es el proceso psíquico y emotivo que la exclusión tiene sobre buena parte de los argentinos, pero sí sabemos que se van configurando las bases de una reacción de resistencia que, más temprano que tarde, pondrán en riesgo la paz social y la gobernabilidad.

Lo cierto es que hoy la mayoría de la población de casi todas las regiones del país están excluidas, desconectadas, ya sea como productores o como consumidores, o como ambos. El modelo económico neoliberal que lleva adelante esta administración permite que el sistema conecte todo lo que sea valioso de a acuerdo con los valores e intereses dominantes, en tanto que se desconecta todo lo que no se acople a los mismos. Esta capacidad simultánea para incluir y excluir a las personas, los territorios y las actividades caracteriza a la nueva economía de mercado. El proceso concentra aún más el poder a la vez que profundiza la marginación de los que van cayendo del sistema.

El sistema actual, en lugar de fomentar la igualdad entre los diversos sectores sociales, profundiza el abismo existente. De esta manera, los ricos lo son cada vez más mientras que los pobres tienen cada día menos posibilidades de mejorar su situación.

La pobreza y el peronismo no se dan la mano

Desde sus inicios el peronismo ha sido el principal protagonista de las luchas sociales y políticas que se suscitaron a lo largo de décadas por la conformación de una nación justa cuya base fuera el bienestar de todos los argentinos y no solo de una parte minoritaria. Como movimiento social plebeyo, los peronistas sabemos muy bien que la exclusión social vuelve a la gente incapaz de insertarse en el circuito económico; también conocemos como esta imposibilidad de reinserción lleva a un proceso de descalificación social y a la pérdida de una ciudadanía activa que pueda disputarles a las elites el poder real.

Para el peronismo es claro que toda marginación es una injusticia. No hay exclusión que pueda proceder del ejercicio de la justicia, cuando lo que produce es un daño de la persona, su destrucción física, psicológica o moral.

En tal sentido el peronismo tuvo siempre como eje central de su política generar las bases necesarias para iniciar ciclos económicos de crecimiento y desarrollo, única forma de generar empleo genuino y de barrer con las condiciones económicas y políticas que hunden en la pobreza a las mayorías populares.

Pero además inculcó en la clase trabajadora argentina que el trabajo no solo dignifica a la persona sino que la convierte en actor principal del proceso productivo y como tal ocupa un rol central dentro de una comunidad organizada articulada en derredor de una sociedad justa e integrada.

De la pobreza se sale por arriba

Debemos tener muy claro que de la pobreza no se sale con programas sociales. Estos sirven para paliar la situación coyuntural. Pero la única manera de derrota la pobreza es a través de políticas igualitarias que permitan el acceso de todos los argentinos a la educación, el trabajo, la salud y la vivienda. Asegurado ese piso, recién entonces podremos entrar seriamente en una etapa de desarrollo duradera y estable.

Ninguna duda cabe que la principal herramienta para reducir la pobreza es la creación de empleo. También tiene fuerte repercusión en la condiciones de vida de la población la aplicación de políticas públicas de redistribución de los ingresos.

La pobreza se reducirá siempre que los ingresos crezcan más que los precios, por tanto el objetivo central de una política de reducción de la pobreza se fundamenta en la posibilidad de lograr una mejora del ingreso real de las familias. Crecimiento económico y control de la inflación serían las metas por excelencia de una política económica que tratara de enfrentar con alguna posibilidad de éxito el problema de la pobreza. Esta afirmación, la cual no deja ser cierta, nos deja sin embargo con muchos asuntos aún sin responder, tal como la relación existente entre el crecimiento económico y la reducción de la pobreza que dista mucho ser una relación lineal.

Cuando analizamos los números, éstos son pavorosos. El 20% más pobre se queda con el 5% del PBI mientras que el 20% más rico se lleva el 45%, o sea 9 veces más. Entre 40% y 45% de la población se encuentra hoy bajo la línea de la pobreza. El 50% de los jóvenes argentinos no puede acceder a su primer trabajo. Estos pocos datos nos permiten dimensionar a priori la evolución del proceso que ha llevado a la Argentina a transformarse en las últimas décadas en una fábrica de pobres. En los últimos cuarenta años la pobreza ha crecido casi sin descanso y las condiciones que la causaron se han sostenido en el tiempo dándoles un carácter estructural que hace muy difícil revertir el proceso en el corto plazo. Esta explosiva situación amenaza la viabilidad y estabilidad misma de la sociedad argentina.

La única forma de desterrar este flagelo es con una política de crecimiento y desarrollo. Para ello tiene que existir una fuerte voluntad política que fije claramente las metas y la forma de concretarlas. Dado que el peronismo persigue que el desarrollo sea inclusivo, plantea la necesidad de consensuar con el resto de las fuerzas políticas y con el acuerdo de la mayoría de las fuerzas sociales una estrategia de crecimiento sostenido. Para ello debe ser consistente en relación al sector externo, es decir la balanza de pagos debe ser equilibrada; debe generar pleno empleo, es decir que nuestra estructura económica debe absorber a nuestra población, teniendo presente que la mano de obra argentina es desigual en cuanto a su calificación; finalmente debe generar a mediano y largo plazo un cambio tecnológico que permita una mayor inserción en el mundo, a la vez que la mayor cuota posible de autonomía.

Esto nos introduce en una primera cuestión que es si debemos apostar a un proceso de industrialización. La pregunta no es ociosa si pensamos que el mundo avanza aceleradamente a una economía sostenida en los constantes cambios tecnológicos. En la actualidad, pocos países pueden tener una economía basada en la producción de manufacturas y su exportación, y los que pueden hacerlo reúnen condiciones muy especiales. Pero tengamos presente que está en decadencia el modelo con el cual los países que antaño desarrollaron un complejo industrial, generaban divisas con las exportaciones, eran intensivas en el empleo y complementarias con otros sectores que se ataban a la cadena productiva, generando así un proceso de avance tecnológico continuo.

Si ponemos el ojo en la actualidad argentina veremos que por ejemplo el sector que hoy genera divisas (100dólares) es el sojero, pero como contrapartida no genera empleo ni cambio tecnológico. En cambio, la industria y el sector servicios sí crean empleo no calificado pero no generan divisas ni cambio tecnológico. Ahora bien, mientras tanto el país comienza a desarrollar un complejo científico tecnológico es preciso apuntalar la industria y los servicios comprendiendo que hay una íntima relación entre ambos. Cada ciudad, cada barrio es una pequeña economía abierta y la demanda de servicios es la consecuencia de que hay un asalariado que produjo algo en el sector industrial y que con el salario que recibe compra un bien en el almacén y luego el almacenero le compra al fabricante, probablemente ambos compraran un celular, una heladera y hasta un autito, y así se va armando la cadena, es lo que llamamos consumo interno.

Veamos ahora esta cuestión no desde el lado virtuoso sino desde el punto de vista de un círculo vicioso para terminar de entender cómo funciona: en los 90 hubo un proceso de desindustrialización en que también se cayeron los servicios y finalmente quedó un tendal de gente sin trabajo, derrumbándose el consumo interno cuya consecuencia fue el cierre de la mayoría de las Pymes y de los comercios.

Con las estadísticas en la mano se puede comprobar que el sector servicios absorbe más mano de obra no calificada que la industria, pero que el factor que multiplica el circuito económico es el industrial.

Ahora bien, nosotros, como sociedad, creamos un problema de exclusión grande que hoy en día requiere invertir recursos en resolverlo. La industria manufacturera argentina (100textil, mecánica, blanca, etc.) no va a competir con el mundo, pero tiene un rol sustancial si queremos resolver el problema de la pobreza. Como sociedad tenemos que volcar todos los recursos que podamos para promover empleo, que no va a competir con el mundo, pero que se necesita para incluir gente; a su vez, está claro que no alcanza porque el proceso de cambio tecnológico es muy profundo al punto que hoy las estructuras de producción son radicalmente distintas, por ejemplo en China, el avance en la inteligencia artificial está cambiando las estructuras productivas y amenaza la generación de empleos. Adidas anunció que en 2017 producirá zapatillas casi exclusivamente en el país asiático porque puede producirlas hasta el último eslabón de la cadena sin ninguna intervención humana.

Por lo tanto, lo que necesitamos es una estrategia de desarrollo, que en esta estructura socio demográfica, tiene que ser multidimensional, no se puede  atender a un solo sector.

Hoy en día, en el mundo los grandes avances son producto de la revolución digital, que está generando rápidos saltos en biotecnología, nanotecnología, innovaciones químicas. La Argentina tiene todas las condiciones para concentrar sus esfuerzo en algunos de estos nichos productivos: biotecnología, satélites, reactores nucleares son un buen ejemplo de lo que políticas de Estado sostenidas en el tiempo pueden lograr.

Finalmente es preciso dejar en claro que la renta que produzcan estos sectores debe distribuirse entre la sociedad argentina porque si queda en manos solamente de los grupos empresarios y las grandes corporaciones la pobreza seguirá siendo el talón de Aquiles de cualquier posibilidad de construir una Nación justa, libre y soberana.

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