28 de noviembre de 2014
Instituto Gestar

La Argentina y su flecha que apunta al cielo

por Federico Giordano

Coordinador del Área de Infraestructura de Gestar

 

Pulqui, flecha en idioma mapuche, fue el nombre del proyecto iniciado por Perón en 1946 y que asombró al mundo al darle a la Argentina la capacidad de fabricar aviones a reacción.

Al momento de realizar su primer vuelo en agosto de 1947, únicamente ocho países volaban sus propios aviones con este adelanto que permitía alcanzar velocidades por encima de las del sonido: Alemania, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Japón, Francia, Suecia y la URSS.

El proyecto continuó con mejoras de diseño hasta que en junio de 1950 se lanzó el Pulqui II, que marcó la cima de la aviación argentina con un diseño, que según los expertos, era superior al estadounidense, para poner un ejemplo.

Pero este artículo no persigue ahondar en la historia del Pulqui, no solo porque ya los hubo en esta misma publicación −algo que no sería una razón excluyente pues las aristas de aquel proyecto permiten múltiples abordajes−, sino principalmente porque nos interesa analizar los nuevos capítulos gloriosos de nuestro movimiento que, gracias al proyecto político encarado por Néstor Kirchner en 2003, ya no quedan solo en la nostalgia y se escriben en tiempo presente generando nuevas epopeyas.

Decir epopeya y compararlo con el Pulqui no es una exageración cuando se trata de este proyecto, que comenzó en 2007 como una de las iniciativas más ambiciosas de nuestra infraestructura en comunicaciones y que permitió la entrada en funcionamiento este 17 de octubre de 2014 del primer satélite de telecomunicaciones fabricado en América Latina.

Con el ARSAT 1 construido por INVAP, la empresa mixta pública-privada, y operado por ARSAT, que depende del Ministerio de Planificación Federal, nuevamente nuestro país alcanza un desarrollo tecnológico que lo ubica en un grupo reducido de naciones capaces de tal conquista, compuesto por Estados Unidos, Rusia, China, Japón, India, Israel y la Unión Europea.

Para entender la diferencia con otros satélites y la complejidad del proyecto es necesario destacar que se trata de un satélite geoestacionario, es decir, que visto desde la Tierra parece no moverse cuando en realidad lo que sucede es que gira a la misma velocidad que la rotación terrestre, lo cual demanda una gran altura de órbita. Pensemos que la estación espacial internacional (100esa adonde cada tanto vemos llegar nuevos astronautas de distintos países) orbita a una distancia de 400 km, que los satélites que ya se han lanzado con fines científicos lo hacen a una altura de 700 km y que este satélite lo hará a 36.000 km, por lo que el proceso de lanzamiento que estuvo a cargo de un lanzador francés es comparable a una misión espacial como las que buscan la luna como destino.

El ARSAT 1 servirá para brindar servicios de telefonía, TV e Internet en la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, algo que hasta ahora el país debía solucionar alquilando satélites ajenos y que al mismo tiempo le permitirá vender sus prestaciones, lo que significa que este despliegue implica además un muy buen negocio. En efecto, los 250 millones de dólares que demandó su construcción se recuperarán en siete años teniendo en cuenta solamente el ahorro en alquileres, pero el satélite está diseñado para brindar servicios por al menos quince años.

Nuestro país consigue así dominar la construcción y ensayo de satélites y solo debe contratar en el exterior el servicio de lanzamiento, algo que busca subsanar con su proyecto TRONADOR, que se encuentra en su segunda etapa y que al momento ya hizo dos lanzamientos experimentales, el segundo con éxito definitivo, y que podría darle en un tiempo cercano esta capacidad también. Por todo ello el país sería totalmente autónomo en materia satelital y podría vender este servicio al resto de la región y al mundo si se considera que los sitios óptimos de lanzamiento son o cercanos al Ecuador (100por eso Francia lanza desde su emplazamiento sudamericano y Estados Unidos lo hace bien al Sur) o cercanos a los polos y en lo que al Polo Sur se refiere la Argentina tiene un lugar privilegiado.

Cabe destacar que con este lanzamiento nuestro país se asegura la explotación de la posición orbital (10072º Oeste) que tenía asignada; importante si pensamos que estas son escasas y hay una lista de espera de países. En esta oportunidad Inglaterra hubiera sido la beneficiada si dejábamos en desuso ese espacio.

Comparar estos dos logros de los científicos argentinos pone de manifiesto cómo, de la mano de la presidenta Cristina Fernández, siguen en pie los principios centrales del justicialismo y, sobre todo, echa por tierra la falsa disyuntiva que intentaron instalar algunos candidatos opositores a los que se les nota su formación dentro de las filas de la Ucedé, que al anunciarse el lanzamiento lo comparaban con mandar una heladera al espacio, intentando así desmerecer el éxito y demandando que se invirtiera en otras materias.  Esa discusión no tiene lugar en el peronismo, aquí no existe la disyuntiva entre emprender la construcción de infraestructuras de base que permitan la inclusión y este tipo de infraestructura de alta complejidad pues el peronismo siempre hizo las dos cosas en paralelo. Es la forma de traducir en esta materia la máxima de que perseguimos la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación, pero además tiene un resultado práctico innegable, porque redunda en un alto valor agregado y además el conocimiento adquirido y los recursos humanos formados son un bien precioso que se derrama en muchas otras aplicaciones más terrenales.

Puede pensarse que al igual que con el PULQUI II ya llegamos a la cima, pero parece que aún no, porque mientras miramos el espacio exterior, en el campus de Bariloche de la empresa INVAP ya está en etapa de pruebas el ARSAT 2, que quizás llegue a su destino gracias al flamante TRONADOR.

El Pulqui hoy descansa en el Museo Aeronáutico de Morón. Cada tanto hace vuelos de exhibición pero lo más importante es que mientras esté vigente el peronismo en nuestro país será el símbolo de esa Argentina que no tiene techo. Sus objetivos, como aquella flecha, deben siempre apuntar al cielo.

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