20 de junio de 2012
Instituto Gestar

La crisis de deuda y el futuro de la economía de España

Sin embargo, según Pettis, al rehusarse a tomar medidas expansivas que superficialmente parecen socavar su posición crediticia, paradójicamente Berlín sólo garantizará la moratoria y, sin un cambio importante en su posición, el juego de los rescates condicionados continuará hasta que los países del centro sigan financiando a la periferia de Europa, pero cuando finalmente paren, los países periféricos casi por seguro caerán en default o reestructurarán su deuda. El artículo de Pettis cobra mayor relevancia porque España aparentemente ya ha iniciado lo que llama “la espiral de la muerte”, que surge cuando los agentes económicos alcanzan un umbral de duda sobre la viabilidad de la deuda soberana y empiezan a cambiar su comportamiento en formas que exacerban el problema de la credibilidad.

El problema es el siguiente. Alemania es el principal acreedor de España, Grecia y otras economías de la eurozona con crisis de deuda soberana, y pese a la evidencia del fracaso de la austeridad,  la canciller alemana Angela Merkel ha alertado que ni remotamente piensa sucumbir a las presiones que le han reclamado medidas más proactivas para contener la situación (100bajar las tasas de interés para incentivar el consumo y permitir mayor inflación), y en una comparecencia ante la Cámara Baja del Parlamento incluso afirmó que la burbuja financiera de España vino a consecuencia de “una década de irresponsabilidad” y dijo que su tarea consiste en “compensar por lo que no se hizo (100cuando se creó el euro) y acabar con el círculo vicioso de la deuda externa … Sé que es arduo, que es doloroso, es una tarea hercúlea pero es inevitable”.

Veamos lo sucedido en España. Durante el primer trimestre de 2008 la deuda pública del país apenas representaba 35% del PIB, pero cuatro años después el porcentaje creció a 72,1%, el nivel más alto desde 1913. Entonces, cuando el presidente Mariano Rajoy anunció finalmente la semana pasada la necesidad de que el Banco Central Europeo rescatara el sistema financiero del país, se desencadenó una histeria colectiva donde la línea de crédito por 100.000 millones de euros solicitada por España lejos de suponer un bálsamo añadió gasolina a un incendio sin extinguir. Puesto que el rescate bancario dispararía la relación hasta 90%, lejos de responder con optimismo el mercado reaccionó a través de la agencia calificadora Moody’s, que se unió a lo hecho una semana antes por Fitch y S&P y dejó la nota de solvencia del país al borde del bono basura tras bajarla desde A3 hasta Baa3, ocasionando que la tasa de interés del bono a 10 años cerrara a 6,99%, el más alto de la era del euro.

Bajo este escenario, El FMI, como siempre, presionó a España con la medicina ortodoxa y pese a reconocer que las perspectivas del país son “muy difíciles” porque “la economía se encuentra en medio de una recesión sin precedentes, con el desempleo en niveles inaceptables”, instó a Rajoy a subir el IVA de inmediato y aprobar una nueva bajada en el sueldo de los funcionarios para reducir el déficit. Y por si fuera poco, como bajo su perspectiva los españoles todavía tienen que sufrir más, calificó de “deseable” una reducción de las cotizaciones de la Seguridad Social, consideró “fundamental” que no hubiera más amnistías fiscales e insistió en la reforma laboral.

La inestabilidad financiera de la semana pasada también arrastró a Italia, donde la deuda pública alcanza más del 120% del PIB; el gobierno italiano colocó exitosamente 6.500 millones de euros en letras a un año, pero tuvo que elevar la rentabilidad del 2,34% que abonó el 11 de mayo a 3,97%, el más alto de los últimos meses. Pero contrariamente a la pasividad española, el Primer Ministro de Italia, Mario Monti, aprobó inmediatamente un decreto para destinar 80.000 millones de euros a incentivar el desarrollo con “crecimiento sostenible” y “empleo de calidad” y se reunió con el presidente francés, Francois Hollande, con quien habló de la necesidad urgente de impulsar la economía y avanzar en una alianza contra Alemania y la austeridad.

Ese era el ambiente que reinaba en Europa con miras a las elecciones generales convocadas por Grecia para el domingo pasado, consideradas como referéndum extraoficial para la ortodoxia europea y su supuesta “sensatez” y “prudencia macroeconómica”. La facción conservadora del orden ideológico celebró con bombos y platillos la victoria del partido Nueva Democracia, cuyo líder Antonis Samarás había prometido hacer hasta lo imposible para que el país siguiera formando parte de la eurozona y respetara los compromisos de Grecia con los programas de ajuste. En teoría, los mercados también debieron haber reaccionado con la misma euforia. Pero el miedo es libre y no respeta convenciones y bajo el terco pragmatismo de los inversionistas este lunes nada había cambiado.

España siguió siendo igual de inestable, con una economía tan ahogada por los recortes que parecía incapaz de generar ingresos y, por tanto, de pagar sus deudas acumuladas. De hecho, se publicaron datos que ratificaron que el volumen de créditos impagados en la banca subió con fuerza en abril, donde la tasa de morosidad avanzó al 8,72%, equivalente a 4.772 millones de euros, mientras que los expertos y el propio sector advertían que la morosidad seguirá subiendo hasta rebasar con holgura el 9%. Consecuentemente, la prima de riesgo, el exceso de rentabilidad que exigen al bono de 10 años respecto al alemán, pulverizó los récords anteriores al situarse en 589 puntos, con una tasa de interés de 7,285%, máximo histórico desde que entró en vigor el euro en 1999. Similarmente, el Ibex tampoco compró la ilusión neoliberal y el lunes perdió 2,52% mientras que el euro seguía cayendo con relación al dólar. En Italia, el bono a 10 años se disparó a 6,171% tras iniciar el día en 5,926%. La bolsa de Milán cayó 2,53%, París en 0,67% y Londres en 0,01%. “Es alucinante que estemos hablando de poner 100.000 millones encima de la mesa y el mercado lo tome como algo negativo”, se lamentó Robert Zoellick, director del Banco Mundial.

En realidad, términos como austeridad, ajuste, consolidación fiscal, flexibilización laboral, devaluación interna, reestructuración, etc., son meros fetichismos que apuntan a cosificar expresiones como “salud financiera” y “confianza del mercado” y a deshumanizar sus consecuencias reales expresadas en alto desempleo, caída de salarios, pobreza, indigencia, escasez de cobertura médica y protección social. En Grecia la gente esperaba las elecciones preparándose para cualquier eventualidad, almacenando comida en sus casas y acelerando las corridas bancarias (100hasta 800 millones de euros diarios). Según datos del Ministerio de Finanzas, el gobierno sólo paga salarios de funcionarios y pensiones: todo lo demás, desde los medicamentos de los afiliados a la Seguridad Social hasta las obras públicas imprescindibles, se deja a deber. Y aún así, el Ministerio afirmó que solo le queda dinero hasta julio. Además, las perspectivas laborales también son pesimistas; se estima que más de un tercio del empleo se refugia en la economía sumergida y que, pese al recorte de los salarios de casi 25%, el trabajo en negro crece de forma constante.

Y es que en este mundo donde se “rescata” a los países pobres y se “blinda” a los ricos, estos matices pretenden enmascarar una realidad punzante: detrás de cada recorte hay incontable sufrimiento humano, detrás de cada despido hay sueños y familias rotas, y detrás de esta zozobra quedan marcas en la infancia de los niños. ¡Y todo en aras de la confianza del mercado!

David Chagoya



[1] http://www.economonitor.com/blog/2012/05/europes-depressing-prospects-two-reasons-why-spain-will-leave-the-euro/

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