22 de noviembre de 2013
Instituto Gestar

La Gratuidad de la Enseñanza Universitaria

Una de estas políticas que nos permiten “inflar el pecho” es la gratuidad de la enseñanza universitaria, decretada por Perón el 22 de noviembre de 1949, hace exactamente 64 años, cuando expresó:
"Desde hoy quedan suprimidos los actuales aranceles universitarios en forma tal que la enseñanza sea absolutamente gratuita y esté al alcance de todos los jóvenes argentinos que anhelan instruirse para el bien del país".


“El Estado debe prestar todo su apoyo a los jóvenes estudiantes que aspiren a contribuir al bienestar y prosperidad de la Nación suprimiendo todo obstáculo que les impida o trabe el cumplimiento de tan notable como legítima vocación.”
Esta política de inclusión fue algo absolutamente revolucionario en aquella época. Incluso el movimiento de la Reforma Universitaria de 1918, no se atrevió a plantear el objetivo de una universidad gratuita, abierta al pueblo. La verdad es que incluso al día de hoy, en varios países de nuestra América Latina, como Chile y Colombia, las luchas por una universidad pública gratuita son moneda corriente. El mundo se sorprendió por la profundidad y extensión de esas luchas en nuestro hermano país de Chile. No es osado afirmar que los resultados aplastantes de la última elección a favor de Michelle Bachelet, que llevaba en su lista a diputados a algunos líderes estudiantiles, estuvieron influenciados por esa lucha.
Si bien algunos ven como una anormalidad la educación universitaria pública y gratuita que tiene la Argentina, esto no es más que un prejuicio ideológico, alimentado por la visión neoliberal de los sistemas educativos que tanto daño ha hecho en nuestra región y en todo el mundo. Los países más desarrollados del mundo, como Noruega y Finlandia tienen universidades públicas y totalmente gratuitas. El sistema educativo finlandés es bajo todos los estándares el mejor del mundo, y es en público y gratuito desde el preescolar hasta la educación universitaria. El acceso masivo al saber, a la enseñanza, al conocimiento, hace a las sociedades más productivas, pero también más democráticas y más justas. No es casualidad que Noruega y Finlandia sean también países con una distribución del ingreso muy igualitaria.
Nuestro sistema educativo tiene mucho por mejorar. Aunque el camino transitado es sumamente alentador, no debemos ignorar que aún queda un largo tramo por recorrer y que podrían adoptarse ciertas medidas que permitan dar un salto de calidad que, si logran implementarse de manera homogénea y universal, potenciarían aún más el rol que actualmente tiene la educación como igualador de oportunidades y propulsor de la movilidad social para alcanzar el país justo que tanto anhelamos y que cada vez vemos más cerca.

Roberto Arias
Instituto Gestar

 

 

 

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