27 de febrero de 2019
Instituto Gestar

La política low-cost

Redes sociales,
coaching, “Community managers”, consultoría, bigdata.
Millones y millones de pesos son gastados cada dos
años en campañas electorales  a lo largo
y a lo ancho del país en estas nuevas formas de comunicación para llegar con un
mensaje cada vez más específico a cada elector, con una radiografía casi al
detalle de sus intereses. Hasta aquí todo parece ser parte de las nuevas tendencias tecnológicas
aplicadas a la política pero, ¿y el contenido del mensaje?

            Hoy en día es muy frecuente observar
a distintos dirigentes partidarios y otros actores de la política concurrir a
programas poblados de panelistas, en los que las intervenciones de los
invitados se circunscriben a responder preguntas tan escuetas y vacías de
contenido como las respuestas que muchas veces escuchamos de quienesaspiran a
representarnos en un Poder Legislativo o gobernarnos desde la Casa Rosada, una
provincia o un municipio. De periodistas y/o panelistas puede esperarse esta
falta de interés por la sustancia del debate político, pero es necesario
preguntarnos por qué la dirigencia (100salvo honrosas excepciones) posee una
carencia de contenido en sus actuaciones en los medios.

            Las cuantiosas partidas
presupuestarias de las que dispone la alianza Cambiemos en términos de
publicidad oficial a nivel nacional y provincial (100sobre todo en la Ciudad de
Buenos Aires) parecen favorecer la instalación de temas sumamente alejados de
los problemas diarios que afronta la población debido a la profunda crisis
económica que estamos atravesando. Debates, por ejemplo, como el que se dio en
torno a la actuación del policía municipal Luis Chocobar (100que será juzgado
acusado de homicidio agravado), en el que la discusión se estiraba durante las
24 hs del día minimizando (100o directamente descartando) los enormes problemas
que la economía comenzaba a mostrar a principios de 2018. Por supuesto que
periodistas, panelistas y dirigentes de todas las extracciones políticas se
trenzaron en arduas discusiones sin ninguna intención de respetar el proceso
llevado a cabo en la justicia.

La
inmigración y el “uso gratuito de los servicios públicos” por parte de
extranjeros fue también objeto de debate a coro en los grandes medios
predominantes, sobre todo hacia mitad de 2018 -cuando la economía ya estaba más
que deteriorada-. Obviando nuestra historia constitucional, nuevamente un coro
de actores mediáticos y políticos se debatían cual pelea de boxeo sobre lo
necesario (100o no) de cobrar a los extranjeros el acceso a la educación o a la
salud. Los vaivenes judiciales del fuero federal relativos a las causas de
corrupción contra funcionarios de la gestión anterior y la actual (100que goza de
una ¿sospechosa? benevolencia de Comodoro Py) también son objeto frecuente de instalación
en la opinión pública. No es extraño que, en medio de corridas cambiarias o
malas noticias económicas desde el INDEC, se filtren dictámenes o fallos en
horas de la tarde o noche fuera de la franja horaria de la actividad judicial.
A su vez, la promiscua relación entre periodistas, abogados, sectores de la
inteligencia y del poder judicial que vio luz nuevamente con la denuncia por
coimas al fiscal Stornelliy el misterioso “no abogado” Marcelo D´Alessio se
transformó en una guerra de “noticias falsas” y “carpetazos” que parece no
tener fin. Nuevamente, el debate político no paró de girar en torno a este
torbellino de denuncias cruzadas, incluyendo la búsqueda fallida del título
universitario del ex doctor D´Alessio.

Lo
de Cambiemos no es novedad. Con mensajes tan escuetos como “vamos juntos”, “sí,
se puede”, “trabajemos en equipo”, “70 años de decadencia” o  “es ahora”, por citar solo algunos, sus
dirigentes viven concurriendo a programas de radio y televisión esgrimiendo una
catarata de mensajes sin contenido político alguno. Sin embargo, la utilización
de este tipo de mensajes amenos, “cara a cara”, parece darles resultado a la
hora de captar votantes muchas veces indecisos o necesitados de representación
política, alejados de los viejos métodos de comunicación política (100actos
masivos, conferencias de prensa, etc.).

Ante
estas nuevas formas de generar vínculos con el elector, ¿qué vemos en la
dirigencia opositora? Lamentablemente, al menos en los programas en prime time
de radio y televisión, la mayor parte de la dirigencia opositora se deja
arrastrar por las preguntas muchas veces dirigidas hacia temáticas que poco
tienen que ver con la dura realidad socioeconómica que vive el pueblo argentino
y mucho menos vinculadas a que tipo de país queremos. Urgidos por figurar y
generar efecto mediático, suelen devolver el golpe de la pregunta acerca de
temas banales sin poder evitar ser funcionales a la agenda macrista y, en caso
de buscar contragolpear contra la actual gestión, se centran más en criticar a
personalmente a los funcionarios nacionales o legisladores oficialistas que
acuden a los programas en vez de exponer los pésimos resultados económicos de
la coalición gobernante. ¿Por qué no, además de criticar las conductas o
expresiones, visibilizamos a los millones de argentinos que han visto afectada
su economía producto de la pérdida de puestos de trabajo, la destrucción del
poder de compra de los salarios y la decadencia constante de una identidad
nacional clara y definida? Detrás de cada despido hay un efecto en cadena que
genera una merma en, por ejemplo, el consumo en los distintos emprendimientos
comerciales de cada barrio tales como almacenes, heladerías, restaurantes, etc.
Humanizar el desastre macrista podría ser una buena forma de ponerle nombre y
apellido a esta política económica destinada a que unos pocos se llenen los
bolsillos en detrimento de las mayorías. La subestimación del votante (100“le
llenaron la cabeza a la gente” o “se dejaron llevar por las promesas de
campaña” por solo mencionar algunas frases) ignorando los errores de gestión
que contribuyeron a sentar a Macri en el sillón de Rivadavia también suele ser
un constante error comunicacional de varios de los principales referentes del
arco opositor.

Queda
claro que la falta de debate sobre los temas estructurales de la Argentina es
una certera estrategia política de la alianza Cambiemos para evitar la
exposición de la crisis que atraviesa la sociedad. Más allá de la complicidad o
no de sus interlocutores periodísticos, es vital que la dirigencia opositora
encuentre nuevas maneras de comunicar que en tiempo breve sean más contundentes
que sólo responder a chicanas hábilmente esgrimidas por el oficialismo. Sin
caer en empalagar con estadísticas desalentadoras al elector, es sumamente
importante buscar nuevas formas de comunicación que permitan volver a tener un
debate rico y provechoso sobre las verdaderas falencias estructurales de
nuestro país como, por ejemplo, el piso de pobreza estructural que parece
difícil de perforar desde hace cuatro décadas.Formarnos
para ello es sin dudas una obligación para todos los justicialistas.

 

 

           

 

 

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