10 de abril de 2014
Instituto Gestar

La relación con los Estados Unidos

por Cecilia Pon

Coordinadora del Área de Relaciones Internacionales de Gestar

 

“…[la Argentina] ha mantenido firme y sostenidamente la inclaudicable defensa del interés nacional, la protección de la soberanía nacional, la defensa de la democracia, el respeto a los derechos humanos fundamentales, una vocación genuina por el desarme y la no proliferación y la condena a la amenaza del terrorismo”.

Néstor Kirchner, discurso ante la 62° Asamblea General de las Naciones Unidas, 25/09/2007.

Las relaciones entre la Argentina y Estados Unidos durante esta última década se han moldeado al calor de una nueva reconfiguración del mundo. Tal como se aborda de manera exhaustiva en el artículo sobre tendencias mundiales (100publicado en este número), asistimos a una masiva y simultánea redistribución del poder mundial por el cual Estados Unidos ha perdido su lugar de hegemonía absoluta en todos los planos para dar lugar al “ascenso del resto”.

El siglo XXI comenzó con un ataque terrorista al territorio estadounidense que provocó que este país rediseñara su doctrina de seguridad y decidiera, en el plano internacional, reaccionar militarmente de manera unilateral invadiendo Irak en 2003. Además, en 2008 se produjo una crisis financiera –que muchos compararon por su magnitud con el crac de Wall Street en 1929– y que arrastró a Europa y al resto del mundo desarrollado.

Naturalmente, estos cambios globales han impactado en la configuración de las relaciones con el hemisferio y con nuestro país. Han sido conformadas por la modificación de las prioridades, las nuevas estrategias y también por el surgimiento de otros paradigmas que recuperan el pensamiento nacional latinoamericanista cuya esencia permite una vinculación con mayor grado de independencia y soberanía.

En el plano doméstico, durante la década de los 90 nuestro país aplicó de manera estricta las consignas del neoliberalismo reinantes en la inmediata posguerra fría (100Consenso de Washington), y en la política exterior practicó un alineamiento automático con los Estados Unidos, al punto de, por ejemplo, participar militarmente enviando tropas a la guerra del Golfo. La política económica de ese entonces (100paridad con el dólar, privatizaciones, desmantelamiento de la industria) nos llevó hacia una crisis económica que, tras la aplicación de políticas de ajuste, terminó en el estallido social y político de 2001-2002, con la consecuencia en el plano internacional del default de la deuda argentina.

Este rápido racconto muestra el contexto y algunas de las dimensiones que han dado forma a los vínculos entre la Argentina y Estados Unidos durante la última década. En función de ello, podemos resaltar al menos cinco aspectos que influyeron en la relación durante este último tiempo, que inducen a juzgar, a pesar de las lógicas tensiones, que ella no ha sido del todo conflictiva, y que teniendo en cuenta las tendencias globales y nuestro interés soberano, se ha tratado de mantener equilibrada. Estos aspectos son: la lucha contra el terrorismo, la no proliferación nuclear, la crisis de la deuda, la integración regional (100fin del ALCA) y la cooperación científico-tecnológica.

 

Una Latinoamérica más independiente

Latinoamérica experimenta hacia principios de este nuevo siglo un cambio de paradigma en las políticas y en el modo de relacionarse con Estados Unidos. Desde los orígenes de los Estados americanos, Estados Unidos tuvo un rol dominante dentro de su “destino manifiesto”. Su conexión con Latinoamérica se modeló bajo la consigna de la doctrina Monroe, “América para los americanos”, que marca su voluntad de liderazgo regional y de exclusión de cualquier  injerencia en la región por parte de otras potencias extracontinentales.

El libre comercio fue la política económica de Estados Unidos respecto de América Latina y el sistema democrático liberal la bandera que enarboló en el plano político, todo lo cual sirvió para intervenir, aceptar y promover dictaduras y “contener” de este modo la amenaza del comunismo soviético. El dominio se impuso también a través de la organización de una arquitectura financiera internacional integrada por organismos como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.  Esta fue la lógica que primó durante el siglo XX hasta la caída de la Unión Soviética cuando se proclamó el triunfo de los valores del capitalismo liberal.

Pero a su vez el siglo XXI trajo aparejado un viraje en los liderazgos políticos en Latinoamérica que permitió revertir las políticas económicas de una década de neoliberalismo. Con sus distintas particularidades, se repite en todos los países: aparecen nuevos liderazgos provenientes de partidos tradicionales y se crean movimientos políticos que tienen en común su pertenencia al campo nacional y popular.

Este cambio de escenario se produce cuando Estados Unidos se embarca de lleno en un nuevo escenario de guerra contra el terrorismo y una política exterior focalizada en Medio Oriente pero que en simultáneo manifiesta un marcado interés en consolidar relaciones de libre comercio con Latinoamérica, encuadrado en la propuesta lanzada en 1994 de constituir un Área de Libre Comercio de las Américas (100ALCA).

Por su parte, nuestro país estrecha lazos con los países de la región entendiendo que en vistas de superar el subdesarrollo, la pobreza y la exclusión el único camino es fortalecer la unidad latinoamericana. Evidentemente, esta nueva sintonía política que se produce entre los presidentes latinoamericanos contradice los objetivos de Estados Unidos para con la región. La Argentina fue sede en 2005 de la IV Cumbre de las Américas, donde formalmente se sepultó el proyecto norteamericano de libre comercio bajo el argumento de que no traería consigo el desarrollo con equidad social que sus gobernantes pretendían.

Se crearon de este modo nuevas instituciones regionales que reflejan la vocación de unidad latinoamericana, como la UNASUR, la CELAC, y se amplió y fortaleció el MERCOSUR sin que Estados Unidos participase como antes como rector del sistema interamericano.

La demonización del gobierno de Hugo Chávez, el constante veto a Cuba en los organismos hemisféricos, la expansión de bases y ejercicios militares en distintos países de la región fueron cuestionados fuertemente y mantuvieron las relaciones con los Estados Unidos en una constante tensión, al menos en la retórica.

En otro sentido, el comercio bilateral se ha incrementado de manera constante desde 2002, incluso significando un saldo comercial negativo para la Argentina a partir del año 2005/2006. Estados Unidos representa el cuarto mercado para las exportaciones argentinas por un total de aproximadamente 4000 millones de dólares; y ocupa el tercer lugar como país de origen de las importaciones, detrás de Brasil y China, por casi 8000 millones de dólares, según los datos del año 2012 publicados por el INDEC.

Además, en el contexto global se produce un exponencial aumento de la demanda mundial de materias primas y su consecuente revalorización en el mercado mundial, lo cual permitió que los países latinoamericanos diversificaran sus mercados hacia los países emergentes y dinamizadores de la economía mundial: China, India y otros. De algún modo, la relación con Estados Unidos pierde la gravitación que tenía hace unas décadas debido a la reconfiguración del mundo en un multipolarismo.

 

La coyuntura argentina y la salida del default

Néstor Kirchner inicia en 2003 un período de desendeudamiento del país aplicando políticas económicas heterodoxas que recuperaban el paradigma de Perón: rechazar las exigencias del capital financiero que solo contribuyen a empeorar las crisis económicas. Así, la Argentina reestructuró su deuda externa casi en su totalidad obteniendo una quita de capital inédita hasta ese momento, canceló totalmente la deuda con el FMI y decidió no tomar nueva deuda para liberar recursos para el desarrollo nacional. Esto tensó la relación con Estados Unidos porque el país estaba tomando un camino que se apartaba de lo propuesto por el consenso neoliberal.

Los coletazos del default aún los seguimos sufriendo hoy a manos de los denominados fondos buitre, un pequeño pero poderoso grupo de acreedores que no aceptaron la reestructuración de deuda que la Argentina abrió en dos oportunidades para pagar los bonos de deuda pública en deafult. Sin entrar en los detalles de la demanda, este conflicto tiene lugar cuando estos fondos acreedores decidieron recurrir a la justicia de Nueva York a fin de que esta obligara a la Argentina a pagar el total de la deuda original sin ningún tipo de quita (100lo cual, de ser pagado a los fondos que iniciaron la demanda, invalida lo que aceptaron el 93% del resto de los acreedores). Si bien la actitud de los fondos de inversión no refleja una actitud proveniente del gobierno de los Estados Unidos, el lobby que estos ejercen sobre el gobierno y la justicia estadounidenses afecta y condiciona las relaciones bilaterales.

Afortunadamente, los gobiernos de Estados Unidos y de algunos países europeos reconocen los efectos que un fallo por parte de la Corte Suprema de los Estados Unidos en contra de la Argentina podría tener sobre el sistema financiero internacional, dado que pone en peligro todos los procesos de reestructuración de deuda soberana. Además de ello, el gobierno de Estados Unidos presentó un escrito en la Corte en favor de la posición argentina cuestionando la pretensión del juez Griesa de embargar los activos argentinos que se mueven alrededor del mundo. El presidente Obama expresó en el escrito: “Los tribunales estadounidenses deben tener en cuenta que embargos sobre países extranjeros en Estados Unidos implican una afrenta a su dignidad y pueden afectar las relaciones diplomáticas con ellos”.

La Argentina cuestiona la arquitectura financiera internacional y plantea firmemente en todos los ámbitos multilaterales la necesidad de su reforma. La cuestión de los fondos buitre ejemplifica la cesión de soberanía jurídica y la pérdida de inmunidad soberana que implica el esquema de endeudamiento propuesto por los organismos internacionales. Los bonos de deuda pública fueron emitidos bajo legislación de Nueva York como cláusula indiscutible para seducir a los inversores extranjeros; la misma condición pesa sobre los Tratados Bilaterales de Inversión que ceden soberanía a favor del CIADI.

Este gobierno se encuentra en un proceso de normalización de los compromisos asumidos internacionalmente pese a que entraña pérdida de soberanía (100podemos incluir aquí el nuevo índice de precios elaborado en forma conjunta con el FMI). Esto normaliza las relaciones con Estados Unidos y presupone un nuevo punto de partida respecto a futuros compromisos internacionales.

 

La lucha contra el terrorismo

El terrorismo internacional adquiere una enorme relevancia en la agenda internacional luego del ataque del 11 de septiembre de 2001. Como consecuencia de ello se rediseña la seguridad de la agenda global y hemisférica para otorgar mayor importancia a las “nuevas amenazas”, concepto que por supuesto incluye al terrorismo internacional pero se extiende a toda una serie de fenómenos de distinta naturaleza como el narcotráfico, las migraciones, el cambio climático, la insurgencia o la desigualdad social; es decir, todo aquello que se supone puede poner en peligro la supervivencia del Estado.

La Argentina, junto con todos los países de la región, condenó desde un primer momento los ataques y adhirió políticamente a los fundamentos de la “guerra contra el terrorismo”. Bush, por entonces presidente, con su ultimátum “están con nosotros o están con el enemigo” no dejó margen para posturas neutrales o intermedias. Nuestro país había sido víctima de ataques terroristas en los 90, lo cual acrecentó su compromiso con la condena de este tipo de ataques.

Sin embargo, el apoyo incondicional argentino respecto de este tema no impidió que en virtud de la historia y el respeto a los derechos humanos de este gobierno, nuestra posición fuera de discrepancia acerca del corolario de la doctrina de las “nuevas amenazas”, ahora llamadas “desafíos multifacéticos y solapados”, dado que el Pentágono promueve la utilización de las Fuerzas Armadas en las tareas de seguridad interior. En este aspecto algunos países como Colombia se convierten en el ejemplo que Estados Unidos utiliza para exportar este modelo. En palabras de Cristina: “Hemos vivido los argentinos dos veces, en 1992 y 1994, los ataques del terrorismo global. La lucha que estamos comprometidos contra ese terrorismo tampoco nos debe llevar a justificar que por temor al terrorismo global incurramos en la violación global de los derechos humanos” (100Cristina Fernández de Kirchner, Discurso en el acto de asunción de mando en el Congreso de la Nación ante la Asamblea Legislativa, 10/12/2007).

 

Un jugador importante en materia de energía nuclear

Si existe un aspecto en donde la cooperación y el alineamiento entre la Argentina y Estados Unidos se da sin tensiones es en el ámbito de la seguridad y no proliferación nuclear. En el año 1950, durante el gobierno de Perón, la Argentina dio los primeros pasos para crear su propio programa nuclear, lo cual le permitió formar parte del selecto grupo que dominaba la tecnología en ese momento.

La Argentina hoy es un jugador mundial importante en materia de energía nuclear pues pertenece al grupo de países que tiene tecnología nuclear propia, y se ha destacado por promover el uso pacífico de esa tecnología en el mundo. De hecho, en el año 2010, respondiendo a una iniciativa promovida por Washington, la Argentina participó en las dos Cumbres de Seguridad Nuclear, en las cuales firmó nuevos compromisos en materia de no proliferación y, en 2011, se unió a la Iniciativa Global para Combatir el Terrorismo Nuclear (100GICNT), un nuevo régimen internacional para regular la seguridad nuclear y prevenir el tráfico de material nuclear.

Más allá de la efectividad de estas iniciativas, la creación de estos regímenes responde a un objetivo estratégico impulsado por los países que poseen el monopolio de las armas nucleares, firmado a través del Tratado de no proliferación nuclear en 1968, que restringió la posesión de armas nucleares a cinco Estados (100Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China). Por fuera del tratado, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte han desarrollado armas nucleares y cuestionan los fundamentos del Tratado. Los Estados firmantes se comprometen a no desarrollar armamento nuclear.

Estados Unidos en particular lidera este tipo de espacios en vistas a evitar el desarrollo de armas nucleares en Estados definidos como enemigos (100caso de Corea del Norte o Irán) y la Argentina ha trabajado activamente allí aprovechando su desarrollo nuclear, que ha tenido enorme impulso desde 2006 (100plan para terminar las centrales nucleares), al tomar parte activa de los tratados y espacios multilaterales de regulación de la proliferación de armas nucleares.

 

Cooperación científica como producto de diez años de crecimiento

Además del poder militar, Estados Unidos aún conserva la primacía en lo que se refiere a innovación y desarrollo científico-tecnológico. En este aspecto, la Argentina ha aprovechado las ventajas que la cooperación le brinda en esta materia. Existen mecanismos de cooperación en nanotecnología, evaluación de la atmósfera y el espacio, energías alternativas, biotecnología y la ciencia aplicada a la salud y al medio ambiente, entre otros.

La Argentina es uno de los productores biotecnológicos más importantes del continente americano y cuenta con empresas vinculadas al complejo científico-tecnológico en materia de sanidad animal y producción de vacunas.

 

Conclusión

En conclusión, muchas veces se destacan los aspectos negativos de la relación entre la Argentina y Estados Unidos con el ánimo de resaltar una supuesta voluntad del gobierno de “aislarse del mundo”, de apelar a argumentos excesivamente “ideologizados” para subrayar los “aspectos negativos” de la historia que “irritan innecesariamente” a Estados Unidos. Este pequeño repaso tiene como objetivo poner en perspectiva ciertos procesos (100domésticos y externos) que han influido en la relación bilateral, no siempre en forma negativa, pero que tienen en común una puesta en juego de la soberanía nacional. Algo que, al menos desde el principio de este proceso político, se ha intentado defender.

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