2 de abril de 2012
Instituto Gestar

Las Malvinas son argentinas y una causa sudamericana y global

 

En 1833 las Malvinas fueron ocupadas militarmente por Inglaterra y renominadas Falkland. Desde entonces todos los gobiernos argentinos han reclamado a Gran Bretaña su devolución. Al crearse en 1945 la Organización de las Naciones Unidas (100ONU), Inglaterra inscribió a las Falkland como colonia de su Imperio, en tanto que Argentina registró a Malvinas como una parte de su territorio nacional usurpado por una potencia extranjera. A partir de ese momento el reclamo argentino se trasladó a ese ámbito. Es así que en 1964 logró que Malvinas/Falkland sea declarado por la ONU territorio sujeto a descolonización (100Resolución 1564). Y en 1965 consiguió que la ONU invite a Inglaterra y a la Argentina a iniciar una negociación bilateral para resolver el litigio (100Resolución 2065). Lo importante es que estas resoluciones dejan de lado el principio de autodeterminación que sostienen los ingleses, porque establecen como marco de la solución, que la misma tenga en cuenta los intereses de la población de las Islas Malvinas/Falkland, no los deseos, como proponen los británicos.

En 1966 comenzó la negociación argentino-británica sobre la soberanía, apuntando a acordar medidas prácticas que faciliten el movimiento de personas y bienes entre el territorio continental argentino y Malvinas. Producto de ello en 1972 la Fuerza Aérea Argentina construyó el aeródromo de las islas, LADE pasó a brindar un servicio aéreo regular desde el territorio continental e YPF a abastecerlas de combustibles. Además se conversaba sobre el otorgamiento de becas a los malvinenses para estudiar en el territorio continental, el envío de maestras de español a las islas, el establecimiento de comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas y de intercambio turístico y cultural.

Pero el 2 de abril de 1982 se produjo algo inesperado y sorpresivo. La dictadura cívico militar que en 1976 había usurpado el poder constitucional de la Argentina ocupó militarmente Malvinas y rindió al gobernador británico. El resultado final de esta acción militar improvisada, que rompió con la hasta ese momento exitosa estrategia diplomática argentina, es conocido: la derrota y la pérdida de todos los avances que habíamos logrado en cuanto a hacer depender a los isleños de la economía argentina para prosperar y salir del aislamiento en que los tenía abandonados hasta ese momento, una Inglaterra debilitada que había comenzado a negociar su retiro. Como contratara, el acto irresponsable de la dictadura, no obstante la derrota, revalidó que la recuperación de la soberanía sobre Malvinas es una causa nacional que sigue viva para el pueblo argentino y que, más allá de la conducción desatinada de la guerra que ejerció la dictadura, el pueblo argentino produjo Héroes y Mártires a los que debemos Honor y Gloria, como lo acaba de recordar la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Pero  lo cierto es que la derrota cambió el escenario estratégico del conflicto: la Inglaterra debilitada que había comenzado a negociar su retiro facilitando la incorporación de la economía argentina en Malvinas, fue reemplazada por un Imperio Británico revivido, con renovada voluntad de permanecer y de excluir totalmente a la Argentina de la economía de las islas; esto, en un contexto de cambio en la economía global que benefició a los ingleses en su nueva posición dominante. En efecto, en los ’70, cuando Inglaterra estaba en retroceso y negociaba su retiro de Malvinas, la actividad económica de las islas era casi nula, porque la pesca estaba paralizada. Pero a partir de los ’80, la pesca tomó nuevo impulso, por una renovada demanda mundial; y la posibilidad de extraer petróleo se hizo real en los ’90, por el fuerte incremento del precio del barril en el mercado internacional.

Frente a esta agresiva estrategia geopolítica colonial inglesa que consiste en mantener una fortaleza militar en Malvinas y explotar los recursos pesqueros y petroleros de las islas dejando de lado a la Argentina, mientras intenta involucrar a otras naciones sudamericanas con el propósito de aislarnos; el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner está llevando a cabo una estrategia geopolítica alternativa que se expresa por la vía diplomática: consiste en exigir la desmilitarización del Atlántico Sur y en convertir a la causa Malvinas en una causa sudamericana y global. ¿Cómo? Introduciendo en todas nuestras negociaciones económicas con los estados y empresas del mundo el mandato de la ONU que obliga a Inglaterra a negociar con Argentina la soberanía, dejando claro que Argentina no acepta la explotación unilateral de los recursos pesqueros y energéticos que esta llevando adelante Inglaterra en las islas, logrando la solidaridad de la UNASUR con esta decisión.

También retoma el camino que se había recorrido con éxito entre 1964 y 1974: avanzar en cuestiones prácticas que hagan posible la vinculación entre las Islas Malvinas y el territorio continental argentino, procurando que se reanuden los vuelos de Aerolíneas Argentinas a las islas, pero sin dejar de lado el reclamo de soberanía y sin dejar de tener en cuenta que lo que hay que considerar es el interés, no el deseo de los isleños. Y para fortalecer la unidad nacional y popular en torno a causa Malvinas, dio a conocer el Informe Rattembach que analiza críticamente la conducción de la guerra que la dictadura realizó en 1982 y construye el Museo y Memorial Malvinas en el Espacio de la Memoria para recordar con Honor y Gloria a los Héroes y Mártires.

Mario Bertellotti

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