19 de junio de 2014
Instituto Gestar

Libres de ataduras

 

La negativa de la Suprema Corte de Justicia de EE.UU. a revisar el caso de la deuda en default es un duro golpe para el país. Sabemos que el fallo del juez Thomas Griesa que le dio la razón a los fondos buitres no tuvo nada de accidental, y eso deberíamos entenderlo claramente.


Al contrario, fue un movimiento en el tablero de ajedrez de las finanzas internacionales que apunta a poner de rodillas no a Cristina, sino a la Argentina, para que nuevamente nos subamos a bicicleta financiera y contratemos deuda a tasas de interés sumamente desfavorables para pagar y ser “serios”, para que afuera nos vean “bien”, para que seamos “como los demás”.

Por eso es que ayer nuestra Presidenta Cristina habló de extorsión judicial. Por eso apeló al derecho a la independencia económica y a la soberanía política que hemos recuperado en estos años. Por eso reiteró que el mundo debe cambiar o, de lo contrario, los amos del poder acabarán por destruir a los países en desarrollo para que sigamos siendo fuentes baratas de materia prima y mano de obra, con nulo desarrollo económico.

Nada mejor que el fuego para probar el temple de las personas. Y la respuesta de ayer de Cristina provocó un tremendo orgullo entre los millones de argentinos y argentinas. Queríamos saber la posición del Gobierno Nacional, y el mensaje fue claro: seguir honrando la deuda reestructurada, pero negarnos a la extorsión y quiebra del país.

Salvo contadas excepciones de los cipayos de siempre que comunican como si fueran buitres criollos, el arco político del país comprendió la gravedad de la situación y de una forma u otra envió señales de apoyo y moderación, ya sea para ayudar con propuestas o en respetuosa espera de las medidas del Gobierno Nacional. Obvio que la situación no es para menos, pero la firmeza de ideales demostrada una vez más por Cristina dejó en claro que su intención no es dejar al país como lo encontró Néstor sino con un futuro próspero. La salida “fácil” sería pagar sin más, pero sus consecuencias serían desastrosas para las futuras generaciones. Por eso es que es momento de cerrar filas como país y mostrar nuestra argentinidad. ¡Mostremos de qué madera estamos hechos!

David Chagoya

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