12 de septiembre de 2014
Instituto Gestar

Los días más culturales: Parte II

 

Las industrias culturales son generadoras de empleo y producción económica, pero fundamentalmente su importancia estratégica radica en que los bienes y servicios que producen poseen un importante valor simbólico, vinculado a la preservación de la identidad nacional y regional. Desde esta perspectiva, sólo una combinación virtuosa de intervención estatal y fortalecimiento del mercado interno genera las condiciones objetivas para la realización de derechos fundamentales como el acceso a la cultura, la información y la libertad de expresión.Eso es lo que el peronismo logró hacer en los diferentes períodos en que fue gobierno.


En el artículo anterior (100Los días más culturales: Parte I, http://buff.ly/1m0wJUb) exhibimos que la mayor producción editorial ocurrió durante los gobiernos peronistas. En esta sección mostramos que, en otros sectores nucleares de las industrias culturales como el cine y la música, la producción cultural también reflejó ciclos ascendentes coincidentes con dichos periodos.

 

La guerra gaucha a la pantalla gigante

En 1931 se registran 4 películas producidas de origen nacional, cuatro años después se alcanzaban las 14, y en 1937 unas 30. A partir de ese año comienza lo que se dio a llamar la “década de oro”, del cine argentino. En 1950 se produjo la mayor cantidad de películas hasta entonces en el país: 58 largometrajes. Vale decir que dicha cifra sólo fue superada en 2005 con 65 películas, llegándose en 2013 al histórico número de 166 largometrajes estrenados. En 1975 se estrena la película argentina más vista en la historia cinematográfica, “Nazareno Cruz y el Lobo”, del gigante Leonardo Fabio.

Durante el año pasado, con base a las crecientes perspectivas que exhibe la producción cinematográfica y televisiva nacional, la Argentina fue nombrada "país de honor" del Mipcom 2013, el mercado de comercialización de contenidos audiovisuales y formatos para TV más importante del mundo. Fue la primera vez que un país latinoamericano consigue tal reconocimiento.

 

 

Y esta noche de alegría

Durante la década de 1940 el tango vive su momento de máxima expresión, gracias a la radiodifusión, la multiplicación de sellos discográficos, la introducción del tango en el cine nacional de la mano de grandes maestros. Con la llegada del peronismo, millones de obreros, trabajadores y empleados se incorporan como consumidores al mercado de la música. A esos años corresponde el boom del folclore que generó la difusión masiva de músicos y cantantes, por ejemplo, el ascenso del mendocino Antonio Tormo, que en 1950 vendió 5 millones de discos con su simple de «El rancho’e la Cambicha». Tormo sería reconocido como el inventor del folclore de masas y el cantante preferido de los «cabecitas negras». A él lo acompañaron el Polo Giménez, los cuartetos Los Chalchaleros, Los Cantores de Quilla Huasi y Los Fronterizos, y el maestro Atahualpa Yupanqui.

La época de mayor actividad en esta industria se registra en el bienio 1974-1975, con un pico de 31 millones de fonogramas vendidos en 1975 y otro de 27 millones en 1974.. Estas cifras decaen a 17 millones de discos en 1976 y la industria fonográfica nunca volvería a alcanzar valores similares a los del tercer gobierno del General Perón. Esta caída sin retorno puede explicarse como fruto de la censura y represión primero, por las sucesivas transformaciones de formatos después (100cassettes, cd) y, más recientemente, por la posibilidad de acceder digitalmente a contenidos musicales. Ahora bien, esto no significa la crisis de toda la economía musical, ya que durante la última década se advierte un ascenso vertiginoso de los espectáculos de música en vivo y el concomitante aumento de los ingresos por este tipo de espectáculos. Especialmente, entre 2005 y 2009 los ingresos en este rubro casi se duplicaron.

 

Un éxito del peronismo

La combinación virtuosa de fortalecimiento del mercado interno y políticas culturales activas durante los diferentes períodos peronistas generó las condiciones de realización de los derechos culturales de manera mucho más exitosa que gobiernos de otro signo político. Lejos de prejuicios elitistas que conciben a las alpargatas enfrentadas a los libros, no sólo los días más felices, sino también los de mayor protagonismo y diversidad cultural fueron, son y serán peronistas.

 

 

Natalia Calcagno y Julio Villarino

 
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