1 de abril de 2014
Instituto Gestar

Malvinas corazón de una gran Argentina, oceánica y bicontinental

 

Ya lo decía el viejo Jauretche: “Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”.


Como cada 2 de abril la argentinidad late más fuerte en lo profundo de nuestro corazón, sin distinciones de edad ni de clase social. Desde hace tres décadas y cada vez con más fuerza, un sentimiento nos aúna, nos conecta y nos sumerge, casi mágicamente, en una empatía mística llena de nostalgias y cargada de ausencias, las de aquellos que dieron como ofrenda su vida y la de nuestras queridas Islas Malvinas.

Pero la vida queda para adelante y las naciones se engrandecen y los pueblos son felices sólo cuando han encontrado la senda hacia el futuro. Con la profundidad de la historia, claro, y metidos, pero muy metidos en la realidad de nuestro presente situado, nos toca florecer de a miles tirando juntos para un mismo lado, justamente allí donde queda el futuro, siempre para arriba y siempre para adelante.

Malvina y Soledad tienen mucho para decirnos de nuestro futuro. Los argentinos somos mucho más conscientes del gigantesco valor que tiene y que tendrá Malvinas en un futuro no muy lejano. Y esto es un síntoma de que hemos logrado comenzar a integrar la pasión y los sentimientos que despierta esa porción de nuestra identidad territorial a una visión social pragmática y comprometida con el desarrollo sustentable y la paz.

Somos cada vez más quienes sabemos que Malvinas no es un capricho, que por el contrario se trata de una enorme ventana de oportunidades que puede transformar nuestras estructuras productivas e impactar decisivamente sobre el sueño de la movilidad social ascendente, el trabajo y el desarrollo industrial. Este es un fenómeno de conciencia endémica sin retorno. Justamente, porque hoy sabemos que Malvinas no es un archipiélago. Malvinas es un sistema geográfico al que sin titubeos podemos llamar “la última frontera planetaria de los recursos naturales”. Tras su manto de neblina se esconde el corazón de una Argentina grande, oceánica y bicontinental.

En menos de un siglo pasaremos de ser 6.500 millones a 9.500 millones de personas habitando el planeta. Con la industria y el consumo global tal y como lo conocemos vamos hacia un inevitable cuello de botella para el aprovisionamiento de cinco elementos claves para nuestra subsistencia como especie: energía, minerales metalíferos, proteínas, biodiversidad y agua potable.

En vistas a este escenario, el mundo ha puesto sus ojos en los únicos dos espacios del planeta que aún no están bajo soberanía efectiva de los Estados. Esos dos espacios tienen a Malvinas como punto en común. El primero es la Antártida, un enorme continente de 14 millones de kilómetros cuadrados, casi seis veces el tamaño de la Argentina continental, donde todos esos recursos están disponibles.

El segundo espacio de alto valor futuro son los fondos marinos y las plataformas continentales. Nuestro país tiene la tercera en extensión a escala planetaria. Nada y nada menos de 6 millones de kilómetros cuadrados de plataforma continental, cerca de dos veces y media la superficie de nuestra Argentina continental. ¿Qué hay allí? Todo. Energía, minerales metalíferos, proteínas y biodiversidad. Malvinas es un tema demasiado serio para ser simplemente un capricho.

En el centro de ese escenario esta Malvinas, hilvanando nuestra Antártida y nuestra Plataforma continental, proyectando una Argentina grande, oceánica y bicontinental.

El futuro nos interpela a pensar el mayor desafío que tenemos por delante: la construcción de una "justicia social sustentable", es decir, una justicia social posible para nuestras próximas generaciones. De eso también se trata Malvinas.

Juan Recce

PueblosPorMalvinas.org / ArgentinaASE.org

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