26 de marzo de 2014
Instituto Gestar

Mercado agroalimentario mundial y soberanía alimentaria

 

Recientemente la empresa estatal china Cofco adquirió el 51% del paquete accionario de la empresa de origen holandés Nidera, una de las principales firmas exportadoras de granos en la Argentina y en el mundo. Fuentes periodísticas aseguran que la compra se enmarca en un movimiento estratégico del gigante asiático, cuya finalidad es la provisión de alimentos para atender la demanda de una población urbana en continuo crecimiento. Esta operación se suma a otras realizadas por distintas empresas chinas que adquirieron paquetes accionarios de empresas productoras, procesadoras y comercializadoras de alimentos, en distintos países.


Por otro lado, Cofco tiene en la mira a la empresa Noble Group, cuyas actividades entran también en el rubro agroalimentario. La pregunta que surge de manera inmediata es por qué el gigante asiático busca controlar de manera directa los mercados agroalimentarios. El crecimiento económico de ese país y la expansión demográfica son factores que impulsan la necesidad de control directo de los alimentos. Una creciente población urbana que demanda niveles crecientes de alimentos fuerza a las autoridades chinas a ir en busca de los resortes clave del mercado mundial de alimentos. Por un lado, la provisión de alimentos garantiza el crecimiento económico, a la vez que, desde el punto de vista político, la satisfacción de las necesidades básicas del conjunto de la población china procura la estabilidad social necesaria para que ese crecimiento sea sostenible. No se trata de un tema menor, ya que la falta de alimentos se convertiría en un factor de inestabilidad social que podría socavar a las actuales autoridades chinas.

La compra de Nidera por parte de Cofco y las negociaciones abiertas para la compra de Noble Group ponen de manifiesto la voluntad del Estado chino de controlar un mercado a nivel mundial para garantizarse la provisión de un recurso clave para su desarrollo: los alimentos.

En este marco internacional, que se suma a recientes polémicas por al acopio de granos en un momento en que el Banco Central necesita divisas, no está de más tocar dos temas clave, vinculados entre sí. Por un lado, la soberanía alimentaria en tiempos en que el crecimiento de la población de países del sudeste asiático, como India y China, incrementa la demanda mundial de alimentos como consecuencia de la creciente urbanización. Por otro, la posibilidad que se le presenta a la Argentina de generar mayores ingresos a partir de la existencia de un sector agrario competitivo.

Los gobiernos de Néstor y Cristina sostuvieron siempre políticas para la defensa de la soberanía alimentaria. Sin embargo, muchas veces encontraron resistencia en sectores de gran poder económico e influencia. La resolución 125 del año 2008, que establecía un esquema de retenciones móviles, fue una de esas políticas que chocó contra la negativa de poderosos intereses concentrados. En un escenario de alza de los precios internacionales, la propuesta de retenciones móviles buscaba mantener un nivel de precios internos para que los alimentos no se encarecieran al ritmo en que lo hacían los precios externos.

Este conflicto por el control de los mercados alimentarios continúa abierto. Fortalecer al Estado frente a la voracidad de grupos económicos es parte de la estrategia política nacional que hoy sostiene Cristina.

Sabemos que el interés de las grandes firmas exportadoras no se centra en satisfacer la demanda interna si los mercados internacionales garantizan mayor nivel de rentabilidad. Es por eso que la presencia del Estado en el mercado agroalimentario, que cada vez cobra mayor nivel de volatilidad al quedar sujeto a la lógica especulativa del capital financiero, es de vital importancia. No se trata de una impostura ideológica, sino de garantizar por un lado, el alimento a los 40 millones de argentinos y a los millones más que están por venir y por el otro proveer de las divisas necesarias para continuar con el proceso de industrialización que lleva adelante este proyecto. Para lograr este objetivo una empresa estatal que opere en el mercado agroalimentario podría ser una herramienta efectiva.

Argentina se encuentra frente al desafío de agregar el máximo valor posible en cada una de sus cadenas productivas. A modo de ejemplo podemos decir que no alcanza con transformar el grano de soja en aceite de soja crudo. Queremos avanzar y llegar al aceite de soja refinado, al biodiesel, a subproductos como la glicerina, en fin: alcanzar el máximo valor agregado posible con trabajo nacional, con tecnología local. Entendemos también que podría impulsarse este proceso de agregado de valor a partir de la presencia de una empresa estatal. Con la elaboración de productos de mayor nivel de valor agregado la renta capturada por la Nación sería mayor al actual. Un operador nacional tendría la posibilidad de orientar las divisas obtenidas en función del desarrollo nacional. El caso de la empresa estatal china corrobora la importancia estratégica que un país en crecimiento otorga al control del mercado alimentario.

Como consideración final, la conformación de una empresa estatal que opere en el sector de los agronegocios podría convertirse en una importante herramienta para afirmar la soberanía política y la independencia económica. Con Cofco y otras empresas como ella, China teje una estrategia global tendiente a garantizar su soberanía alimentaria y sobre esta base garantizar el crecimiento nacional. Es la historia de todos los imperios, que financian su crecimiento a partir de la explotación de recursos en todas las áreas del planeta. Sería interesante pensar nuevos mecanismos de intervención en el mercado que fortalezcan la posición de la Argentina en el mundo, ya sea a través de empresas estatales, mixtas o fomentando una burguesía nacional comprometida con el desarrollo del país. Empresas de estas características ayudarían a conseguir los objetivos de alcanzar una patria más justa, más libre y más soberana, con alimentos para todos los argentinos y con desarrollo industrial independiente.

Andrés Pellegrini

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