14 de marzo de 2011
Instituto Gestar

Nacionalismo oportunista y la “maldición de los recursos naturales”

El mencionado precandidato tiene una gran virtud: su discurso es totalmente definido y monotemático. Cualquier pregunta que le hagan sobre el pasado, presente o futuro, brinda como respuesta el mismo mensaje. La necesidad de proteger nuestros recursos naturales porque son la garantía de nuestra grandeza como Nación. Tener un discurso totalmente definido es muy bueno en política. Permite que le llege un mensaje claro y preciso a un electorado disperso y que habitualmente presta poca atención a la política.

El problema del discurso de Pino Solanas es que es profundamente errado. Estamos de acuerdo que en materia de recursos naturales hay cuestiones de soberanía y de cuidado del medio ambiente que son centrales y que es mucho mejor tener recursos naturales que no tenerlos.

Lo que es un craso error es pensar que son la garantía del desarrollo económico o, peor, como dijo este jueves en un programa de TN (100adonde va casi a diario), que son “las grandes fuentes de productividad”. Siendo que Claudio Lozano y otros economistas pasaron por un aula de economía alguna vez y hoy están con Pino Solanas, deberían explicarle que los recursos naturales son una fuente de renta, pero no de productividad. Conceptos no solo diferentes, sino prácticamente opuestos.

Una adecuada política respecto a los recursos naturales, además de proteger el medio ambiente y de salvaguardar la soberanía, implica fundamentalmente lograr que la renta “extraordinaria” (100esto es luego de deducido el costo de extracción y la renta “ordinaria” vinculada a una inversión) que produce su extracción quede en manos del Estado. Ahora bien, esto no es en absoluto una fuente de mejora de productividad, condición del desarrollo económico sustentable.

Es evidente que los países más desarrollados no han sido especialmente dotados por los recursos naturales. El caso emblemático es Japón (100no tiene petróleo, ni grandes yacimientos minerales, ni extensiones de tierra para realizar producción agricola o ganadera), pero también están los países del norte de Europa (100Suecia, Noruega, Finlandia). Hasta cierto punto el desarrollo desigual de EEUU expresa también esta relación esquiva entre recursos naturales y desarrollo. Los recursos naturales están principalmente en el sur (100agro, minería y más adelante petróleo), pero el desarrollo económico e industrial vino del norte. Por supuesto que este conflicto en el modelo de país no se resolvió “consensuando” distintas posiciones, sino mediante una sangrienta Guerra Civil en la cual triunfó el norte industrialista. Triunfó un modelo en el cual el desarrollo se basa en mejoras sostenibles en la productividad, obtenidas mediante la aplicación de la ciencia y la tecnología a procesos industriales. El emblema de esta revolución que le permitió a EEUU convertirse en la economía más importante del mundo fue el Fordismo. Del otro lado, tenemos principalmente los países africanos, ricos en petróleo y en minerales valiosos (100oro y diamantes), pero que no lograron despegar en la carrera del desarrollo.

Este principio, que en la década del 1980 comenzó a llamarse en artículos sobre economía del desarrollo la “maldición de los recursos naturales” o también la “enfermedad holandesa” fue 20 años antes abordado por Marcelo Diamand. Este gran economista argentino planteó la necesidad de estar atentos al desarrollo desigual que genera una estructura fuertemente desequilibrada en función de sectores más competitivos (100habitualmente los vinculados con los recursos naturales) y otros menos competitivos (100la industria incipiente) respecto a la economía mundial. Diamand plantea como solución los tipos de cambio efectivos múltiples (100por ejemplo mediante retenciones a las exportaciones de productos primarios), política que del 2003 en adelante viene aplicando este Gobierno Nacional. Esto ha logrado que en el año 2010, el principal rubro de las exportaciones argentinas (100por primera vez en la historia) haya sido las manufacturas de origen industrial, inclusive en un marco de altos precios de materias primas. Diamand descubrió la vacuna a la enfermedad holandesa, los gobiernos de Nestor y Cristina, la rescataron del olvido y la aplicaron con éxito.

Roberto Arias

Economista

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