11 de octubre de 2011
Instituto Gestar

Navegando a motor

 

Si bien el Informe destaca el alto nivel de crecimiento que tiene toda la región durante el año 2011, que llevaron al organismo a revisar sus propias proyecciones de crecimiento “a la alza” (100casualmente para Argentina, Ecuador y Venezuela), se destacan los riesgos que podrían suscitarse en el caso de un desaceleramiento global. Por tal motivo, propone a los países “integrados a los mercados financieros” evitar el “sobrecalentamiento” de la economía, o sea un ajuste económico. Para los países “menos integrados” propone políticas monetarias mucho más restrictivas, para evitar la “prociclicidad” de la política económica.

En palabras del propio FMI lo que se propone es “En caso de que se materialice un escenario adverso [en la economía mundial], la política monetaria debe ser la primera línea de defensa para aquellos países con marcos de política creíbles, mientras que solo debería recurrirse al estímulo fiscal en caso que se materialicen unas condiciones aún más adversas.” (100pg. 19).

Luego, en el Blog del FMI se continúa con la parábola climática, haciendo referencia a “navegar con vientos cambiantes”, “ajustando las velas de la economía”, etc. Sin entrar en un análisis exhaustivo del informe, nos gustaría remarcar el mal uso, a nuestro juicio, de esta figura náutica que en nuestra política vernácula se complementa al asignar el crecimiento económico al “viento de cola”. La idea es que nuestro país, y toda la región, es un velero que está totalmente condicionado por los vientos, cuando está claro que, si queremos mantener la figura de una embarcación, estamos navegando a motor, el cual es la política económica.

Aquí radica una diferencia sustancial, casi ideológica, con los redactores del informe del FMI, para quienes la política económica (100principalmente la política monetaria, ya que la política fiscal se aplicaría únicamente ante condiciones “aún más adversas”) radica en acomodar las velas según de donde venga el viento.

La política económica es mucho más que eso, puede ser el motor o el freno del desarrollo. Esta diferencia de fondo se ve claro cuando se analiza la principal crítica que hace el FMI a nuestra macroeconomía, la supuesta “prociclicidad” del modelo, crítica que se hace incluso por parte de economistas heterodoxos, como José Antonio Ocampo.

Como dice el refrán, para saber cuál es el mejor camino primero hay que tener claro el destino. Si lo que buscamos es un alto crecimiento económico, que favorezca la inclusión social, la prociclicidad debe evaluarse en términos del resultado financiero del sector público (100gasto público menos recaudación tributaria) y no en términos de agregados monetarios (100como hace el FMI) o de evolución del gasto público nominal (100como hace Ocampo).

Como se observa en el gráfico, que muestra el resultado financiero del sector público en los últimos 80 años y la tasa de crecimiento del PBI, Argentina nunca tuvo una política fiscal contracíclica… salvo desde 2003 en adelante.

 

Así, durante los años de fuerte crecimiento del PBI, se mantuvo un resultado del sector público positivo, lo cual ha permitido acumular reservas y desendeudar al sector público. Esto es lo que se hizo desde el año 2003 en adelante durante los años de fuerte crecimiento. El único año con un resultado financiero negativo del sector público (100el año 2009) fue durante una recesión (100en realidad un muy bajo crecimiento, provocado por la crisis internacional del 2008): de este modo, expandiendo el gasto público durante una recesión permitió empujar la demanda y que el impacto de la crisis internacional no se magnificara por la política económica local, como ha sido nuestra historia.

Sin negar la importancia de saber leer lo que está sucediendo en el plano internacional y cómo ajustar las políticas de corto plazo a tal escenario, está muy claro que el rol que se le asigna a la política económica por parte de nuestro Proyecto Nacional va mucho más allá de eso, porque mira la economía real, y no exclusivamente agregados monetarios y el sector financiero, como hace el FMI.

El proceso de construcción de una política económica independiente, que tenga como objetivo central la inclusión social, expresa con mucha precisión una concepción arraigada en las Tres Banderas del peronismo: donde caminan a la par la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social. El destino de nuestra embarcación tiene un destino muy claro, la grandeza de la Nación y tiene un poderoso motor, cuyo combustible es la inmensa energía del pueblo argentino. ¡Cristina Capitana!

 

Roberto Arias

@RobertoJArias

 

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