4 de noviembre de 2014
Instituto Gestar

Opiniones, encuestas y gestión

Después de la Segunda Guerra Mundial, las principales corrientes de las ciencias sociales comenzaron a avanzar en un camino que intentaba acercarse a los métodos cuantitativos y matemáticos de las ciencias más duras y dejaban en parte de lado un paradigma más filosófico y de pensamientos.


Así fue como nacieron los métodos de toma de decisión y de control de riesgos, o herramientas que intentaban ser más contemplativas con las demandas sociales o que intentaban realizar proyección de matriz aritmética sobre las vivencias y perspectivas que tiene en un momento dado la sociedad.

Es así que los sondeos y encuestas empiezan a ser de cierta forma los oráculos para algunos dirigentes y principalmente para algunos medios formadores de opinión.

Más allá de los márgenes de error propios que maneja la estadística, hay aspectos que la mirada netamente numérica deja de lado, como por ejemplo la capacidad de liderazgo de los dirigentes y su capacidad propia de fijar temas que, por múltiples factores, no están en la agenda diaria de las personas. A modo de graficar esto, un ciudadano de a pie raramente reclama un plan energético a menos que haya sufrido un apagón en su hogar el día que fue encuestado.

La simple idea de un dirigente sin carisma manipulado por las encuestas y los grupos de presión nos lleva a imaginar una especie de títere que baila al compás de los aplausos de un fervoroso público.

Ahora bien, sería interesante ver qué ha sucedido este último tiempo con las encuestas no sólo en Argentina, sino con nuestros países vecinos.

Recientemente vimos que en Brasil, uno de los casos más desacertados en materia de encuestas contrastadas con la realidad. En un primer momento la prensa hablaba de que era prácticamente seguro que Marina Silva enfrentaría a Dilma en un balotaje. Con el tiempo eso no sólo no sucedió, sino que fue Aécio Neves quien consiguió el segundo lugar y logró pasar al balotaje.

La figura de Silva era prácticamente incuestionable ya que según una encuesta de Datafolha, tenía la tasa más baja de rechazo en relación a los demás competidores, siendo ésta del 11%. En el caso de Dilma, era del 34%, y la de Neves, de 18%. Esto hacia imaginar que la candidata ecologista tenía el “techo más alto” de votos y que, por ello, la mayoría del electorado se volcaría a su favor.

Mientras tanto, lo que sucede aquí también resulta algo paradójico. Por un lado, no hay ninguna encuesta que dé malos indicadores de cómo se han ejecutado planes como la Asignación Universal por Hijo (100AUH) o la vuelta al sistema de reparto de jubilaciones. Por ello, y después de ver los amplios márgenes de aprobación que mantiene la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, casi todos los referentes críticos de la oposición han adoptado como discurso la continuidad de la mayoría de las políticas que se han implementado en los últimos años.

Al ver esto, simplemente nos surge una simple pregunta: Si la oposición quiere seguir haciendo las cosas y las políticas que se han venido realizando desde el 2003 con la asunción de Néstor Kirchner, después de todas las cosas negativas que se han dicho, significa que las cosas no se han hecho tan mal, ¿no?

Fernando Righini

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