12 de octubre de 2017
Instituto Gestar

Perón se consolida como el hombre fuerte de la Revolución

Fotografía de Perón en 1944 visitando en la ciudad de Junín una Escuela Técnica de Oficios para los trabajadores que él mismo contribuyó a crear.

“Nuestra patria necesita cambios radicales que no es posible introducirlos de golpe dados los enormes intereses creados en todos los círculos del país, en especial en los políticos y los militares dominados por una poderosa minoría oligárquico-liberal-mercantilista. Si pretendemos modificar bruscamente el actual estado de cosas no debemos dudar que esta minoría nos tragará de golpe”.

Juan Domingo Perón

La situación política: renuncia Ramírez, asume Farrell como presidente

A esta altura del proceso político quedaba claro que Ramírez resultaba un escollo peligroso para los objetivos de la revolución iniciada el 4 de junio de 1943, porque se inclinaba cada vez más hacia sectores reaccionarios que se oponían férreamente a las acciones de Perón y su equipo.

Perón, por su parte, conserva un elevadísimo prestigio dentro del ejército, que, en esta etapa, resulta ser su sostén político. De hecho, es quien conduce el proceso político mientras suma poder ahora desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.

Pese a sus esfuerzos por relevarlo, el presidente Ramírez, disminuye velozmente su peso e influencia, lo que lo llevará en breve a abandonar su cargo.

Los acontecimientos se precipitan, en 1944, entre la noche del 23 de febrero y la madrugada del 24, el G.O.U., factor determinante de la revolución, reunido en la sede del Concejo Deliberante, es decir en la Secretaría de Trabajo y Previsión, se disuelve, resolviendo liberar de sus juramentos a todos sus integrantes.

Esa misma mañana, Ramírez intenta descabezar el Ministerio de Guerra, exigiendo la renuncia del general Farrell, apuntando directamente contra Perón. No tuvo tiempo para más nada. Los jefes de las principales guarniciones militares del área metropolitana le exigieron a él la renuncia y acorralado debió irse.

Recordando los hechos, dice Perón: “Estuvo seis o siete meses, ¡era bastante! Empezó a cultivar los intereses oligárquicos y a meterse en la corriente de nuestros enemigos. Y nosotros, que no éramos tontos, estábamos lejos, pero mirábamos y veíamos. Entonces, sacamos a Ramírez que renunció con un pretexto, y nombramos a Farrell que era vicepresidente”. 

Se consolida el poder de Perón

El 24 de febrero de 1944 Ramírez, advirtiendo que su gobierno está cercado, decide replegarse momentáneamente con la intención de producir un golpe interno y desplazar a Farrell y a Perón, para lo cual delega provisoriamente el mando en el mismísimo Farrell. La estrategia era colocarlo a Farrell en el vértice del poder para luego derrocarlo. No podrá hacerlo porque Perón ejecuta una brillante maniobra político militar que lo deja en tal situación de debilidad que no le queda otra que renunciar, lo que finalmente hace el 9 de marzo. El mismo día, Farrell asume la presidencia.
La maniobra del coronel Perón consistió en enviar a todas las guarniciones del país al coronel Orlando Peluffo, para que cada unidad firmase de manera explícita, un documento donde se comprometían a apoyar incondicionalmente a Farrell como presidente designado. 
En este momento el G.O.U. ya se había disuelto y por tanto no cumplía con el objetivo de ser un factor interno de unidad de acción y concepción dentro del Ejército. A esta altura de los acontecimientos el pensamiento y la acción de sus componentes estaban divididos, por lo tanto ya no es un factor político que pueda incidir sobre el proceso político en marcha.
Perón ya no contaba con el G.O.U., pero si tendrá, para desarrollar sus objetivos políticos y sociales, la adhesión de los hombres más brillantes e influyentes del grupo que lo seguirán a él. Este nuevo contexto obliga a Perón a confiarle a Peluffo el objetivo es conseguir el respaldo del conjunto del Ejército al gobierno de Farrell, lo que equivalía obtener apoyo a su propia acción.
La misión de Peluffo le insumió recorrer 7.000 kilómetros en avión durante 7 días, al cabo de los cuales volvió a Buenos Aires con el objetivo cumplido. Recorrió: Buenos Aires, Paraná, Concordia, Monte Caseros, Córdoba, Salta. Villa Mercedes, Mendoza, Neuquén, Bariloche, Esquel, Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia.

A continuación transcribimos el contenido del documento:

Juro:
1-Servir incondicionalmente a la unión y solidaridad de las Fuerzas Armadas de la Nación 2-Reprimir enérgicamente toda forma de disensión y conspiración que intente provocarse entre las tropas a mi mando.
3-Ceder mi puesto sin resistencia cuando así lo estimen mis superiores naturales o cuando a mi juicio haya perdido prestigio ante mis subalternos.

A fin de disipar toda clase de dudas convengo y acepto:
1-Que el señor general de división don Pedro P. Ramírez ha dejado de ser definitivamente Jefe de la Revolución y en consecuencia, presidente de la Nación.
2-Que en su reemplazo corresponde ese alto cargo al señor general de brigada Edelmiro Farrell.
3-Que por tales motivos y a partir de este momento cumpliré las órdenes de su ministro interino de guerra, señor coronel don Juan D. Perón.
Si alguna vez faltase a este solemne compromiso de honor, que Dios, la Patria y mis camaradas me lo demanden”.

 

Perón es designado ministro de Guerra, 4 de mayo de 1944

Afiche de época.

Con la designación de Farrell como presidente, quedaba vacante el cargo de ministro de guerra. Le fue ofrecido a Perón por el conjunto de los jefes más relevantes de la guarnición Buenos Aires, a lo que en principio se negó, para aceptar más tarde. 
Una vez más, el mismo Perón explicará lo acontecido. En el documento “¿Dónde estuvo?”, que firma Bill de Caledonia (100seudónimo utilizado por Perón) se exponen los hechos: “Corrían días difíciles para la Revolución. El general Ramírez había renunciado y el general Farrell, en su carácter de vicepresidente, se había hecho cargo del Gobierno. Personalmente deseaba dedicarme por entero a la Secretaría de Trabajo y Previsión, a fin de influir en cualquier forma sobre la parte constructiva de la Revolución que, para mí, fincaba en tres grandes reformas de fondo: la reforma rural, la reforma industrial y la reforma social ya en marcha. Siendo así, desde el primer momento, aconsejé al nuevo presidente nombrar a un general como ministro de Guerra, proposición con la que estuvo completamente de acuerdo, prometiéndome hacerlo así. Con ello pensábamos que se afirmaría la disciplina que poco a poco habíamos ido reconstituyendo desde el Ministerio de Guerra, para regularizar una situación alterada por la Revolución.

Cuando los jefes se enteraron de ello se pusieron en movimiento y con el general Avalos a la cabeza pidieron al presidente Farrell que el coronel Perón fuera designado para desempeñar la cartera vacante.  

Finalmente, después de algunos cambios de opiniones, el general Farrell aceptó y le hice presente que no convenía al gobierno tal nombramiento. Acosado por los jefes que insistieron de toda manera y llegaron hasta decirme: ’Mi coronel, usted nos ha metido en esto y no puede negarse a ser nuestro ministro’, tuve que aceptar la imposición y hacerme cargo del Ministerio.

Todos los hechos anteriores pueden ser atestiguados por el propio general Farrell y por todos los jefes de la Primera División del Ejército, los de Campo de Mayo, del Ministerio de Guerra y muchos otros’.

Esta primera ambición de que se acusa al coronel, es conveniente cargarla a la cuenta de otros, pues como vemos se trata de un caso de “ambición a la fuerza”.

Un hombre de extrema confianza de Perón, Franklin Lucero, es llevado al Ministerio de Guerra como Secretario. Este general publicó el libro El precio de la lealtad, en el cual revela una conversación que mantuvo con Perón, que permite tener un panorama de la situación política a principios de 1944: “Nuestra patria <le dice Perón> necesita cambios radicales que no es posible introducirlos de golpe dados los enormes intereses creados en todos los círculos del país, en especial en los políticos y los militares dominados, como Ud. sabe, por una poderosa minoría oligárquico-liberal-mercantilista. Si pretendemos modificar bruscamente el actual estado de cosas no debemos dudar que esta minoría nos tragará de golpe. Lo mismo que los grupos militares, como los de Campo de Mayo o los que pertenecieron al G.O.U. En consecuencia iremos cambiando la fisonomía política, económica y social del país mediante la aplicación de nuevos procedimientos y métodos que progresivamente rompan las viejas  y burocráticas organizaciones. Crearemos una nueva doctrina que nos asegure una patria libre, justa y soberana y que fortalezca poderosamente el alma nacional. En esta acción estoy empeñado y necesito que Ud., desde el puesto de Jefe de la Secretaría me reemplace en mis funciones lo más que pueda a fin de dedicar yo mi tiempo a estas fundamentales reformas”.

Perón sigue acumulando espacios de poder, es designado ministro de Guerra, primero de forma interina el 26 de febrero de 1944 y como titular el 4 de mayo del mismo año. Este cargo es clave, de hecho, sus dos antecesores habían llegado a ser presidentes de la nación: el general Ramírez había sido ministro de Guerra de Castillo y el general Farrell de Ramírez. La posición de Perón lo acercaba a las puertas mismas de la presidencia, aunque ya en este momento queda muy claro que no era su intención ser presidente mediante una designación sino como consecuencia de una elección. A pesar de su casi infinita capacidad de acción en distintos frentes y espacios, necesita, en el Ministerio de Guerra, a una persona de su extrema confianza para delegarle la multitud de asuntos que llegan a sus manos, reservándose para sí la definición de la estrategia de conducción del Ejército.

Perón y Farell en un acto oficial frente al Comando en Jefe del Ejército. 1944.

Comienza un nuevo tiempo

1944 fue un año clave porque en él se concentra la mayor parte de la acción política y social de Perón.
Las masas de trabajadores comienzan a tener esperanzas sólidas de que algo puede cambiar realmente y empiezan a reconocerlo como su líder. El peso de las realizaciones tiene ese resultado. Ya para esta época Perón repite en toda ocasión propicia que “mejor que decir, es hacer y mejor que prometer, es realizar”. Comienza a destacarse con luz propia en el firmamento político argentino. Incomoda a muchos porque les habla a los humildes, a los trabajadores e incluso descoloca a algunos de sus propios camaradas que comienzan a temer que este hombre de vuelta el destino de la Argentina dependiente. El coronel contaba entonces con 48 años.

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