28 de marzo de 2017
Instituto Gestar

¿Por qué Argentina va a importar leche? Parte I

¿Por qué Argentina va a importar leche?

Antes de cumplir su primer mes de mandato, el presidente Macri se trasladó hasta la ciudad santafecina de Venado Tuerto para desvivirse en promesas para los tamberos y los industriales lácteos. Tal vez, lo hizo consciente del daño que produciría su política de devaluación y de eliminación de retenciones sobre un sector cuya producción está orientada en gran proporción al mercado interno, que enfrentaba un mercado internacional en crisis, y que ya contaba desde hacía varios años con la exención del pago de derechos de exportación.

Además del ya clásico echarle la culpa de todo a la “falta de visión del gobierno anterior”, Macri expresó que quería acompañarlos en el camino de crecimiento: “Mi sueño es que llenemos de los mejores quesos del Río de la Plata al mundo entero”, fueron las motivadoras y promisorias palabras del Presidente. Su anhelo reflejaba su desconocimiento acerca de la existencia de quesos muy valorados por fuera de la Pampa Húmeda: el caso del queso Goya, originario de Corrientes, que adopta un sabor particular gracias a los dátiles que forman parte de la alimentación de las vacas lecheras que pastorean entre palmeras; los quesos de cabra de los productores de Amblayo en Salta; los quesos del Tafí en Tucumán; el tradicional queso Chubut de la Patagonia, entre tantos otros.

La cuestión es que, con grandilocuencia el gobierno anunció una serie de medidas de fomento para el sector lácteo que bajo la forma de convenio suscribió con diversas entidades sectoriales. Entre los anuncios más importantes, se destacaron dos. Primero, informó que pondría un precio sostén para la leche, medida que, de ser cierta, hubiera tenido que ser aplicada por el entonces Ministro de Economía Alfonso Prat Gay, pero que a todas luces se daba de patadas con la política neoliberal de desregulación del mercado que implementó la Alianza Cambiemos desde que llegó al poder. El segundo anuncio consistía en un Plan General de Financiamiento a través del Banco de la Nación Argentina que, de ser cierta su puesta en práctica, hubiera sido dirigido por el entonces presidente del Banco, Carlos Melconián.

A esta altura de los acontecimientos, ya ninguno de estos funcionarios forma parte del “mejor equipo de los últimos cincuenta años”, por lo cual no tendremos la oportunidad de acercarles ningún reclamo. El precio sostén se transformó en un compromiso de las industrias por mantener o alcanzar los 2,60 $/litro, un precio vil, 20% por debajo del precio pagado un año antes (100durante el mismo mes de enero) y 15% por debajo del promedio anual de 2015. Al mismo tiempo, el Plan General de Financiamiento viraba en líneas de crédito a tasas usurarias, rendido ante la política monetaria devastadora llevada adelante por el presidente del Banco Central.

Finalmente, la única política implementada a favor del sector fue una brillante idea que se le ocurrió al “dream team” económico: extender por tres meses (100luego seis) las compensaciones por litro de leche producido que había implementado el equipo económico anterior. Pero esta vez, en lugar de limitar el pago del subsidio a los tres mil litros por productor, lo reemplazaron por tres mil litros por tambo, una modificación sin más sustento técnico o económico que tratar de beneficiar a la producción concentrada e incentivarla.

El incremento de costos

Cuando analizamos el impacto que tuvieron la devaluación y la quita de retenciones a los granos sobre los costos de producción de la lechería, queda en evidencia la poca relevancia de la política de compensaciones a lo largo de 2016.

El precio del maíz es un buen indicador del costo de alimentación del tambo, la relación insumo producto: los kilogramos de maíz que pueden comprarse con el precio de un litro de leche en tranquera de tambo es un indicador frecuentemente utilizado como aproximación. La alimentación del rodeo en 2015 era algo más del 40% de los costos de producción primaria de corto plazo. En el gráfico siguiente podemos observar cómo la relación pasó de 3,3 a 1,6 kg/litro luego de los cambios en la política económica, lo cual es igual a decir que el poder adquisitivo del litro de leche se redujo a menos de la mitad.

Costos de producción de leche - Instituto Gestar

Fuente: Elaboración propia con datos de MINAGRO (100precio de la leche) y Bolsa de Comercio de Rosario (100precio del maíz)

 

Con este panorama, en febrero de 2017 los costos de producción de largo plazo llegaban en Santa Fe central a 5,99$/litro para un tambo chico modal y a 5,50 $/litro para un tambo grande modal. Esto es, entre cincuenta centavos y un peso por encima del precio promedio informado por el Ministerio de Agroindustria que se ubica en 4,95 $/litro, abonado por algunas empresas con 30 a 60 días de demora.

La caída de la producción

Después de transcurrido un tercio del periodo presidencial ¿cómo nos imaginamos que habrán impactado sobre la producción lechera las políticas económicas implementadas por el gobierno macrista? La respuesta surge del gráfico siguiente:

Impacto sobre la producción lechera las políticas económicas implementadas por el gobierno macrista - Instituto Gestar

Se produjo la caída de producción interanual más pronunciada de la historia de la lechería argentina y la más importante en términos absolutos. La producción cayó un 14,5%: desde 11.300 millones de litros en 2015 hasta apenas 9.895 millones en 2016. Algunos analistas aventuran pronósticos aún más catastróficos para el año en curso.

La baja en la calidad

Además de una caída del volumen de producción, estamos frente a una disminución significativa de la calidad de leche que es remitida a la industria. Teniendo en cuenta los dos parámetros de calidad sobre los cuales el Ministerio de Agroindustria lleva registro sistemático, podemos afirmar de acuerdo con los datos oficiales que 2016 es el año de peor calidad de leche del periodo registrado por esa cartera.

Recuento de células somáticas - Instituto Gestar

Fuente: MINAGRO

Unidades formadoras de colonias - Instituto Gestar

Fuente: MINAGRO

 

Menos tambos, más concentración

En el gráfico que sigue se observa la distribución de establecimientos con actividad tambo según estrato, presentando la variación porcentual de 2016 vs. 2015. Refleja que los estratos de menor escala fueron los más perjudicados en el transcurso de 2016.

Así, según datos de SENASA, mientras en 2015 el 54,64% de las existencias vacunas de los rodeos de tambo correspondían a establecimientos con menos de 500 cabezas (100pequeños y medianos), en marzo del año siguiente los mismos tambos poseían sólo el 52,81% de los animales. Concomitantemente, las cabezas en manos de los empresarios con establecimientos grandes y muy grandes (100más de 500 cabezas) que representaban el 45,36% del rodeo nacional en 2015, crecieron al 47,19% en 2016.

Cantidad de establecimientos lecheros en Argentina - Instituto Gestar

Se espera que esta situación se acentúe cuando SENASA procese los datos de marzo de 2017. La cantidad de establecimientos tamberos registrados por SENASA cayó un 1,7% en 2016 con respecto a 2015, lo que significa que 178 establecimientos ya no declararon actividad tambo, fuerte indicio de haber abandonado su actividad. Es posible que en 2017 esa caída sea mucho más pronunciada si consideramos las consecuencias de los fenómenos climáticos acaecidos principalmente en la cuenca tambera de Santa Fe y Córdoba, que provocaron persistentes inundaciones a lo largo del año pasado…“sobre llovido, mojado”.

Cambios en composición del rodeo

Otra conclusión que puede extraerse de analizar los datos del Sistema de Gestión Sanitaria Animal del SENASA (100SIGSA), es que entre 2015 y 2016 se produce un incipiente cambio en la composición del rodeo de tambo que podría tener consecuencias en el futuro.

Si bien se registra un incremento de cabezas totales en algo más de 50 mil (100de 3,45 millones a casi 3,50 millones) este incremento es impulsado principalmente por la mayor presencia de ejemplares machos (1001) en los rodeos, que aumenta casi un 8%, en tanto que el número de hembras permanece prácticamente inalterado. Estos valores pueden estar mostrando dos tipos de cambios en la estrategia del negocio tambero: en primer lugar, un crecimiento relativo de la producción de carne en perjuicio de la producción de leche, principalmente explicado por el crecimiento en las categorías novillos, novillitos y terneros; en segundo lugar, podríamos estar frente a un cambio en la estrategia del manejo genético del rodeo, con un incremento notable en el número de toros y toritos.

La “desmejora genética”

Suponiendo que la cantidad de terneros que se destinarán al tambo sea similar al número de toritos, podemos comparar la cantidad de hembras por cada macho presente en el rodeo (1002): mientras en 2015 encontrábamos 82 hembras por cada macho, esta cifra descendió a 78 en 2016. Este indicador no puede ser otra cosa que una “desmejora” tecnológica, un paso atrás en el manejo de los tambos, volviendo paulatinamente al uso del servicio natural por medio de toros en lugar de la inseminación artificial, práctica que en la actualidad se extiende a casi el 100% de los establecimientos.

En un camino contrapuesto, el Gobierno anterior, en sociedad con ACHA y la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires, había implementado un Programa de pruebas de progenie de toros Holando-Argentino con el objetivo de incentivar la industria de semen bovino nacional. Entre otras medidas, se distribuían pajuelas entre tambos seleccionados con la idea de llegar a probar 100 toros. El actual Gobierno, siguiendo la práctica utilizada en otras áreas, anunció que impulsaría modificaciones al Programa y con esa excusa prácticamente lo desactivó, posiblemente cediendo al lobby de las empresas multinacionales importadoras de semen.

Notas

1 – No se cuentan aquí los bueyes por no formar parte del rodeo productivo dado que se utilizan como herramienta de trabajo.

2 – Descontando los animales que exclusivamente se destinan a producción de carne: novillos, novillitos y la mayoría de los terneros.

Continúa en Parte II

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