14 de mayo de 2013
Instituto Gestar

Porqué no hay que devaluar

En la discusión acerca del tipo de cambio en Argentina abundan las opiniones del supuesto especialista que, como decía Arturo Jauretche, hablan difícil para disimular el interés concreto al que sirven.

Partamos desde el principio. Desde el año 2003 en adelante, este Proyecto Nacional le asigna como principal objetivo de la política monetaria y cambiaria el crecimiento económico con inclusión social. No hay objetivos superiores a éstos. Si bien esto puede parecer una obviedad, no lo es a la luz de las reformas neoliberales de los noventa que le impusieron al Banco Central (100que administra la política monetaria y cambiaria) la finalidad excluyente de «preservar el valor de la moneda». O sea que la estabilidad del valor de la moneda estaba por arriba de cualquier otro objetivo de crecimiento y empleo. Esta política, conocida en el ámbito académico como la política de «metas de inflación» es aún seguida por varios países de la región y por la Unión Europea. Por otro lado, Estados Unidos y otros países desarrollados, contemplan el crecimiento económico y el nivel de empleo como parte de los objetivos de su política monetaria y cambiaria.

El nivel de equilibrio del tipo de cambio (100o sea, si el dólar está barato o caro) no lo determina la evolución de la «inflación en dólares» (100la diferencia entre la tasa de devaluación y la tasa de inflación), ni la relación entre las reservas y la cantidad de circulante en pesos que hay en la economía. Las reservas en divisas internacionales del Banco Central de la República Argentina no están para respaldar el circulante en pesos, sino que su función (100como en todos los países del mundo, salvo Estados Unidos por supuesto) es darle previsibilidad a los pagos en divisas internacionales que debe hacer el país en el futuro, que tienen dos orígenes: importar bienes y servicios del exterior y pagar los compromisos de deuda en moneda extranjera.

Como siempre, hay poderosos intereses económicos que presionan constantemente por una mega devaluación. Pero como dijo el 7 de mayo la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, esto no sucederá. Las devaluaciones implican una enorme transferencia de ingresos desde los asalariados hacia los sectores que exportan o que tienen activos en dólares.

El resultado directo de la administración del tipo de cambio, implementada a fines del 2011 y perfeccionada durante el 2012, ha sido la caída abrupta de la salida de capitales.

Según lo informado por el Banco Central de la República Argentina (100BCRA), la salida de divisas del país cayó 85% por efecto de las medidas de administración de compra-venta de divisas; el año pasado fue de US$ 3.404 millones, frente a los US$ 21.504 del 2011.

No es cierto que el dólar esté barato en Argentina y que el valor del dólar ilegal refleje su valor real. Es muy fácil comprobar que los precios en dólares en Argentina de los alimentos son hoy más bajos que en Brasil, Uruguay, Chile y México, por tomar algunos países de América Latina.

Desde una perspectiva más amplia, la persistente preocupación por el tipo de cambio es exagerada. Su supuesta base es que la economía del país sólo crece con el sostenimiento de un «tipo de cambio competitivo». Sin embargo, todos los estudios muestran que las exportaciones argentinas no dependen tanto del valor del tipo de cambio, sino del precio internacional de los bienes que exportamos y, fundamentalmente, de la demanda internacional. Cuando el mundo industrializado está en crisis o cuando nuestros principales socios comerciales disminuyen su demanda (100especialmente Brasil), por más que se devalúe la moneda de un país las exportaciones no necesariamente aumentan dada la ausencia de un mercado que las compre.

En el pasado, el principal límite al crecimiento de la economía argentina ha sido la restricción externa (100escasez de divisas). Dada la matriz productiva de nuestro país, y de muchos países de desarrollo medio, un mayor crecimiento económico genera una demanda de más inversión y esto necesariamente genera más importaciones (100de capital e insumos productivos). Por tanto, el límite al crecimiento no viene dado por el déficit fiscal, sino por el sector externo. De ahí que el Gobierno Nacional debe tomar medidas para cuidar las divisas y destinarlas al aparato productivo, lo que a su vez genera crecimiento, empleo y bienestar social.

Roberto Arias
@RobertoJArias

 

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