21 de octubre de 2016
Instituto Gestar

Presupuesto 2017, otra víctima del relato macrista

El proyecto de ley de Presupuesto de la Administración Pública Nacional para 2017 representa un cambio paradigmático respecto de los últimos presupuestos. En los años anteriores se enmarcaban en un modelo con un fuerte impulso al mercado interno para así favorecer la producción, el empleo y una mejor calidad de vida en el conjunto de la sociedad argentina.

Las proyecciones para 2017 apuntan a retomar el sendero de crecimiento pero con una receta totalmente distinta. La inversión será el principal motor del crecimiento económico, relegando el consumo a un segundo plano.

Respecto de la política de endeudamiento público que año tras año reducía el peso de la deuda externa, se prevé un incremento interanual del financiamiento externo, principalmente para atender servicios de la deuda. En materia de cuentas públicas, se continúa con el déficit tanto económico, primario y financiero, no logrando revertir la erosión de las cuentas públicas en los próximos años.

En cuanto a las principales variables macroeconómicas, se prevé una tasa de crecimiento del PBI estimada en 3,5%, una tasa de inflación estimada entre un 12 y un 17% anual y un déficit fiscal de 4,2% del PBI. Se trata de una proyección que reconoce una considerable tasa de crecimiento y una inflación baja, si se tiene en cuenta que para el 2016 la inflación va a cerrar por encima del 40%.

En base a estas proyecciones de la política económica para el 2017, desde el Gobierno pretenden instalar el relato de que el presupuesto luce más realista en las proyecciones de las principales variables macroeconómicas con relación a lo observado en los últimos años y que es diferente al de estos porque está basado en la verdad y se está ofreciendo una estimación realista de las variables. Según el Ministro de Economía, Prat Gay, “por primera vez en años, tenemos un Presupuesto que no es mentiroso y se basa en datos confiables y no manipulables”. Sin embargo, el análisis de los números de las variables macroeconómicas de 2015 y 2016, arrojan que los datos proyectados para el 2017 no son tan verdaderos como el PRO pretende comunicar.

El presupuesto 2017 prevé que el 2016 termine con una caída del producto del 1,5% y la inflación anual se reconoce en el 35,2%. Y con respecto al año 2015, figura que el PBI creció un 2,4% y la inflación fue del 24%. Observando los datos de 2015, 2016 y lo previsto para 2017, pasamos de una situación de bajo crecimiento de la economía, pero crecimiento al fin, en 2015, a una caída y un notable aumento de la tasa de inflación, para el año en curso. Si a esto le sumamos que todos los indicadores económicos dan negativos (100aumento de la pobreza e indigencia, aumento del desempleo, caída del poder adquisitivo del salario) podemos afirmar que el primer año de gestión económica del gobierno de Macri, viene siendo realmente malo.

En síntesis, desde el oficialismo intentan transmitir que el desastre económico del 2016 fue producto de la herencia recibida y mostrar como un éxito las metas previstas para el 2017, comparándolas con el desastre que ellos mismos produjeron en el 2016. El crecimiento de 3,5% del PBI previsto para el 2017, nos pondría, en términos de actividad, en niveles similares a los de 2015, y esto lo presentan como un gran logro.

Por otra parte, la estrategia del Gobierno para bajar la inflación ha sido enfriar y someter la economía a una recesión (100aunque aún se encuentra en niveles altos). Siguiendo dicha estrategia, ¿no es contradictorio que con el crecimiento de la economía proyectado para el 2017, al mismo tiempo baje notoriamente la inflación?

A partir del 2016, se verifica un cambio en materia de política de financiamiento. La nueva gestión de gobierno, cambió de un sistema de financiamiento que se basaba principalmente en la emisión monetaria y la toma de deuda intra sector público, a un sistema basado casi exclusivamente en la emisión de deuda en dólares. En los primeros ocho meses de 2016 el Gobierno Nacional ha realizado una fuerte emisión de deuda por un total de USD 43.552 millones. Para suplir el ajuste y la inversión, ha decidido recurrir sin frenos al crédito externo que, si todo sale como se lo propone, sumará el año próximo otros 40.000 millones de dólares a la deuda en divisas, que de inmediato comenzarán a devengar intereses. En apenas dos años, el gobierno Macrista habrá elevado la deuda en dólares del Estado Nacional en nada menos que U$S 84.000 millones, que supone un aumento del 30% en el monto total de la deuda recibida.

Por el lado de la balanza comercial, el aumento de las exportaciones será del 7,7% interanual en pesos en 2017 (100llegando así a USD 64.278 millones), incremento menor al esperado para las importaciones (100que alcanzarían los USD 66.144 millones, subiendo un 9,8% interanual en pesos). Así, el presupuesto prevé balanza comercial deficitaria tanto para 2017 como 2018 y 2019, revelando el rol que ocupa la apertura económica.

En un contexto de 3,5% de crecimiento, una inflación de 12 a 17% y un dólar promedio de $17,9, la recaudación crecería 26,7% y subiría a 26% del PBI. Se prevé que el gasto primario crezca 21,7%, pero aumentaría 1,3% en términos reales. El déficit primario alcanzaría 4,2% del PBI y el déficit total sería de 6,8% del PBI o US$ 36.800 millones. Así, a pesar del ajuste y el importante recorte del gasto público, el déficit no será mucho menor al de 2016, y junto con lo que demanda atender los vencimientos, implica necesidades de financiamiento preocupantes.

Como viene sucediendo desde la asunción de la Alianza Cambiemos, parecería que lo primordial siempre es la construcción del relato, por sobre la política. Por un lado, siempre está presente la idea de la pesada carga económica que dejó la administración anterior para así justificar el ajuste y el pésimo resultado de la política económica en su primer año de gestión; y por otra parte, intentar mostrar como un logro el supuesto crecimiento de la economía y la baja proyectada de la inflación. El detalle que omiten es que esos resultados económicos anunciados para el próximo año deben contrastarse con el decrecimiento del 1,5% del PBI y la altísima inflación del 40% que ellos mismos provocaron.

por Nicolás Muñiz

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