8 de septiembre de 2011
Instituto Gestar

¿Qué es profundizar el modelo?

 

La historia económica argentina reconoce en líneas generales tres grandes “modelos”: el agroexportador (1001880-1930) que supuso la inserción del país como “granero del mundo” en el comercio internacional, el denominado ISI (100Industrialización por Sustitución de Importaciones) que comenzó luego de la reorientación económica que forzó la gran crisis de 1930 y que consolidó el peronismo y, finalmente, el modelo neoliberal de valorización financiera, desde mediados de los ’70 hasta la crisis del 2001. Desde luego que cada uno tuvo características diferentes en cuanto al rol del Estado, la relación público-privado y las oscilaciones entre capital financiero y productivo, pero sin dudas un rasgo común en cada uno de ellos es que definieron un modo de acumulación distintivo en cada etapa y con cierta consolidación en el tiempo, aunque en el caso de la ISI la interrupción haya sido impuesta por la intolerancia de las dictaduras que dominaron gran parte de la historia argentina durante el siglo XX. Por lo tanto, probablemente una real dimensión del modelo actual se pueda tomar con los años, pues a diferencia de los anteriores, el modelo vigente apenas lleva recorrido menos de una década.

De todas maneras, hay algunos elementos que permiten una clasificación general de las características que conforman el rumbo económico actual y que una rápida revisión permitiría aproximarnos a la mencionada profundización. ¿Cuál es, por tanto, la naturaleza del nuevo patrón de crecimiento?

En primer lugar, la convicción de que la distribución del ingreso no remite únicamente a cuestiones económicas, sino que las decisiones políticas y condiciones institucionales gravitan en ella directamente. No se trata, en consecuencia, de un fenómeno estrictamente económico, sino que está influido por decisiones políticas fundamentales tomadas en estos años.

En segundo lugar, todos los logros conseguidos hasta ahora (100creación de 5 millones de puestos de trabajo, recuperación del sistema previsional, crecimiento industrial, acumulación de reservas, superávits gemelos, ampliación de la Seguridad Social, diversificación de mercados, etc.) se sustentan sobre la base de cambios en los fundamentos macroeconómicos del país, básicamente en un doble sentido: por un lado, habiendo resuelto por primera vez en la historia los crónicos déficits fiscal y externo. En segundo lugar, por haber conseguido ubicar el nivel de endeudamiento en niveles razonables, luego de haber recibido en el 2003 una deuda equivalente al 150% del PBI. Estas dos condiciones macroeconómicas dan sustento al mejoramiento de la economía argentina en todos estos años, y esto pudo hacerse por la firme convicción política de tomar decisiones y ejecutarlas, dando las luchas necesarias para no resignar capacidad de decisión frente al poder económico.

¿Qué sería, entonces, profundizar el modelo? Continuar por la senda marcada hasta ahora y corregir las contradicciones propias de todo proceso de crecimiento acelerado como el que tuvo la Argentina. Marcar la tendencia del auge industrial, reducir los aún elevados índices de informalidad laboral y revertir ciertas condiciones estructurales de la economía de los noventa sobre las que todavía resta trabajar. Todo desde una perspectiva regional que consolide lo logrado hasta ahora en cada uno de los países, lo cual supondría avanzar en mayores niveles de institucionalización de la integración pensada desde Unasur, para garantizar dicha unión a través del tiempo y más allá de los gobiernos.

Sin dudas que se trata de un camino complejo que demandará tiempo y acelerará, probablemente, el nivel de conflictividad. Pero si la profundización del modelo supone seguir haciendo de la Argentina un país para todos, hay que estar dispuestos a dar las batallas que sean necesarias y trabajar por mayores niveles de justicia social.

Arturo Trinelli y Matías Rohmer

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