4 de mayo de 2011
Instituto Gestar

Reforma Tributaria ¿Progresista o Peronista?

Las recomendaciones son variadas, pero pasan en general por la búsqueda de un “sistema tributario más progresivo”, lo cual se lograría reduciendo los impuestos al consumo (100IVA e Ingresos Brutos), eximiendo del IVA los bienes que consumen principalmente los pobres y mejorando los impuestos que pagan los ricos (100Ganancias y Bienes Personales). Aquí, se señala habitualmente la necesidad de gravar ganancias hoy exentas, como la renta financiera y las ganancias de capital. Esta es la receta del “progresismo económico” en materia tributaria.

El referente real más cercano a esta receta (100ya que en los papeles todas las reformas son convincentes) fue la reforma del Impuesto a las Ganancias que realizó la Alianza en el año 2000, a la cual se le asigna cierta responsabilidad en el freno a la economía que terminó generando las condiciones para el debacle del 2001. Sin embargo, es mejor analizar el asunto con una perspectiva histórica más amplia.

La creación de un sistema impositivo moderno en la Argentina surgió mediante un conjunto de reformas implementadas en la década del 1930′ consistentes en tres grandes medidas: i) creación del Impuesto a las Ganancias, ii) unificación del imuesto nacional a las ventas iii) definición de un sistema de copartipación fiscal y de distribución de las responsabilidades tributarias entre Nación y Provincias. El objetivo de esta reforma era evitar la cesación de pagos, en un escenario donde bajaban fuerta las exportaciones argentinas y caía el producto bruto interno. Esta reforma logró aumentar la presión impositiva en forma relevante (100de 6 a 8 puntos del PBI), aunque los gobiernos conservadores de entonces no tenían una idea clara acerca de como aprovechar esta posibilidad de aumento del tamaño del Estado, una vez superada la crisis de deuda.

En este escenario, asume el gobierno de Perón que aprovecha este andamiaje impositivo moderno y lo pone al servicio de los objetivos superiores del proceso de desarrollo económico impulsado con decisión desde el Estado Nacional. En pocos años se alcanza una presión tributaria superior a 14 puntos del PBI, de los cuales una porción importante (100cerca de 5 puntos del PBI) correspondían al Impuesto a las Ganancias. Era uno de los sistemas impositivos más modernos del mundo, mucho mas avanzado que el de otros países de América Latina. Recordemos que la mayoría de nuestros vecinos no lograron implementar impuestos sobre las ganancias hasta el último cuarto del siglo XX.

Desde el año 1956 en adelante, el sistema impositivo, que es en definitiva un reflejo de los cambios en la estructura económica, estuvo en franco retroceso. Durante décadas de gobiernos conservadores, militares y radicales, no existió la voluntad de aplicar reformas tributarias serias. Los dos años de los gobiernos de Campora y Perón, implementaron una reforma mediante el Pacto Social que moderniza el sistema, pero no alcanza a rendir sus frutos. Entre otras cosas, esta reforma buscaba reemplazar el Impuesto Nacional a las Ventas por el IVA (100lo que logro) y eliminar el Impuesto sobre los Ingresos Brutos (100lo que no logró). Recién en el año 1992 (100casi cuarenta años después) se recuperaría el techo de 14 puntos del PBI que se había alcanzando la recaudación tributaria en el año 1954.

En la década de los 1990′, se implementa una profunda reforma impositiva con un objetivo muy claro: mejorar el frente fiscal y así poder asegurar las crecientes necesidades vinculadas con el crecimiento exponencial que tuvo la deuda pública en las décadas anteriores. El elemento central de esta reforma fue el aumento del IVA, que alcanzó el 21% en 1995, desde un 13% que tuvo en 1987-1990. Esta fue una nueva reforma “conservadora”, no orientada a lograr un mejor y sostenible financiamiento para un Estado presente y que brinde servicios sociales universales, sino a asegurar el pago de la deuda. La reforma logró (100principalmente como consecuencia del aumento del IVA) incrementar sustancialmente la presión impositiva, estando durante la década del 90′ en promedio en 20,14 puntos del PBI (100años 1990-1999).

Luego de la debacle del 2001 (100y fracasado el intento de la “reforma tributaria progresista” del año 2000), empieza en 2002 y se adopta con decisión en el año 2003 un nuevo modelo económico que conlleva una profunda reforma impositiva, la cual no es siempre reconocida en su justa medida. El componente central de esta reforma es la mejora y ampliación de la cobertura del Impuesto a las Ganancias y la aplicación de retenciones a las exportaciones. Las retenciones son un impuesto a la ganancia extraordinaria que obtienen los exportadores, gracias a la megadevaluación del peso y también por el incremento de los precios internacionales. Deben ser consideradas, claramente, como un impuesto progresivo. La presión impositiva, como consecuencia del nuevo modelo económico y de las reforma señaladas alcanzan un promedio de 30,26 puntos del PBI (100años 2007-2010).

Ahora bien, si medimos estos 10 puntos de incremento en la presión impositiva entre la década del 90′ y estos últimos cuatro años, tendremos una visión precisa de hacia donde está apuntando este nuevo sistema impositivo: 3,79 puntos corresponden a Impuesto sobre las Ganancias, 2,77 corresponden a impuestos sobre el comercio exterior (100retenciones), 1,81 corresponden a IVA e impuestos específicos sobre el consumo (100esto surge de disminución en la evasión fiscal, ya que no hubo aumentos de alícuotas) y 1,68 mejoras en las contribuciones sociales. Respecto a éstas últimas, no debe dudarse de su componente progresivo, al tener una asignación específica vinculada con el sistema de seguridad social, que actúa bajo un principio de solidaridad previsional.

Otra forma de analizar las mismas cifras es mirando el peso de los impuestos indirectos (100los más regresivos) en el total de la recaudación: mientras que en los peores años de los 90′ llegaron a explicar el 54% del total de los recursos tributarios (1001997), en el año 2010 representaron solamente el 34%. El resto es mayor impuesto a las ganancias, mayores retenciones y mayores contribuciones sociales.

Podríamos seguir aburriendo con cifras, pero la idea es clara: el gobierno del 2003 en adelante no implementó una “reforma tributaria progresista”. Hizo algo mucho mejor, como en los mejores años del peronismo en el poder, se apuntaló un sistema impositivo moderno que garantiza un alto nivel de presión impositiva que permite financiar mas y mejores servicios públicos, y no caer en crisis fiscales. Si vemos la película, y no nos detenemos en la foto, es posible observar que el sistema impositivo hoy es mas eficiente (100recauda más) y equitativo (100recae más en impuestos a las ganancias) que el de cualquier época reciente de la historia económica argentina. Se logró esto porque se implementó una reforma tributaria peronista.

Roberto Arias

Economista

Gestar

Twitter: @RobertoJArias

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