4 de marzo de 2013
Instituto Gestar

Todos los tiempos son buenos para los que saben trabajar

La noticia apuntaba a hacer mella en la imagen del Gobierno Nacional porque, siendo el hombre más rico del planeta, indudablemente su palabra debía pesar. La jugada era clara: cerrar febrero golpeando a Cristina con una escueta nota que aparte de eso dijera poco y nada. Sin embargo, si nos referimos directamente a la fuente de la noticia, una entrevista ofrecida por Slim al Financial Times, encontramos que, para no variar, La Nación tergiversó el sentido de las palabras y omitió detalles importantes.

Vayamos por partes. Si la intención original de La Nación era valerse de la importancia que tiene la palabra de Slim en el mundo de los negocios, apenas es justo que veamos realmente qué fue lo que dijo y por qué lo dijo. El motivo original de la entrevista no era el clima de negocios de la Argentina sino saber la postura del empresario luego de haber perdido en Europa alrededor de 2.000 millones de euros como consecuencia del colapso del valor de la compañía holandesa de telecomunicaciones KPN, donde es dueño de 28% de las acciones.

Para sorpresa de todos, Slim desestimó tácitamente el miope alarmismo que pretenden instalar los medios hegemónicos como Nación y Clarín respecto a los bonos, los fondos buitres y el mercado bursátil y sacudiéndose sus pérdidas apeló a la visión de largo plazo que deben tener las empresas y los países: “Hay especuladores que compran y venden … y hay empresarios, como yo. Lo importante es la visión …, las ganancias y desarrollo potencial, y no si el precio de las acciones sube o baja”, dijo.

Por eso, con todos los años de experiencia a sus espaldas y habiendo prosperado entre el vaivén de varias crisis, Slim efectivamente ironizó ante la pregunta incisiva del periodista del FT sobre la “imprevisibilidad regulatoria” y restricciones de divisas en la Argentina, pero no como dice La Nación sino exactamente en sentido contrario. Haciéndose llevar al escritorio su decálogo de principios filosóficos comerciales, el hombre más rico del mundo simplemente señaló su noveno mandamiento: “Todos los tiempos son buenos para los que saben trabajar”.

Así, con este gesto Slim daba un sentido inequívoco a sus palabras: “Me encanta la Argentina, un país magnífico. Es muy predecible: siempre se puede estar seguro que no se pueden conseguir dólares”, sólo que la intención de su ironía no resultaba conveniente para el poder dominante porque sus críticas más bien iban dirigidas a los financistas que gustan del dinero rápido, sin arriesgarse, sin trabajar, sin pensar a la largo, sin el menor respeto por el futuro y bienestar del país donde operan.

Lo que es más, en otra entrevista ofrecida al diario español El País, Slim respaldó la política económica heterodoxa del Gobierno Nacional criticando las medidas de austeridad aplicadas en Europa y diciendo que para salir de la crisis “se necesitan algunos cambios estructurales, que se ve que no están haciendo, y están acudiendo a la tradicional receta del ajuste del déficit fiscal a través de aumento de impuestos o reducción de gasto público”.

La consecuencia, dijo, “es la gran cantidad de desempleados, especialmente jóvenes. Eso desde el punto de vista social, económico y en general es muy preocupante en el caso de Europa. Lo grave es que ya los niveles de desempleo son muy altos, y que algunas políticas recesivas que están siguiendo para hacer los ajustes agudizan más el problema … No es posible pensar en que haya un 50% de jóvenes sin empleo, o 30% o 25%”.

Y al más puro estilo peronista, Slim sentenció que “lo que combate la pobreza es el empleo, el empleo satisfactorio, que además dignifica a la persona, el empleo no solo es una responsabilidad social, sino una necesidad emocional”.

Resulta evidente entonces que, al contrario de lo que se dice, la filosofía y línea de pensamiento del hombre más rico del mundo en realidad comparte mucho terreno con el modelo de desarrollo nacional planteado por Cristina. Desde Gestar, los peronistas de corazón entendemos plenamente la fuerza organizadora del trabajo y la importancia de que el Gobierno Nacional persiga un proyecto de beneficios compartidos basado en el largo plazo, aun a costa de algunos reveses inmediatos. Y es que, al final del día, cualquier crítica inmerecida se compensa plenamente con la sonrisa y bienestar de los millones de argentinos y argentinas que tienen trabajo todos los días, que salen a laburar para llevar el pan a la mesa y que ven florecer cabalmente a sus hijos con la certeza de un mañana próspero e incluyente.

 

David Chagoya

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