3 de octubre de 2016
Instituto Gestar

Un Gobierno para pocos

Transferencia de recursos de abajo hacia arriba

Desde la asunción de la Alianza Cambiemos al poder se viene produciendo una sistemática e impactante transferencia de recursos de los sectores trabajadores hacia los sectores más privilegiados y poderosos. El objetivo central de la política económica del gobierno de Macri es aumentar en tiempo récord las ganancias de las compañías agroexportadoras, bancos, empresas de alimentos y algunos de los grupos industriales más poderosos. Mientras que los sectores de la sociedad que dependen de ingresos mensuales fijos vienen sintiendo crujir sus bolsillos a la velocidad de la luz.

La principal estrategia comunicacional utilizada por Macri y sus principales voceros está pensada y armada para intentar justificar las políticas de shock y de ajuste que vienen padeciendo la mayor parte de la sociedad. Como dice el Ministro de Economía, Prat Gay: “señores el trabajo sucio ya está hecho”. Lo que tendría que considerar el Ministro es que en medio de ese trabajo sucio, hay millones de niños, mujeres, jubilados y familias que la están pasando realmente mal.

En varias oportunidades, Macri se manifestó acerca de los efectos que producen las medidas de ajuste. Con total liviandad dijo: “sabemos que el sinceramiento de la economía ha sido una pesada carga para muchos, estas medidas son dolorosas y la gente está sufriendo, pero es la única alternativa posible. Estos últimos meses han sido duros para mucha gente, hemos tenido que tomar algunas decisiones no muy simpáticas. Cada medida ha sido impulsada pensando en el futuro de los argentinos”.

Supongamos que es cierto, que era inevitable realizar un reacomodamiento de ciertas variables de la macroeconomía, como el déficit fiscal o la quita de subsidios de las tarifas. ¿Por qué el supuesto sinceramiento de la economía solo lo sufren los sectores asalariados y más vulnerables; mientras que los sectores minoritarios, que están en la parte superior de la pirámide social (100los grandes capitales nacionales e internacionales), han multiplicado por varios ceros sus ganancias?

Desde la asunción de este gobierno han predominado las políticas de shock sobre las variables macroeconómicas, que impactan directamente en el salario y el poder adquisitivo de las clases más vulnerables y los sectores medios: la mega devaluación, la eliminación de las retenciones (100reducción del 5% para la soja), los tarifazos, la apertura comercial, la reducción del gasto público, las subas desmedidas de precios, sobre todo de la canasta básica de los alimentos, una inflación que todas las mediciones públicas o privadas la dan por arriba del 40% interanual, y la vuelta de la bicicleta financiera iniciaron un proceso de redistribución regresiva del ingreso.

Las consecuencias de todas estas medidas provocaron un notable aumento de la pobreza y la indigencia y una fuerte caída del empleo, impactando sobre el poder adquisitivo de los trabajadores y el nivel de actividad económica, incluso superior a la que inicialmente se podía estimar.

 

Valorización financiera por sobre el desarrollo productivo

El gobierno nacional considera que el objetivo prioritario es atraer capitales extranjeros que, según repiten sus principales funcionarios, generarán un shock de inversiones, crecimiento y empleo. Supuestamente la liberalización y extranjerización del sistema financiero constituirían una política efectiva para atraer capitales y alcanzar el desarrollo.

Pero lo que viene sucediendo está muy lejos de esa realidad. Producto de la caída del mercado interno y el estancamiento de la demanda mundial, los dólares que ingresan son capitales que duran muy poco en nuestro país y no generan empleo (100capitales golondrina) atraídos por las altas tasas de interés y la dinámica propia del modelo de valorización financiera, donde la ganancia especulativa supera a la productiva. En los casos en que los capitales extranjeros sean realmente inversión productiva, irán hacia los sectores primarios más rentables, que generan poco empleo.

Si tomamos el caso de la banca privada, este sector acumuló ganancias por 38.426 millones de pesos en el primer semestre del año, esto quiere decir que aumentaron sus rentabilidades en un 54,6% respecto del mismo período del 2015, la desregulación de las tasas de interés cobradas por depósitos y préstamos y la devaluación fueron los principales elementos para explicar la suba de la rentabilidad. La banca, al igual que el sector agropecuario, con la quita de las retenciones y el aumento del dólar, fueron de las pocas actividades que crecieron tras la puesta en marcha del plan ortodoxo de Cambiemos. Mientras que los sectores productivos que generan empleo genuino y hacen crecer la economía de abajo hacia arriba, como la industria, la construcción y el comercio, vienen sufriendo las medidas de shock económicas, disminuyendo sus ganancias y facturación.

La producción industrial se vio seriamente afectada, mostrando su vulnerabilidad frente al programa de apertura comercial y la caída del consumo interno. Según informó el Indec, la actividad industrial y la construcción registraron caídas con respecto a los índices del año anterior. La industrial en agosto cayó 5,7% respecto al mismo mes de 2015. Lleva acumulado hasta agosto una disminución de 4,2%.

En cuanto a la construcción, el índice de agosto bajó 3,7% con respecto a igual mes del año anterior. El acumulado de los ocho meses registran una disminución de 12,8%, esto equivale a una pérdida de 62.376 puestos de trabajo para ese sector, según la UOCRA.

Por otra parte, con la economía local parada, el tarifazo y la apertura de las importaciones, se dio una combinación letal para las Pymes y las economías regionales.

Como no podía ser de otra forma, a tono con la recesión que afecta a la economía, el Indec informó en agosto que el desempleo subió a 9,3%.

Un relevamiento mensual que realiza el Centro de Economía Política Argentina (100CEPA) indica que hasta el mes de agosto se registraron 208.000 pérdidas de puestos de trabajo en lo que va del año, tanto para el sector público como para el privado.

Por supuesto que a esta destrucción de empleo formal, debe agregarse la del sector informal, que es claramente el más castigado y el que primero sufre las consecuencias del freno de la actividad económica. También la pérdida de ingresos y de oportunidades de empleo de los trabajadores independientes.

“Pobreza cero”, principal eslogan utilizado antes, durante y después de la campaña electoral, está cada vez más lejos. Los niveles de pobreza e indigencia publicados recientemente por el Indec, evidencian que el 32,2% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza y el 6,3%, son indigentes. Estamos hablando de casi 14 millones de personas que viven en condiciones indignas y sobrellevan la angustia de no saber cómo sobrevivir.

Estos datos expusieron, una vez más, las consecuencias de la actual política económica, en la que se gobierna para unos pocos, mientras que una gran mayoría sufre un acelerado deterioro de sus condiciones de vida.

Como no podía ser de otra forma, el presidente Macri atribuyó el aumento del índice de pobreza a la herencia recibida y evitó cualquier autocrítica sobre el impacto de las medidas de su gobierno.

 

Una vez más, la teoría del derrame

Una vez más, estamos reviviendo prácticas económicas ya conocidas y que tantos sinsabores le han significado al pueblo argentino.

Nuevamente se está apostando a la teoría del derrame. Los que creen en ella, suponen que si mejora la rentabilidad de los sectores económicos más concentrados, esto producirá un efecto positivo en las inversiones y en consecuencia, luego mejoraría el empleo y las condiciones sociales de los sectores que menos tienen.

Con este esquema, la devaluación, la inflación, la especulación financiera, etc., no es un inconveniente para el Gobierno, sino un mal necesario. De forma que los empresarios se enriquezcan y luego derramen una parte de las grandes utilidades que recibieron. Por lo menos en Argentina, eso nunca sucedió.

por Nicolás Muñiz

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