27 de diciembre de 2016
Instituto Gestar

Un poco de doctrina en búsqueda de la Unidad

Pasado un año de la segunda vuelta electoral que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación, los peronistas nos encontramos en un momento de reflexión y reorganización tras la dura derrota electoral que provocó un cimbronazo no sólo en los simpatizantes de nuestro Movimiento sino también en la sociedad toda. Al observar los efectos negativos de la política macroeconómica del Gobierno de la alianza Cambiemos que están afectando de manera directa al poder adquisitivo de los trabajadores, es inevitable preguntarnos como justicialistas qué es lo que podemos hacer desde nuestros respectivos lugares para volver a ser una alternativa competitiva tanto en las elecciones legislativas del próximo año como en las presidenciales que se llevarán a cabo en 2019. Una de las necesidades más escuchadas en las conversaciones cotidianas en los lugares de trabajo, así como también en las unidades básicas, es la necesidad de lograr la unidad de nuestra fuerza política. Para no caer en zonceras ni reparar en nombres y apellidos, desde GESTAR creemos necesario volver a las fuentes: la Doctrina Justicialista creada por nuestro conductor el General Juan Domingo Perón. ¿Qué nos decía quien fuera tres veces Presidente de la Nación sobre la Unidad del Movimiento Nacional Justicialista? ¿Es posible de alcanzar o sólo es una utopía?

No es para nada redundante enumerar inicialmente algunas de nuestras veinte verdades, enunciadas por Perón el 17 de Octubre de 1950, especialmente las referidas a la cohesión de nuestra fuerza política. Nuestra segunda verdad destaca la esencia popular del peronismo, haciendo hincapié en que “todo círculo político es antipopular y, por lo tanto, no es peronista”. La tercera verdad, por su parte, nos recalca que “el peronista trabaja para el movimiento”, y que “el que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo; lo es sólo de nombre”. Sobre el problema del individualismo, la séptima verdad nos resalta la importancia de que “ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser”, y que “cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca”. Quizás una de las más repetidas (100aunque no siempre la más puesta en práctica) sea la octava verdad peronista, que nos recalca que en nuestra escala de valores está “primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres”. Es para destacar también la novena verdad, que invita a dejar de lado los intereses sectoriales destacando que “la política no es para nosotros un fin, sino sólo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional”.

Otra obra fundamental que contiene lineamientos doctrinarios que nos pueden ser de utilidad para analizar la coyuntura actual es el Manual de Conducción Política, sin dudas una de sus obras más importantes. En ella, Perón destaca que el trabajo siempre puede suplir a la virtud de cada compañero con trabajo: “El que nace con suficiente Óleo Sagrado de Samuel, no necesita mucho para conducir; pero el que no nace con él, puede llegar a la misma altura por el trabajo”. El Movimiento no necesita sólo virtuosos, sino principalmente a los que trabajan.

Otro punto importante en términos teóricos generales es la necesidad de unificar la doctrina, también destacado en Conducción Política. A criterio de Perón, a lo largo de la historia las distintas doctrinas han ido sufriendo deformaciones con el paso del tiempo, producto en muchos casos, de su no unificación y estancamiento. La disgregación de las doctrinas genera dispersión en los grupos que las apoyan y terminan “por disociar a las comunidades que las practican”.  Es por ello que el General recalca la necesidad de “conseguir la unidad de doctrina, para que  un peronista en Jujuy y otro en Tierra del Fuego, con el mismo problema, intuitivamente estén inclinados a realizarlo de la misma manera, a través de la operación de cualquier inteligencia, que va desde la percepción al análisis, del análisis a la síntesis, de la síntesis a una resolución y de la resolución a la ejecución”. Resalta también la necesidad de tener una organización simple: “la primera regla de una organización debe ser la simplicidad.” Debemos aspirar a perfeccionar la organización, “a pesar de los defectos de los hombres”, ya que “cuando construimos una pared no nos fijamos de qué están hechos los ladrillos, y solamente vemos si la pared nos cubre y el techo nos abriga”.

La entrevista realizada a Perón en su residencia española de Puerta de Hierro por Fernando Solanas y Octavio Getino en el año 1971 es sin dudas una pieza que sirve de faro permanente para rescatar conceptos de suma utilidad.

Al preguntar Getino sobre qué significaba ser peronista en ese momento, Perón fue claro: “El Movimiento Peronista es de todos los que lo formamos y dependemos. Y allí radica el derecho que cada peronista tiene de sentir y de pensar para el beneficio común, como lo establece un viejo apotegma peronista: Que todos sean artífices del destino común, pero ninguno instrumento de la ambición de nadie. Los hombres que vengan al peronismo deben hacerlo con la voluntad decidida de poner todos los días algo de su parte para ennoblecerlo y dignificarlo”.

Todas éstas líneas podrían parecer verdades de perogrullo en otros momentos de la historia, pero no caben dudas de que estos conceptos doctrinarios han contribuido a la supervivencia de nuestro Movimiento Nacional Justicialista durante más de 70 años, por lo que nunca es redundante citar y compilar algunos de ellos. Llevarlos a la práctica en la cotidianidad debe ser nuestro compromiso permanente y es consustancial con nuestro objetivo de construir una patria donde sus hombres y mujeres alcancen la felicidad en su vida terrena y no en el paraíso.

Por Ignacio García Díaz

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