25 de mayo de 2022
Instituto Gestar

UNA PERONISTA LIBRE. ENTREVISTA A VERÓNICA TENAGLIA

Por: Pablo Touzon y Federico Zapata

Texto publicado originalmente en Panamá Revista

Las mejores ideas son aquellas que pueden encarnar, y ese fue –es- uno de los problemas principales del “peronismo protestante” de la última década. Ese peronismo que protestó contra la deriva política del último cristinismo, se ilusionó con la unidad del 2019 y hoy se debate entre el ser y la nada fue siempre algo así como “un personaje en busca de un autor”. Buscaba un liderazgo que lo conduzca, sí, pero también, y fundamentalmente, hombres y mujeres que lo encarnen. Que no sólo piensen así, sino que también sean así.

En este punto, nos interesó Verónica, su historia de vida y sus ideas, porque personifica algo que se perdió en este peronismo empalagado de nomenklatura. “Salir de pobre”, nos respondió cuando le preguntamos sobre sus intereses de chica y adolescente, una definición que no sólo habla de un origen sino también de una cosmovisión. Verónica no es pobrista porque fue pobre. Habiéndola experimentado, no cree que haya una virtud intrínseca en la pobreza, si en el esfuerzo y mérito que conlleva superarla.

Es, en este sentido, una rara avis. La discusión acerca del “mérito” entre macristas y kirchneristas termina siendo como una discusión sobre sexo en el Vaticano: una polémica sobre algo que en realidad no se ejerce ni se conoce. La historia de vida de Verónica expresa una singularidad posible: una “meritócrata” en serio y en los hechos, que se abrió paso desde lo más profundo de la pobreza rural –la periferia de la periferia- hasta convertirse en una jugadora de la economía del conocimiento. De Saladillo al Distrito Tecnológico, su historia es el recordatorio vivo del aspiracional que constituyó la Argentina, hoy en crisis profunda. Y un intento de síntesis entre universos que hoy parecen opuestos, la  economía del conocimiento, el campo, la empresa y el peronismo, el mundo agrícola y la ciudad.

Fuiste campesina y después gerente en una multinacional. Fundaste tu empresa de base tecnológica. Explícanos por qué te metiste en política. Y porqué en el peronismo

Yo creo que, de alguna manera, siempre hice política. El problema es que en Argentina parece que para hacer política tenés que tener un cargo. El mensaje de Milei es efectivo, porque hay un punto en el que tiene razón: la idea de casta. Me parece muy cuestionable que en la política argentina existan dirigentes que no se retiran. No me parece normal. Uno siempre tiene tiempos. Hay una agenda, hay una vida por fuera de la política. Si no te podés ir de la política, tener una vida familiar, descansar, hacer una empresa, hay algo patológico. Uno puede estar siempre comprometido con su sociedad, y está perfecto, pero eso no puede ser sinónimo de estar siempre en un cargo. Como si por el solo hecho de formar parte de una “casta”, se generar un derecho a pertenecer de forma vitalicia, incluso con herederos de ese derecho. Elegí dejar de quejarme y meterme. Dar una disputa por la renovación en todos los frentes que me toquen. Traer ideas nuevas. Soy emprendedora PYME, de la economía del conocimiento, conozco los problemas que tenemos, puedo aportar una perspectiva real.

Y en cuanto al peronismo… Mi abuelo era peronista, soy peronista por él. También por nuestro origen. Si bien hoy soy una empresaria tecnológica, en el fondo nunca dejaré de ser una campesina. Los Tenaglia somos colonos, chacareros radicados en Saladillo. Mi abuelo me explicaba que no nos quedaba otra que ser peronista por nuestro origen de humildes. En los pueblos, los radicales eran los laburantes de cuello blanco. Mi abuelo tenía segundo grado. Milité con mi abuelo a los 10 años por Luder. El abuelo estaba obsesionado con la defensa de los productores y su tierra. Soñaba con un campo para los que trabajan. Le decían “Pucho” Tenaglia. En el año 92, empecé a militar en la juventud peronista, en la facultad de ciencias económicas de la UBA. Mi abuelo falleció en el 93. En el año 95 voté a Menem, en el 99 a Duhalde y en el 2003 a Kirchner. Yo ya estaba muy abocada a mi carrera empresarial, creciendo, pero nunca dejé esa parte de mi vida que me conectaba con mi abuelo. Como dice el poema de Tejada Gómez, uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. En 2008, me afilié al PJ vía UPCN.

Más allá de la relación casi existencial y personal que nos narrás, ¿considerás que el peronismo tiene algo que aportar al futuro de la Argentina?

Sigo siendo peronista porque sigo considerando que, para avanzar en un modelo de desarrollo, son centrales tanto los trabajadores como los empresarios. Y creo que, en los sectores en dónde hemos tenido empresarios nacionales exitosos, los trabajadores organizados han cumplido un rol central. No hay contradicción entre capital y trabajo, cuando funciona, es porque ambas dimensiones actúan en conjunto y en forma cooperativa. Además, Argentina necesita modernizar su Estado, pero necesita un Estado. Que brinde educación pública de calidad, salud, e infraestructura. Sostengo lo público en primera persona. Viniendo de una familia pobre del campo, logré tener un título en la universidad. ¿Cómo no lo voy a defender? Mi trayectoria no es excepcional, la clase media argentina se construyó sobre la infraestructura que brindaron los servicios públicos de calidad.

Fuiste electa comunera en 2019. ¿Qué balance haces de tu experiencia política en estos años?

Soy muy crítica. La política no me ha parecido seria. Vi mucha falta de rigor. No existen criterios de validación social. Me gusta formar equipos, pero terminó siendo una jugadora solitaria, porque en Argentina la política solo te acepta si te desdibujas. Creo es una lógica que hay modificar radicalmente. No soy una especialista en temas institucionales, pero los que, sí lo son, deberían proponer incentivos para que en la política se premie la performance, la eficiencia y el ascenso sobre la base del mérito. Sin ese cambio, seguramente seguiremos teniendo una clase política por debajo de las expectativas y desafíos de nuestra sociedad.

En concreto, ¿qué propondrías para que en la política existan incentivos para la oxigenación de las dirigencias y la rotación?

Me parece deberían existir limitaciones a la cantidad de veces que se puede ejercer un cargo. Un funcionario, en el transcurso de su vida, puede ser 1 o 2 veces diputado, 1 o 2 veces senador, 1 o 2 veces presidente. Supongamos que como sociedad fijamos esa periodicidad. Ahora bien, sería positivo si la posibilidad de reelección implica que los mandatos no puedan ser consecutivos. Para que los dirigentes experimenten la sociedad. Busquen un trabajo. Creen una empresa. Inviertan y creen trabajo. Creo que esa dinámica, las limitaciones en la cantidad de ejercicios posibles y la prohibición de ejercer esos mandatos en forma consecutiva, acercaría mucho la política a la sociedad.

¿Cuál es tu balance del Frente de Todos?

El Frente de todos nació con una propuesta inclusiva de cara a la sociedad, pero hoy se encuentra en monólogo consigo mismo. Incumplimos nuestra propuesta más básica: volver mejores. Confié en ese mandato originario, sin cinismo, porque entendí que implicaba un proceso de renovación política, no solo de dirigentes, sino también de ideas, en el peronismo. Lamentablemente eso no sucedió, la gente lo interpretó así y por eso perdimos las elecciones el año pasado. Tan sencillo como eso. Tirarse culpas entre dirigentes a ver “de quién es la mayor responsabilidad” es infantil: creo que en ese divorcio con la ciudadanía es responsable un poco toda la dirigencia del FDT actual, y que ese es nuestro principal desafío. Poder renovarnos sin romper ni el gobierno ni la unidad. Básicamente, lo contrario de lo que estamos haciendo.

¿Qué pensás del kirchnerismo?

El kirchnerismo , sobre todo a partir de Cristina, tiene un gerenciador cada vez más excluyente, llamado la Cámpora, que pretende administrar el peronismo sin libertad de pensamiento y acción. Cuando no hay libertad de pensamiento y acción, se termina la política.

¿Cómo ves tu distrito? la Ciudad de Buenos Aires.

La Ciudad de Buenos Aires está gobernada por el PRO desde hace 15 años de manera hegemónica, menos por las virtudes de su modelo urbano y de desarrollo que por la falta de alternativas de una oposición sin ideas ni propuestas. La situación política de la Ciudad es la de una casta invisible que vive de los fondos del Estado porteño y que hace rato dejo de pensar en serio la Ciudad. Todo se reparte y todo se transa: en la legislatura, en las comunas, en los barrios, en un sistema cuyo epicentro es la sede del Gobierno en Uspallata. La oposición real no existe: en el fondo son todos socios. El Partido de la Ciudad se utiliza más como caja de campañas presidenciales permanentes antes que para cambiarle la vida a los vecinos de la Ciudad.

¿Ó sea que considerás que el problema no es solo del PRO, sino también de la oposición y del peronismo de la Ciudad?

Sin dudas. En estos años conocí una militancia muy valiosa. El peronismo de la ciudad tiene todavía un reservorio de gente joven que se acerca, con ideas nuevas. Esa experiencia es la que me da energías para no bajar los brazos y seguir dando la pelea. Pero la dirigencia es conservadora. Hace de la derrota electoral el “negocio de salir segundo”. Una Ciudad nueva necesita una dirigencia nueva. Y esto es transversal a todo el sistema político de la CABA.

Para terminar. Hablamos de la economía del conocimiento, el sector del que provenís. ¿Por qué es importante?

Básicamente, porque tenemos la oportunidad de crecer mucho en poco tiempo. En concreto, la economía del conocimiento nos permitiría en pocos años, multiplicar la cantidad de nuevas empresas. En paralelo, esas empresas que pueden nacer estarían fuertemente focalizadas en exportar. Dato no menor para una economía con problemas crónicos de balanza comercial. Y finalmente, la economía del conocimiento es el sector que más empleos registrados ha generado en los últimos años, incluso operando en forma contracíclicla. Por ejemplo, en la pandemia, el comercio electrónico y la digitalización, evitó que muchos comercios tuvieran que cerrar. Pensemos en uno de nuestros unicornios: Mercado Libre. Durante la pandemia, sumó 4.100 nuevas PYMES al comercio electrónico. 1 de cada 8 de esas PYMES fueron nuevos emprendimientos y 8 de cada 10 PYMES consideraron que no podrían haber seguido operando sin Mercado Libre en ese contexto. No es magia, es la revolución de la economía del conocimiento.

Entendemos el punto. ¿Pero qué más podría hacer el Estado Argentino para potenciar un sector tan dinámico?

Se viene avanzando mucho. Pero es preciso que todo el Estado asuma el desafío en conjunto, como un sistema. No va a alcanzar con los regímenes de promoción, que por supuesto son muy relevantes y han ayudado mucho. Necesitamos un sistema educativo que acompañe, un sistema administrativo que facilite la creación de empresas, e incentivos para que la radicación de nuevas empresas se de en ciudades a lo largo y ancho del país. La Argentina debe ser una gran incubadora y desarrolladora de nuevas empresas de la mano de la Economía del conocimiento.

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