25 de agosto de 2017
Instituto Gestar

Vicente Leónidas Saadi y la mal entendida picardía política

En 1946 la fórmula Perón-Quijano ganó las elecciones con el 55% de los votos. En la gráfica, se observa a un joven Vicente Saadi acompañando al electo presidente Perón, en los momentos previos a su asunción como Jefe de Estado en junio de ese año.

La dinastía de los Saadi en Catamarca tuvo su origen en don Vicente. Cuando era un párvulo adhirió al radicalismo, pero con la irrupción del peronismo se convierte en uno de los fundadores del Partido Laborista primero y del Partido justicialista más tarde. En 1947 se avecinaban elecciones en la provincia para elegir senadores y diputados nacionales. Todavía seguía vigente el Partido Laboralista, herramienta electoral con la que Perón había triunfado en las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946.

Los principales referentes del protoperonismo catamarqueño eran los dirigentes Pacífico Rodríguez, León Córdoba y Casas Nóblegas.

El joven Saadi había hecho lo imposible por figurar en algún cargo electivo pero su esfuerzo resultó infructuoso.

Pocos días antes del cierre de listas, el gobernador Pacífico Rodríguez recibió un llamado del mismísimo Perón quien le preguntó qué pasaba con la elección del candidato a Senador Nacional. Tras salir de su inicial asombro, Rodríguez le respondió que todavía no estaba resuelto el tema pero que en breve estaría el nombre y se lo harían saber. Perón endureciendo su tono de voz, según el recuerdo de don Pacífico, le respondió que el problema no era el tiempo sino el candidato. Rodríguez comenzó a incomodarse pues le parecía inaudito que el presidente se inmiscuyera en un tema que era de estricta incumbencia provincial. Según Rodríguez, el General le dijo: “ustedes cuentan con un joven político lleno de condiciones que me parece que están a punto de desaprovechar. En el país soplan nuevos vientos; está cambiando el modo de hacer política y el modo de entender las cuestiones públicas y en ese sentido Saadi es el hombre indicado para representar en el Senado de la Nación a una provincia tan castigada y tan sufrida…”.

Rodríguez no pensaba pelearse con Perón por esta cuestión, pero ensayó una última defensa: “No es que nosotros no hayamos valorado acabadamente las virtudes del joven Saadi, pero, nos pareció… ¿Cómo podría decirle? Pensamos que acaso por la inexperiencia de él, usted mismo rechazaría tal propuesta”.

Perón le respondió que bien mirado el asunto él mismo tenía pocos antecedentes políticos así que ese no podía ser un impedimento.

El caso es que finalmente Rodríguez accedió y maniobró para que se concretara la nominación de Saadi como senador. Mucho le costó vencer las resistencias de la militancia y de los demás dirigentes que ya veían a Saadi como un dirigente demasiado ambicioso y personalista.

Unas semanas más tarde, cuando ya Saadi había asumido su banca de Senador Nacional, Rodríguez se encontró personalmente con Perón y aprovechó para preguntarle si estaba conforme con el resultado de su pedido, ya que en menos de un día había cumplido con imponer la designación del chango Saadi como senador. Perón lo miró sorprendido pues no sabía de qué le hablaba y cuando así se lo expresó un frío recorrió la nuca del gobernador catamarqueño. Obviamente no hacía falta agregar nada pues los dos se dieron cuenta de inmediato lo que había pasado.

Perón se quedó muy caliente y mandó investigar cómo habían sucedido los hechos. Resultó que un tal Díaz Gurguignon, secretario privado de Saadi y buen imitador de voces (100especialmente la de Perón), había sido el autor del llamado telefónico.

Era imposible legalmente anular la designación de Saadi pero además era inconveniente hacer público lo ocurrido por el ridículo en que caería el gobernador en su provincia, eso sin contar el descrédito que pesaría sobre el mismo peronismo.

A partir de entonces, Perón lo tuvo entre ceja y ceja al piola de Saadi, como él mismo lo calificaba.

Mientras tanto, Rodríguez, quien no contaba con mayoría propia en la legislatura provincial comienza a ser hostigado por la facción que respondía a Saadi. A tal punto llegaron las hostilidades que finalmente la provincia fue intervenida brevemente y se colocó en funciones al vicegobernador León Córdoba. Sin embargo, Saadi continuó su beligerancia y esto provocó graves choques entre los dos grupos internos generándose una situación de inestabilidad institucional que llevó a una nueva intervención en enero de 1948.

En junio de 1949 se realizan elecciones para normalizar la provincia y es electo gobernador Vicente Saadi, en medio de un escándalo mayúsculo por acusaciones de fraude en su contra. A poco de iniciada su gobernación comenzó una dura persecución política contra sus adversarios internos y externos y de a poco la provincia se fue incendiando. Finalmente, Perón, cansado de tanto desatino, firmó el decreto de intervención federal el 21 de noviembre de 1949 argumentando que "reina en Catamarca un crudo nepotismo y se vive un clima de persecución y negación de los derechos fundamentales". Saadi, aprovechando que tenía mayoría en la legislatura provincial, se hizo elegir nuevamente Senador Nacional -la elección era indirecta y quedaba en manos de la legislatura provincial-, cargo al que había renunciado unos meses antes para asumir como gobernador. Finalmente, harto de las constantes maniobras de Saadi, Perón aprobó que fuera arrestado por desacato y finalmente fue encarcelado por tres años, además de ser expulsado del partido.

9 de abril de 1988. Reunión de gobernadores con motivo de una cumbre sobre la Promoción Industrial. Vicente Saadi, del brazo del mandatario de San Juan, Gómez Centurión, y de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá.

Saadi tuvo que esperar a que muriera el General Perón para tener alguna relevancia política en el orden nacional. Lo cierto es que este dirigente fue la encarnación de un estilo amañado que priorizaba el interés individual propio de los círculos cerrados, la antítesis del modelo que siempre promovió el fundador de nuestro movimiento.

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